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Cuentos, Morena y más...

Doña Coñita cumplió 80 años de edad. “Abuela -le anunció uno de sus nietos-. Sabemos que mereces una estatua, pero tus hijos y tus nietos tenemos dinero solamente para mandarte hacer un busto”. “¡Qué buena idea! -se entusiasmó la viejecita-. ¿Quién será el cirujano?”... La mujer de Avaricio Cenaoscuras, sujeto ruin y cicatero, le preguntó a su esposo con lamentosa voz: “¿Por qué no podemos tener un triturador de basura, como todos los demás vecinos del edificio?”. Le respondió iracundo el ruin sujeto: “¡Tú cállate y sigue masticando!”... Rocko Fages, pastor de la Iglesia de la Tercera Venida (no confundir con la Iglesia de la Tercera Avenida, que permite a sus feligreses el adulterio a condición de que no lo cometan dentro de los terrenos de la iglesia, se quejaba de que su esposa era muy gastadora, y se compraba demasiados vestidos. Un día ella le dijo: “Voy al centro comercial”. “Está bien –autorizó el pastor-. Ve allá y mira todo lo que quieras, pero no compres nada. Si te acomete la tentación de comprarte otro vestido di en voz alta: ‘¡Atrás, Satán!’. Eso te librará de la insana tentación de malgastar dinero”. Horas después volvió a la casa la señora. Llevaba una caja con un vestido nuevo. “¡Gehena de fuego! -clamó el predicador, cuyos juramentos provenían de las Sagradas Escrituras-. ¿No te dije que no compraras nada?”. “Me lo dijiste, sí -admitió la señora-, pero encontré un vestido que me gustó muchísimo. Me lo probé, y se me veía muy bien”. Rebufa Rocko Fages: “¿Y no gritaste aquello que te dije: ‘¡Atrás, Satán!’?”. “Sí lo grité -replicó la señora-. Pero Satán me dijo: ‘De atrás también se te ve muy bien’. Fue entonces cuando compré el vestido”... ¿Cuál es el futuro de la izquierda en México? Por ley de la alternancia debería ser un futuro promisorio. Diferentes factores hay, empero, que ensombrecen su porvenir. El inminente surgimiento de un nuevo partido derivado de la Morena, la creación de López Obrador, aumentará las divisiones que ya de por sí existen en los grupos de izquierda mexicanos. Considero positivo el nacimiento de ese partido, el de López Obrador. Si alguien tiene derecho a crear y dirigir una nueva organización política es este empecinado luchador que varias veces ha vuelto a nacer de sus cenizas, y que ha revivido cuando muchos lo daban ya por muerto. AMLO es, indiscutiblemente, la figura más relevante de la izquierda en México, y nadie lo debe descartar como posible candidato en la próxima elección presidencial, la del 2018. Pero Marcelo Ebrard también ha declarado su intención de postularse. En el horizonte político está igualmente Miguel Mancera. Ahora bien: el PRI ha demostrado tener una consistencia monolítica. Es el partido donde la disciplina opera con mayor eficacia y –lo hemos visto últimamente- con mejores resultados. Es obvio que después de volver a la Presidencia con tantas dificultades y fatigas como lo hizo, no renunciará fácilmente a ella, y echará otra vez toda la carne al asador para retener lo que volvió a ganar después de haberlo perdido. Salvo que Peña Nieto cometa mayúsculos errores –y no parece que los cometerá-, el PRI llegará en caballo de hacienda a la siguiente elección presidencial, y sus opositores tendrán el camino cuesta arriba. La izquierda podría estar en buena aptitud de hacerle frente al partido tricolor, pues cada día crece la convicción de que el país necesita un gobierno de izquierda que escuche y atienda las demandas de los sectores marginados. Pero si se divide, la izquierda no tendrá ninguna posibilidad ante un PRI fortalecido por seis años de estancia en el poder y que mantiene unidas con solidez sus filas. Desde luego muchas cosas pueden cambiar en seis años. Pero hoy por hoy así se ven las cosas… Pepito le dijo a Juanilito: “¿Sabías que mi abuelita aúlla como lobo?”. “No es cierto” -replica el otro niño. “Te lo demostraré” -dijo Pepito. Fueron los dos a donde la señora estaba tejiendo. “Abuelita -le preguntó Pepito-. ¿Cuándo fue la última vez que mi abuelo te hizo el amor?”. Respondió la abuelita: “¡Uuuuuu!”... Doña Facilisa se fue a confesar. “Padre -le dijo al sacerdote-. Todas las noches, entre sueños, siento que soy poseída sexualmente por alguien. Como estoy medio dormida no alcanzo nunca a ver si el voluptuoso ser es mi marido o el demonio”. Sugiere el sacerdote tras ponderar el caso: “Si lo apurado del trance te da lugar a ello, palpa la testa del que te posee, a ver si tiene cuernos”. “¡Uh, padre! -replica doña Facilisa-. ¡Con eso no voy a salir de dudas!”...FIN.

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