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Don Jesús Morán García

Don Jesús Morán García
 
El pasado lunes 15 fue un día de emociones indescriptibles para el que escribe. Ver otra vez a personajes que en mi vida han significado la conformación de mi identidad cuernavaquense y fortalecido mi sentido de pertenencia en esta tierra fue maravilloso, como mi querido profesor Antonio León Mora del Castillo, don Carlos Tenorio, don Sergio Figueroa Campos, y traer al recuerdo al excelente trompetista Richard Calderón, de la pléyade de grandes músicos como don Clemente Ojeda, Vicente Suazo y Paco Becerra. Pero mi corazón se conmovió hasta las lágrimas cuando apareció en escena don Chucho Morán, con sus 101 años de edad, y pronunció quizá el más hermoso discurso que he escuchado en mis 63 años de existencia. Y por supuesto, va la crónica de este grandioso ser humano... De pronto el crucero del  boulevard Juárez y la calle de Abasolo se convertía en uno de los más populares de Cuauhnáhuac, y los domingos, en todo ese espacio urbano había fiesta y romería. En una esquina, la excepcional “Arena Isabel” y sus funciones de lucha libre, que incluyeran en su cartelera a ídolos nacionales como “El Santo” y “Lizmark”, hasta nuestros excepcionales héroes estatales, “Apolo Curiel”, “La Araña de Morelos” y “Ráfaga Moreno”. Y en la esquina de enfrente, la “Nevería Virginia”, con sus incomparables nieves de elote, aguacate, zapote y arroz, fórmulas únicas de don Jesús Morán García, resultado de las enseñanzas que aquella mujer inglesa en Pachuca, su tierra natal, le diese sobre la preparación de helados finos, y que hacían que miles de turistas de todas partes de la república y del mundo hicieran fila para adquirir y saborear dichos manjares. Pero para llegar a aquel momento en que se instalaran en ese local con ventanas arqueadas en la parte superior, con más fachada de vecindad que de comercio, tuvieron que pasar muchos ciclos y muchas vicisitudes. De aquel hombre que la vida le obligara a realizar labores de pastor, barretero, arriero, machetero y ayudante de panadero, al próspero y triunfador empresario fundador de una de las más importantes industrias heladeras del país, habría que narrar muchas anécdotas tristes y alegres que en balance cruel el destino nos obliga. Amigo de años del mayor de sus hijos varones, compartí con él momentos inolvidables, como cuando éramos convidados por doña Virginia, compañera de siempre de don Chucho, a compartir el pan y la sal en la vivienda de aquel vetusto edificio de la bajada de Abasolo, saboreando con el hambre de la necesidad de estudiantes los exquisitos guisados de aquella noble y gran señora. Innumerables artículos se han escrito respecto a esta grata golosina, postre o batido. La realidad es que don Jesús Morán García y doña Virginia Reyes Carranza constituyeron en Cuauhnáhuac una hermosa tradición para todos los visitantes a esta bella ciudad, mundialmente conocida como de la “Eterna Primavera”: saborear sus ricos y deliciosos helados naturales. Doña Virginia nació en una hermosa comunidad del municipio de Tlalchapa, Guerrero, hoy conocido como Villa Madero, y Don Jesús vino de un paraje de Real del Monte, estado de Hidalgo, arribando a esta capital en las décadas de los treintas y cuarentas, donde conociéndose decidieron unir sus vidas y concebir a su familia, de la que siempre se sintieron orgullosos. A 52 años de distancia, recuerdo perfectamente que asistíamos al Jardín de los Héroes, frente a Palacio de Gobierno, donde se ubicaba la “Fuente del León”, ya que alrededor de ella se instalaban vendedores de alimentos y bebidas de todo tipo, como doña Félix, madre de Gabino Valencia, con sus famosos tacos acorazados; la señora Aguirre y sus enchiladas verdes, rociadas con lechuga y queso añejo; doña Chole con sus pepitas, cacahuates, habas, garbanzos, chito y patas de pollo, y por supuesto, la pareja amable y simpática de don Jesús y doña Virginia, con su enorme bidón de madera en cuyo interior, entre hielo finamente picado, estaban los botes de lámina sudando por el frío, conteniendo los más exquisitos y sabrosos helados que he probado en mi vida. La positiva ambición de poseer un local donde despachar su producto sin andar bajo los rayos del sol hicieron que don Jesús, en 1956, consiguiera el local de boulevard Juárez, allí en el edificio cercano a la clínica de siempre del Seguro Social, siendo en aquel entonces una vecindad. Muchas ocasiones fui también hasta el portón de aquella casona donde instaló su puesto, a deleitarme con sus nieves durante cinco años, viéndolo crecer paulatinamente, merced al esfuerzo y tesón de toda la familia, que tuvo como resultado la construcción del actual local, unas mesas con bancos y tres enormes frigoríficos. Si vienes a Cuernavaca y no pruebas sus helados, ¡no conoces Cuernavaca!, frase acuñada en yunque de voluntad por la familia Morán Reyes, quienes actualmente atienden y administran la organización “Helados Virginia”, consolidada y posicionada en el mercado nacional. -¿Quién es?- le pregunte a Ramón, acerca del hombre de mediana estatura y finamente vestido que entraba a la nevería, seguido de cientos de personas que seguramente lo admiraban. -¡Es Cantinflas!- contesto mi carnaval, también impresionado. -¿Quién es doña Viki?- preguntó seguro de sí el artista. -¡Su servidora, Virginia Reyes de Morán!- contestó con amabilidad la señora. -Mire qué casualidad, a lo mejor somos parientes, porque yo soy Mario Moreno Reyes- comentó intrigado el comediante. -En lo que sí y que no ¿de qué le doy?- interrogó la noble dama. -¿Cuál me recomienda, doña Viki?- cuestionó ya en confianza el que filmara “Ahí está el detalle”. -¡La de elote!, cuál más- ratificó doña Virginia, soltando una carcajada.