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Cuentos y más...

La futura madre primeriza le preguntó con inquietud al ginecólogo: “Doctor: ¿en qué posición voy a estar cuando dé a luz a mi bebé?’’. Contesta el médico sonriendo: “En la misma posición que tenía cuando lo concibió’’. Pregunta ella boquiabierta: “¿Toda torcida en el asiento de atrás de un vocho?’’... Babalucas iba a ir a la ciudad, y quiso aprovechar el viaje para divertirse. Le recomendó un amigo: “Hay una casa de mala nota muy buena. Es nueva; está en las afueras de la ciudad. Dile al taxista que te lleve a `Las glorias de Afrodita’’’. Pocos días después Babalucas regresó a su pueblo. “¿Fuiste a donde te sugerí?’’ -le preguntó el amigo. “Sí -respondió el tonto roque. “¿Y cómo te fue?’’ -quiso saber el otro. “Muy mal -contestó disgustado Babalucas-. Ni siquiera pude entrar a la casa’’. “¿Por qué?’’ -se asombró el otro. Explica el badulaque: “Nunca cambió la luz roja que tienen en la puerta’’... El dependiente le informa al dueño de la tienda: “Señor: una dama pregunta si tenemos calzones espiritistas’’. “¿Calzones espiritistas? -se sorprendió el hombre-. No recuerdo esa marca de ropa íntima. ¿Por qué quiere esa señora calzones espiritistas?’’. “No lo sé -responde el empleado-. Seguramente cree que tiene unas pompis del otro mundo’’... Miro con desolación cómo los partidos políticos hacen de las reformas a la actual legislación una moneda de cambio para sus politiquerías. Sé que en todo el mundo los políticos son iguales. En Estados Unidos, por ejemplo, el llamado “filibusterismo” es práctica común entre los legisladores. Cuando alguno se opone a una reforma ocupa la tribuna y habla en ella hora tras hora –ninguna disposición reglamentaria se lo impide- hasta que rinde por cansancio tanto a quienes propusieron el cambio como a los que presiden la sesión. De ese modo consigue echar abajo, o al menos detener por algún tiempo, la reforma propuesta. Entre nosotros no existe tal recurso, pero los diputados y senadores de tal o cual partido se las arreglan siempre –incluso mediante el útil y práctico recurso de salirse a hacer pipí- para frenar los cambios con los que no están de acuerdo. Romper con su ausencia el quórum de las sesiones para obligar a suspenderlas es parte de los usos y costumbres de los integrantes de ambas cámaras, la baja y la más baja. El interés nacional nunca es tomado en cuenta, y sólo priva el interés de los partidos. “Así es la política”, dirán algunos. Y yo señalo con índice de fuego, a riesgo de quemarme los otros dedos: “No: así es la politiquería”. Entiendo que deba haber acuerdos, negociaciones, eso que en lenguaje contractual se llama “do ut des”, te doy para que me des. Lo que no entiendo es que los importantes cambios que necesita este país para modernizarse naufraguen o sean estorbados por meras cuestiones de conveniencia partidista. Eso, la verdad sea dicha, me encaborona mucho… La maestra de Pepito hablaba con la mamá del tremebundo infante. Le preguntó: “¿Cuándo empezó Pepito a hacer travesuras?’’. “Le diré, maestra -suspiró la señora-. A los 11 meses de edad metió la bacinica de su abuela en el congelador, y luego se la puso abajo de la cama en el preciso momento en que la iba a usar’’... Después del apasionado trance de amor el extático galán le dijo a su dulcinea: “¿Me seguirás amando, Rosibel?’’. “No puedo -responde ella-. Tengo una clase a las 9 de la mañana’’... Don Poseidón sufría un grave problema de insomnio, y su esposa doña Holofernes pensó que sería bueno llevarlo con un siquiatra. Tan pronto entraron en el consultorio don Poseidón se dirigió al analista: “Doctor, quiero que conozca mi problema’’. “Mucho gusto, señora’’ -saludó ceremoniosamente el siquiatra a doña Holofernes... El papá de la curvilínea y bien dotada muchacha le dijo a su pretendiente: “Quiero que sepa, joven, que mi hija tiene un buen respaldo”. “Ya lo sé, señor -reconoce el muchacho-. Y de adelante todavía está mejor”... El tipo aquel, que era karateca, regresó a su casa antes de lo esperado y encontró a su esposa en situación más que comprometida con un desconocido. “¡¡¡Yaaa!!!” -gritó el karateca cuadrándose para pelear con el sujeto. “Sí, señor -respondió con calma el tipo-. Ya”... FIN.

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