Siguenos en
    Redes Sociales

Defensas rurales

La crisis de seguridad que azota al país y al Estado es una realidad. Esto ha llevado a muchas comunidades a organizarse para dotar a sus habitantes de seguridad pública cuando las autoridades se han visto rebasadas. En algunos Estados como en Guerrero, al amparo de los usos y costumbres de comunidades rurales o indígenas, han emergido Policías Comunitarias y Grupos de Autodefensa, que si bien es comprensible su origen y el espíritu que los ha creado, también lo es que muchas veces actúan al margen de la Ley. Son respetables sus ancestrales usos y costumbres, pero por ningún motivo deben estar por encima de la Constitución, la cual expresamente prohíbe a los ciudadanos hacerse Justicia por su mano. Hoy vemos cómo, embozados, son juez y parte en una pantomima de juicios, aunado a que limitan a tiros el libre tránsito de ciudadanos mexicanos por el territorio nacional. Los criminales son francamente despreciables, sin embargo, deben ser sometidos a juicios apegados a Derecho; ahí está el lamentable caso de Florence Cassez, por si acaso no aprendimos la lección.
En otras latitudes del país existen en zonas populares mantas advirtiendo a los delincuentes que serán linchados en caso de ser capturados por los vecinos, y en muchas comunidades de Morelos, como en los Altos y en Chalcatzingo, en el pasado se han torturado y asesinado a delincuentes. Ahora, Morelos se enfrenta al reto de implementar la figura del Mando Único, la cual tuvo un trágico bautismo de fuego con el incidente en el cual la madrugada del pasado viernes fueron abatidos tres escoltas del Procurador del Estado. En el caso de la zona sur de Morelos, la delincuencia va en aumento, y muchos empresarios de la región, me cuento entre ellos, hemos tenido que modificar nuestros hábitos laborales ante las crecientes amenazas y extorsiones. La región sur entraña características distintas a las del resto del Estado; una de ellas es que, a pesar de la explosión demográfica y el avance de la mancha urbana, aún somos una zona rural, lo cual da amplias ventajas a los delincuentes para moverse con impunidad por carreteras, caminos y brechas. La seguridad es un problema de todos, y si bien el Estado tiene el monopolio de otorgarla, eso no significa que la sociedad civil no aporte su grano de arena. En este sentido, planteo una alternativa que dentro del Estado de Derecho puede redundar en el restablecimiento de la seguridad en la zona sur y zonas rurales del Estado de Morelos, específicamente me refiero a la implementación de Cuerpos de Defensas Rurales. Esto no es una nueva idea ni tampoco es descubrir el hilo negro, incluso hace años los veía circular por el Estado, es tan sólo considerar una figura que la Secretaría de la Defensa tiene en su organigrama y normatividad. Después de la Revolución, el Ejercito organizó a los agraristas armados, los cuales prestaron servicios en rebeliones como la Delahuertista, la Cristera y la Cedillista; sin embargo, fue hasta 1964 cuando el General Olachea, Secretario de la Defensa, organizo formalmente estos cuerpos que, formados por ejidatarios, luego se permitió la incorporación de rancheros y pequeños propietarios; auxilian al Ejercito en tareas de seguridad pública en las zonas rurales. Los Rurales son uniformados, armados, adiestrados por la SEDENA, y son mandados por oficiales y jefes del Ejército: además reciben haberes como soldados. Los requisitos son, entre otros, que pertenezcan a un núcleo ejidal, que se encuentren en edad y condición militar y que sean personas de reconocida solvencia y fama pública en sus comunidades. Alternan sus actividades agropecuarias o personales con el servicio en sus núcleos como Defensas Rurales. Fomentar la creación de estas unidades en algunos ejidos del sur de Morelos es una magnifica alternativa para combatir el problema de la seguridad. Lo es porque los ejidatarios y sus hijos se incorporan, conocen el terreno, todo mundo los conoce a ellos, lo que impide que incurran en excesos o actividades ilícitas; son mandados y controlados por oficiales del Ejército, lo cual garantiza disciplina y profesionalismo. En cierto modo, actúan de manera similar a los soldados israelíes o suizos, al alternar sus actividades personales con el servicio armado. De implementarse este esquema, todos participaríamos: el Ejido, enviando muchachos de su entera confianza; el Ejército, mandándolos, y los Empresarios de la zona podemos hacer las aportaciones necesarias para construir y dotar de servicios al cuartel o establecimiento donde quedaran encuadrados.
Al final del día se otorga a las comunidades un voto de confianza, se vuelven parte de la solución del problema, pero a diferencia de las Autodefensas o de Grupos enardecidos de linchadores, esto se hace dentro de la Ley y al amparo de las Instituciones.

opinion@diariodemorelos.com