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Corrupción municipal

Ante el método de “la mordida”, la autoridad finge demencia. Oficialmente el Ayuntamiento no tiene dinero, pero la sociedad percibe otras fuentes de ingresos que no van precisamente a la Tesorería. Sobran ejemplos: espacios públicos rentados por particulares en los pasillos del edificio Las Plazas y en otras zonas, terrazas de restaurantes del centro histórico cuyos montos de rentas a la Comuna son un misterio, establecimientos comerciales con valet parking que cobran por estacionar los vehículos de los clientes en la calle, proliferación del comercio ambulante y cero control de precios en múltiples actividades. Irregular, la  operación de estacionamientos públicos pasa “inadvertida” a los ojos de la Comuna. Cobros indebidos, instalaciones inadecuadas y la irresponsabilidad en el resguardo de vehículos son la constante en esos negocios cuyo funcionamiento está, inútilmente, regulado desde hace dieciocho años. El Reglamento de Estacionamientos Públicos entró en vigor el 6 de junio de 1994, pero si bien no ha prescrito, en la práctica ha sido letra muerta, como a continuación veremos: Establece claramente la obligatoriedad de cobrar la tarifa autorizada por el Ayuntamiento, de acuerdo a la categoría del establecimiento: por hora, el equivalente al 35% del salario mínimo general diario que corresponda en el municipio para los de primera categoría; 30% para los de segunda y 20% para los de tercera. Es decir, los cobros por hora no deben exceder, en números redondos, de aproximadamente 10 o 12 pesos, según las tres clasificaciones. Asimismo, el documento normativo especifica que el cobro de la primera hora debe ser total, aun cuando el usuario permanezca sólo unos minutos; pero de la segunda hora en adelante debe ser proporcional, dividido según el tiempo transcurrido de la siguiente manera: de 0 a 10 minutos, los estacionamienteros están obligados a otorgar una tolerancia sin costo para el usuario; de 11 a 30 minutos, cobrar el equivalente al 50% del costo total de la hora, y de 31 a 60 minutos, la hora completa. Pero además de que ningún estacionamiento cumple esta disposición, con cinismo insultante sus letreros advierten: “no hay tolerancia de minutos”, en lugar de anunciar en un sitio visible las tarifas, como lo exige el reglamento. Pocos clientes de esos negocios lo saben, pero también está prohibido aplicar un cobro adicional cuando pierden el comprobante, en cuyo caso sólo puede exigírseles que acrediten la propiedad del vehículo. Otra de las disposiciones incluidas en la norma es la de contar con una póliza de seguro expedida por compañía autorizada que garantice “el pago a los usuarios contra todos los riesgos y daños”, incluyendo accidentes, robo total, abuso de confianza e incendios, entre otros. Pero los dueños de estos negocios aclaran en el reverso de los comprobantes (no facturas, como manda la reglamentación) que el establecimiento no se hace responsable por percances y pérdidas. Quebrado, el Ayuntamiento “cabildea” en el Congreso Estatal la autorización de un préstamo para refinanciarse. No le alcanza el ingreso oficial, pero diputado alguno dice que el “ingreso extraoficial” es de millones de pesos. ¿Complicidad o tolerancia?.. ME LEEN MAÑANA.

jmperezduran@hotmail.com
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