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Derechos Humanos al padre Solalinde

Después de haber visto en los amplios reportajes que se han hecho sobre la odisea por la que atraviesan los migrantes a su paso por México a lomo del tren llamado “la bestia”; después de saber el trato inhumano que se les da a esos hombres, mujeres, niños y niñas que migran de sus lugares de origen tratando de llegar a ese miraje que significa Estados Unidos ilusionados con encontrar otra forma de subsistencia; después de saber que muchos, muchísimo de ellos son diseminados en su trayecto no sólo por las bandas criminales, sino por nuestras autoridades migratorias, que llegan a robarlos, vejarlos, encerrarlos en mazmorras inmundas; después de saber que hay migrantes en calidad de desconocidos en las múltiples fosas que se han descubierto –más las que falten por descubrir— a lo largo de caminos que llevan al norte…
Después de saber eso, lo menos que podía hacerse, era congratularse porque al presbítero Alejandro Solalinde, se le entregara el Premio Nacional de los Derechos Humanos, por ser de los pocos que han realizado un trabajo humanitario con los migrantes, quienes le reconocen la defensa que el padre hizo a lo largo de los últimos tres decenios coadyuvándolos en la presentación de más de 200 denuncias cuando han sido objeto de actos que ameritan penalizarse. Y la solidaridad de un lugar donde comer y beber, o descansar, a partir de 2007, en el albergue “Hermanos en el Camino” que el propio Solalinde fundó en Ixtepec, Oaxaca… Ese espacio en el que se les proporciona alimento, posada, atención médica, apoyo sicológico y orientación jurídica a las personas migrantes que provienen principalmente de Centro y Sudamérica y que transitan por nuestro país desde las fronteras del sur de México… Gente que ha encontrado a un defensor en el padre Solalinde, porque los migrantes, por si no tuvieran bastante con el viacrucis que viven, suelen ser víctimas de homicidio, robo, secuestro, asalto, extorsión, violación, pero por su calidad de extranjeros, la mayoría de las veces indocumentados, no se atreven a denunciar todo eso ante las autoridades, aunque si denuncian les puede ir peor…
Originario del Estado de México, Alejandro Solalinde llegó a Oaxaca como misionero a principios de los años 80 y desde entonces empezó esa labor humanitaria en defensa de los migrantes indocumentados que se transportaban en “lomos” del reconocido tren que los va llevando a lo largo de México, no sin peripecias de cualquier naturaleza… Mismas peripecias por la que atravesó el padre Solalinde, para quien la constante fueron las amenazas recibidas por los grupos criminales que lucran con los negocios clandestinos que giran en torno al tráfico de personas, armas, órganos, drogas. Pero al decir del propio padre Solalinde, no sólo los grupos criminales profirieron amenazas en su contra, sino –así lo dijo él en una reciente entrevista a los medios— el ex gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, fue de los que más pugnaron para que se alejara del estado, porque le “incomodaban” las muchas acusaciones que Solalinde hacía en contra de la “represión” que ejercía el gobernador en contra de los migrantes… A tal punto llegaron las amenazas que Solalinde a fines de mayo pasado, se vio en la necesidad de abandonar el país durante dos meses, al cabo de los cuales regresó a Oaxaca, para seguir coordinando la labor humanitaria en el albergue “Hermanos en el Camino” y cumplir con su misión de ofrecer un lugar seguro para los migrantes…
No es la primera vez que al padre Solalinde se le reconoce con alguna mención importante. El año pasado se hizo acreedor a la medalla  Emilio Krieger, que entrega la Asociación Nacional de Abogados Democráticos (ABAD), el premio “Paz y Democracia” y el Premio Pagés Llergo de Democracia y Derechos Humanos… Y ayer, en Los Pinos el Presidente Enrique Peña Nieto le entregó a Alejandro Solalinde el premio Nacional de Derechos Humanos, coincidiendo con el día en que se celebran internacionalmente los Derechos Humanos.
Por eso, por el alto contenido humanitario, qué bueno que la labor de Solalinde obtuvo el reconocimiento. “México está pasando por un momento difícil. Es el momento de escuchar a los que están sufriendo”… dijo Solalinde al recibir de manos del presidente Peña Nieto el premio. Y habló de la necesidad de que se haga promoción al respeto a los derechos humanos, y subrayó que “sobre todo los que tienen el servicio de autoridad deben escuchar a sus subalternos”, porque en muchas ocasiones son las propias autoridades las que menos respeto tienen por los derechos humanos. “Necesitamos ver de otra manera los problemas, dejar de ver a los partidos, a las iglesias y a las personas de manera aislada. Necesitamos crear sinergia y sólo así podremos salir adelante”, dijo Solalinde, quien durante su discurso de agradecimiento por haberle asignado el premio, propuso también un esquema de gobierno que esté cercano a la gente y sin miedo a la disidencia. Por supuesto que señaló que el estilo de gobierno tiene que llamar a la “integración” y señaló específicamente a la integración de las mujeres a las soluciones del país.
Y el presidente Peña Nieto, al reconocer el trabajo de este hombre admirable, admitió que “México tiene la obligación de erradicar la discriminación”, además de que admitió que “con cada violación a los derechos humanos se nota la ausencia del Estado”, por lo que se requiere, dijo el presidente, “fortalecer su capacidad para responder a las necesidades de la población”. Y adelantó que “se hará un esfuerzo para poner al día el marco legal y así poder apoyar la defensa de los derechos humanos”… Hasta el jueves.