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De horror y corrupción

Estos días han sido como una galería de fotos del horror: por si no hubiera sido suficiente con el macabro hallazgo de los descuartizados de La Pradera, o el asesinato de una joven en Lomas de Cocoyoc, en una residencia donde increíblemente hay quien puede guardar bajo el colchón 360 mil dólares y no sé cuántos centenarios de los de oro –y la maravilla de que la policía diga que encontró el dinero, porque lo normal hubiera sido que se desapareciera el botín— descubrimos que los llamados secuestros express van en aumento, los robos a mano armada ni se diga y claro, no resulta extraño que Estados Unidos decida ponerle tache a Morelos para que los turistas dejen de venir… Si bien, en cuanto a violencia, en ese país vecino con cierta regularidad nos llegan noticias de que algo traen podrido los jóvenes cuando no es la primera vez que ocurren matanzas en las escuelas, como la que reportó ayer a 27 asesinados por un joven de tan sólo 24 años que empezó su macabra secuela matando a su padre y al hermano menor para luego irse a la escuela donde su madre ejercía como maestra y descargar parte de sus cuatro armas en ella y una veintena de los alumnos, así como sobre el director de la escuela, para luego rematar consigo mismo. Un saldo de 27 muertos en cuestión de una hora poco más poco menos y en un poblado a una hora de Nueva York…
Han sido días pues, en que nos fuimos sumergiendo en esa oleada de terror que ya nos tiene atrapados, así ocurran con tanta frecuencia que debiéramos estar más que acostumbrados. Pero no es así: una bala perdida, otra vez en Ixtapalapa, mata a una mujer perforándole el pulmón, el mismo día en que se nos enteró que los padres del niño muerto por otra bala perdida en un cine de esa delegación, recibían una indemnización por parte de la empresa donde ocurrió el percance… Por no mencionar el tiroteo de los policías de Acapulco en contra de los peregrinos guadalupanos que en su terca costumbre de llevar cohetones a la procesión en honor de la Virgen, se enfrentaron con guardianes del orden con quién sabe qué en la cabeza que se dieron a disparar al piso y al aire para evitar la “transgresión a su orden de no quemar cohetes”, resultando tres heridos no más, para fortuna de todos quienes ahí iban… En tanto en otras localidades de este atribulado país seguía la mata dando: o sea algunas otras poblaciones aportan su cuota sangrienta a la guerra que fue de Calderón y de la que queríamos olvidarnos al renovar el sexenio, pero que el terco parte diario de bajas nos demuestra que la violencia es nuestro pan de cada día.
Ante este panorama y por alguna razón que sólo ellos conocen, los políticos hablan como si vivieran en otro planeta, sí, ni siquiera en otro estado o en otro país, sino de plano, como si ya hubieran emigrado y desde lejos observaran lo que está ocurriendo. Aquí se ponen muy felices y ufanos porque a partir del próximo año dejarán de percibir ese aguinaldote de 90 días que algún día inventaron para la burocracia dorada morelense; y nos hablan de austeridad, como si para la población –con sus excepciones— fuera posible vivir en mayor austeridad, cuando no hay trabajo porque eso tampoco se ha resuelto, ni quien pudiera imaginar que se iba a resolver al día siguiente de que el “presidente del empleo” se fuera para su casa o para Madrid si es que cumple con lo que prometió… Hacen pactos esos políticos  y quezque se ponen de acuerdo, quizá pretendiendo tranquilizarnos, bautizando con vaporosas etiquetas esta situación que es a decir lo menos espeluznante…
Y claro, en ese clima y por si no fuera suficiente, la situación de la mayoría de los municipios de Morelos es de pena ajena. A todos se les acabó el dinero como si se tratara de un desempleado que ahí va agotando sus ahorros y ya no consigue ni quien le preste, porque no sabe cómo va a pagar, ni mucho menos cuándo… En Cuernavaca arañan hasta las paredes del Ayuntamiento para ver si de alguna ranura sale siquiera el dinero para pagar el aguinaldo de 90 días 90 no sólo para esa burocracia dorada que el próximo año dicen que no cobrará tan jugosos aguinaldos, sino para los empleados a los que para colmo, les fueron robados hasta sus ahorros del Instituto de Crédito y nada de que alguien les responda, porque así son las cosas. Al igual que con las víctimas del crimen organizado, sólo se conocen los hechos, nunca se nos presenta a los culpables… Pero todos los ciudadanos sabemos qué hizo el ex alcalde que dejó en tan ruinosa situación la administración de la ciudad de Cuernavaca y también sabemos que está tan tranquilo cobrando quincena a quincena en el Congreso y nadie lo toca ni con el pétalo de una rosa, cuando por lo menos debería sentir vergüenza al salir a las calles que parecen bombardeadas porque así las dejó y no hay dinero ni para darles una mano de gato. Mientras tanto, las deudas de los préstamos que gestionó en su tiempo Manuel Martínez Garrigós, mantienen al municipio en ese estado lamentable en que carece de los más elementales servicios, rodeado de acreedores, porque nada puede pagarse porque las deudas que hizo con los préstamos millonarios que pidió ¿para qué?, pues para llenar de propaganda la ciudad cuando pretendía ser gobernador, porque no se ve que haya hecho otra cosa… pues esos préstamos impiden que el municipio tenga con qué enfrentar los gastos, siquiera los del pago de salarios y el esperado aguinaldo…
Y nada de que se pueda ver en qué se esfumó el dinero, o sea sí se sabe, pero como que la justicia es lenta, lenta y todo sigue igual, con promesas de que habrá castigo… En conclusión, si es tan difícil dar con sus fechorías, lo que no puede dejar de admirarse es la ingeniería financiera de quien concibió tan perfecto plan que hasta el momento ninguna dependencia de las que controlan las raterías oficiales, ha podido penetrar… Hasta el martes

nadiapiemonte@gmail.com