Diario de Morelos
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Desaparece parte del patrimonio histórico

El extraordinario edificio colonial de la estación de ferrocarril de Cuernavaca se quemó este fin de semana, debido al abandono y al descuido en el que las autoridades lo han dejado. Ayuntamiento, Gobierno del Estado e Instituto Nacional de Antropología e Historia son los responsables de esta pérdida.
La historia del ferrocarril de Cuernavaca nos la señala el Cronista Valentín López González en su libro "Cuernavaca,  visión retrospectiva de una ciudad":
“Su historia se inicia en 1861, año en que se dio una concesión a Don Antonio Escandón para construir un camino de fierro desde el Puerto de Veracruz hasta Acapulco. El camino de Veracruz se llevó a efecto, pero la ruta de Acapulco no se construyó. Don Carlos Cuaglia, Gobernador del Estado, en su Informe de 1882 dice que era un hecho que el Ferrocarril entre México y Acapulco se desarrollaría por Cuernavaca. Así el Gobierno del Estado solicitó a la Secretaría de Fomento la modificación del contrato que se firmó el 16 de abril de 1878, en el que se comprometía a construir el tramo de la vía a Amacuzac, puesto que lo iba a construir el concesionario de la vía de Acapulco. En 1886 existía una concesión para construir el ferrocarril denominada “Ferrocarril Mexicano del Pacífico”, entre la ciudad de México, pasando por Cuernavaca y Puente de Ixtla, hasta un punto del Pacífico entre Acapulco y Manzanillo. Este contrato se firmó entre el Ministerio de Fomento y el señor Augusto Verger; desgraciadamente no pudieron realizar la obra, y el 30 de mayo de 1890 se otorgó concesión a un empresario americano. Las cláusulas del contrato se modificaron en 1891, y el 30 de enero de 1893 se traspasó dicha concesión, que sufrió varias reformas en meses subsiguientes, hasta que en definitiva quedó consolidado el 18 de marzo de 1897, siendo Acapulco la terminación de la vía.
"En 1892 se dio principio a la construcción, terminándose en 1897 el primer tramo a Tacubaya; luego se inauguró hasta Contreras, después a Tres Marías, y finalmente, a Cuernavaca.
"El Presidente y Administrador de la Compañía que construyó el ferrocarril fue el señor J.H. Thompson, quien había construido el Ferrocarril Nacional Mexicano y el Central Mexicano, desde El Paso, Texas, hasta la Ciudad de México.
"El material rodante para la vía fue comprado en los Estados Unidos; los planchuelas, los clavos y los rieles y demás accesorios fueron traídos de Inglaterra; los durmientes fueron fabricados de los árboles de los montes vecinos que explotaba Don Ramón Oliveros. La cantidad de trabajadores fue hasta de 3,000 hombres cuando la construcción estuvo en su apogeo, y la totalidad del costo de la vía fue de 6 millones de pesos. Las estaciones de tránsito las establecieron en Santa Julia, Tacubaya, Mixcoac, El Olivar, Contreras, Eslava, Ajusco, La Cima, Tres Marías, El Parque y Alarcón. Los puntos extremos eran México y Cuernavaca. La primera máquina llegó a Cuernavaca el primero de diciembre de 1897. El Gobierno del Estado subsidió a la compañía constructora  del ferrocarril con 2 mil pesos por kilómetro, por lo que tuvo que emitir bonos para el pago de ese adeudo, garantizados por los Decretos del 20, 23, 24 de abril y 29 de mayo de 1894. Se emitieron 182 bonos de 1,000 pesos, con 40 cupones de a 30 pesos, y pagaron intereses del 6 por ciento anual durante 20 años. Esta subvención correspondió a 54 kilómetros de vía construidos dentro del territorio de Morelos; además, el municipio de Cuernavaca cedió una extensión de terreno de 232 mil 943 metros cuadrados para la estación del ferrocarril y el patio descarrilador; para formar ese terreno se expropiaron a 13 propietarios que hubo necesidad de indemnizar.
"El Presidente de la República, don Porfirio Díaz, asistió a la inauguración del ferrocarril el 11 de diciembre de 1897. Ese día se le dio un banquete al Presidente en el Jardín Borda, y un suntuoso baile en el Teatro Porfirio Díaz (hoy Teatro Morelos). También inauguró los trabajos de la Calzada Leandro Valle. Don Porfirio Díaz, en ese viaje, estrenó dos carros vestíbulos que habían sido construidos expresamente para él en los Estados Unidos. La velocidad de los trenes  de pasajeros era de 2 kilómetros cada 3 minutos, o sea, 40 km por hora. De inmediato se estableció el tráfico de carga y pasaje. El gobierno había autorizado, el primero de noviembre, las tarifas de pasaje y carga.
"En el mismo año de 1897, al establecerse la estación del ferrocarril en un lugar apartado de la ciudad, fue necesario prolongar el camino que existía para comunicarla con el barrio de “Gualupita”; se amplió y se reparó en 2 kilómetros. Estos trabajos fueron acelerados para dejarlos terminados en el mes de diciembre, que fue señalado para la inauguración. El Gobierno del Gral. Manuel Alarcón puso en condiciones a la ciudad de recibir a los acompañantes del Presidente, y así hubo que arreglar las calles, de las que se empedraron 24 mil 696 metros cuadrados y 4 mil 78 metros cuadrados de nuevas banquetas; se alinearon las casas y el día de la inauguración estaban ya terminadas. Para estas obras, el Gobierno del Estado solicitó $40,000.00 al Banco de Londres y México, los que fueron pagados en abonos hasta el año 1901.
"Don Porfirio Díaz, el día de la inauguración, en su discurso dijo: 'Ahora es cuando entrará el Estado de Morelos en la vía franca del progreso, en el período más importante de su vida comercial y agrícola; con la inauguración del camino fierro que va al Pacífico, se ofrece facilidad para la circulación de sus productos'. El Ferrocarril Mexicano se encargó de hacer la primera promoción turística y tenía la enorme ventaja de proveer a sus clientes de hoteles ambulantes, pues en los pullmans se comía y dormía, ofreciendo a los americanos bastantes seguridades, pues hasta el cocinero era americano. Si Cuernavaca, desde 1880, hubiera tenido ferrocarril, su progreso hubiera sido más rápido y las visitas de grupos turísticos hubieran empezado antes, pues de los miles de turistas que visitaron la ciudad de México, pocos fueron los que resistieron la tentación de hacer un viaje a Cuernavaca”.
Así, todo lo poco que nos queda de patrimonio histórico se encuentra en el abandono; podemos ver una de las casas más bellas de Cuernavaca, que fue el hotel Palacio, colgando calzones y ropa corriente; ya se rompió parte de la hermosa puerta y el dosel, el único en la ciudad que representa el Art Nouveau, cubierto por tejas de vinil, pues el vidrio se rompió, en lugar de repararlo, porque la verdad es que a nadie le importa, ni en el ayuntamiento ni en el gobierno.
Si será el colmo, somos el único lugar del mundo  donde el bungalow donde pasaron su luna de miel dos de los iconos más importantes de la pintura mexicana, como lo son Diego Rivera y Frida Kahlo, está convertido en estacionamiento.
Así siguen nuestras autoridades acabando con nuestro patrimonio histórico, sin que nada ni nadie diga nada. Qué poca responsabilidad la nuestra, como ciudadanos. ¿No cree usted?
 
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