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De cara a los privilegios

A partir del 1 de diciembre de este 2012, Peña Nieto se convirtió en el sexagésimo sexto mandatario de nuestra Nación. Los lineamientos de su gobierno están contenidos en su discurso de ese día. En estos días, los comentarios de los analistas subrayan lo anecdotario, repasan los contenidos y avizoran tendencias. No podemos escapar a los comentarios de este suceso por demás trascendental. En el número especial de la revista Examen que aparece justamente hoy colaboro con un artículo del cual a continuación reproduzco algunas líneas de uno de sus apartados y que tienen que ver con los privilegios que debe reducir o erradicar la próxima administración.
La construcción de la sociedad no se da simplemente por quienes controlan las principales posiciones de liderazgo del Estado. Son múltiples las fuerzas sociales que interactúan y participan en ella. Sin embargo, hay fuerzas con enorme poder y con intereses y privilegios que están afectando el todo y que es necesario reducir con valentía. No es sólo un problema de voluntarismo. Se debe construir una enorme base social a partir de un liderazgo moral, no de fuerza. Si se reducen los privilegios esa base social se generará de manera natural. El gobierno debe recuperar la credibilidad perdida. Sólo el 21% de la sociedad mexicana  considera que se gobierna para todos. En general, los mexicanos perciben que se gobierna para unos cuantos. Y me temo que no es sólo una percepción. Si se analizan las cifras de la desigualdad, de la pobreza y de la marginación ese juicio es más que una simple percepción. Romperla entonces requiere del rompimiento de esos privilegios. Quizá una primera tarea sea ponerlos en evidencia para que más ciudadanos se involucren en el debate de las políticas públicas, y con su respaldo se puedan tomar las acciones pertinentes. Cuando el mexicano perciba y vea que se está actuando en el sentido adecuado, el gobierno estará en posibilidad de ganar una amplia base social.
Los regímenes fiscales de excepción se consideran privilegios, aunque algunos para beneficio de los grandes grupos sociales. Muchos deben revisarse. Significan casi el 4% del PIB. Por cuanto a los privilegios oligopólicos y a las prácticas monopólicas, es necesario fortalecer a las instituciones reguladoras, básicamente, la COFETEL, la COFECO, y la Comisión Reguladora de Energía.  Como todo el mundo sabe, la pequeña y mediana empresa domina, en número de unidades o empresas, el escenario nacional, pero unas cuantas corporaciones concentran el ingreso, el capital y los mercados. Las instituciones deben regular el mercado y propiciar la competencia, indispensable en una economía global. Los privilegios en el sistema financiero no son menores. Tiene muy altas ganancias, y aunque está debidamente capitalizado ha dejado de contribuir sustantivamente al desarrollo nacional desde la crisis de 1995. La banca comercial, no sólo se ha extranjerizado, sino que opera con altos márgenes de intermediación, y salvo quizá por su contribución a la construcción de viviendas, no ha apuntalado el crecimiento, ni ha respaldado suficientemente al campo, ni a la industria, ni a la infraestructura, ni a las regiones. El centralismo que caracteriza la vida nacional, igualmente debe combatirse. Los estados han perdido potestades tributarias y cada vez más dependen de los recursos federales. Ello los ha obligado a un permanente endeudamiento. Atacar esos privilegios significa un nuevo rumbo para el país. Que así sea.

rodolfobecerril@hotmail.com


Cierto, pero ¿Será Peña Nieto el que le ponga el cascabel al gato?. No lo creo, el está en el poder porque la oligarquía política y económica lo propuso aunque el pueblo lo haya elegido. PN no irá contra su propia gente. Él mismo es de los privilegiados de los que critica nuestro amigo Becerril. "no se puede escupir al cielo porque ..."