Siguenos en
    Redes Sociales

Después de la carrera

Se entiende por trabajo digno o decente aquél en que se respeta plenamente la dignidad humana del trabajador; no existe la discriminación por origen étnico o nacional, género, edad, discapacidad, condición social, condiciones de salud, religión, opiniones, preferencias sexuales o estado civil; se tiene acceso a la seguridad social y se percibe un salario remunerador; se recibe capacitación continua para el incremento de la productividad y del bienestar del trabajador y se cuenta con condiciones óptimas de seguridad e higiene para prevenir riesgos de trabajo. El trabajo digno o decente también  incluye el respeto irrestricto a los derechos colectivos de los trabajadores, tales como la libertad de asociación, autonomía, derecho de huelga y de contratación colectiva. Estas palabras son el preámbulo del documento titulado “Proyecto decreto que reforma, adiciona y deroga diversas disposiciones de la Ley Federal del Trabajo” y nos sirven para asegurar que ni antes ni después de la reforma los trabajadores son tratados dignamente… la muestra el incremento salarial de dos pesos al año que, en el caso de Morelos, apenas alcanzaron para pagar el aumento de un pasaje de ida al trabajo pues el de regreso  tiene que salir del incremento del año pasado, y a nuestros gobernantes, sean del partido que sean, no les importa que la fuerza laboral viva condiciones precarias. Ellos tienen dinero para aguantar el alza de precios, la recesión y más.
“El trabajo es un derecho y un deber sociales. No es artículo de comercio”, precisa el controvertido texto que tiene temblando a todos los trabajadores de la iniciativa privada del país. Pero como dicen que las palabras se las lleva el viento y, en el caso se nuestras leyes, aun cuando están impresas, el viento se lleva cada una de ellas tan alto que ningún mortal ciudadano de escasos recursos puede alcanzarlas. Vemos que el Artículo 39.A de la reforma dice: “En las relaciones de trabajo por tiempo indeterminado o cuando excedan de ciento ochenta días, podrá establecerse un periodo a prueba el cual no podrá exceder de treinta días, con el único fin de verificar que el trabajador cumple con los requisitos y conocimientos necesarios para desarrollar el trabajo que se solicita”. El periodo de prueba podrá extenderse hasta ciento ochenta días “sólo cuando se trate de trabajadores para puestos de dirección, gerenciales, y demás personas que ejerzan funciones de dirección o administración en la empresa o establecimiento de carácter general o para desempeñar labores que requieran conocimientos profesionales especializados”. Sabemos que la mayoría de las empresas realizan exámenes a las personas con puestos especializados, mismos que sirven para comprobar la capacidad de quien obtiene el puesto, entonces el artículo en cuestión sólo sirve para que el patrón tenga trabajando durante seis meses a un profesionista y luego lo pueda votar sin darle sus respectivos tres meses de indemnización. Precisa la reforma que los periodos de capacitación y a prueba son improrrogables. La única empresa que no hace exámenes a sus trabajadores es la de los ciudadanos mexicanos que acepta como aspirantes a puestos de elección a personas sin estudios especializados, tampoco los pone a prueba y los despide si no saben ejercer sus funciones; eso sí,  les pagan salarios elevadísimos para que éstos creen leyes que no permiten a los ciudadanos tener una vida digna y decorosa. Aunque tenemos la esperanza de que, si la Ley Federal del Trabajo establece que la misma rige las relaciones laborales de los trabajadores al servicio del Estado, la reforma laboral aplique también para ellos. Perdón, ciudadana al fin, me dejé llevar y quise compartir uno de los sueños guajiros que tenemos todos los mexicanos.

helenacardenas@hotmail.com