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Degustación de vinos, antes del fin del mundo

Para aquellos principiantes en el tema del vino -como la autora de estas líneas- la compra de un vino desconocido significa abrir una caja de sorpresas, porque no sabemos qué encontraremos al abrirlo.
Muchas veces me he sorprendido a mí misma en el supermercado, de pie, mirando con detenimiento la amplia variedad de vinos que se exhibe en el los estantes, sin tener la certeza de cuál será la mejor elección de compra o cuál es la diferencia entre ellos, además del precio. El mundo del vino es apasionante. No solo porque esta bebida suele acompañar algunos de los momentos más placenteros de la vida, como las celebraciones especiales, las reuniones de amigas o la cena de navidad. Sino porque en el camino del aprendizaje sobre los diferentes tipos de vino uno puede conocer a gente muy interesante, de ámbitos distintos a los que habitualmente se frecuentan.
El pasado fin de semana acudí a una degustación de vinos franceses, aquí en Cuernavaca. Se trata de “Vinos de autores” que son traídos desde Francia a la ciudad, por personas que se dedican a actividades profesionales totalmente alejadas de la venta de bebidas, pero que encontraron en la distribución de vinos una forma productiva de entretenimiento. Así que asistí a la degustación con la mejor disposición de aprender y divertirme.
El ambiente relajado que se respira en este tipo de actividades mitad lúdicas y mitad recreativas, es el marco adecuado para iniciar una conversación con personas desconocidas, que lo mismo puede ser un académico o una pintora. A pesar de las diferencias profesionales de quienes asisten a una degustación de vinos, lo que existe en común es el interés por adentrarse en un tema vastísimo que demanda la dedicación de tiempo y sobre todo, la disposición de experimentar con los tres sentidos principales que se emplean en una degustación: la vista, el olfato y el gusto. Hay que intentar descubrir las diferencias entre los aromas frutales, de chocolate o café. Entre los sabores de un vino blanco fresco y seco, y otro vino blanco suave y dulzón. O entre un vino tinto afrutado y de color pálido y otro tinto intenso y rico en aromas. Conocer las características particulares de los vinos que se producen en Borgoña, el Valle de Loire o Provence.

La lista de tipos de vinos era tan amplia que fue imposible en una sola ocasión probarlos todos. Después de experimentar con dos o tres vinos blancos y uno que otro tinto, uno debe detenerse porque el paladar deja de percibir las diferencias entre ellos. Una vez que hemos identificado un vino que nos gusta,  podemos profundizar en el conocimiento sobre el mismo: el nombre del productor, el tipo de uva con el que se elaboró o el tiempo de maduración en las barricas. Y si el precio de esa botella de vino se encuentra dentro de nuestras posibilidades económicas, podemos irnos a casa seguros de haber realizado una buena compra. De hecho, ya está en casa el vino que disfrutaremos en la cena navideña.

Después de este acercamiento al mundo del vino –y si el mundo no se acaba hoy- espero enfrentar con mayor confianza a esos estantes del supermercado llenos de opciones de vinos, que siempre intentan confundirme. Y como en los últimos años los médicos han confirmado lo que los antiguos griegos siempre supieron –que el vino con moderación es bueno para la salud-  pretendo seguir aprendiendo para desarrollar el paladar. Sólo me resta desear a mis tres amables lectores que tengan una dichosa Navidad.
 


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