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CON LUPA Y PALO

Escribe Don Alfonso Reyes, en 1953, sobre un perro cuernavaquense, que al entender la pobreza de su amo, lograba aguantar el hambre con el consuelo de una caricia suya. ¡Cómo han cambiado los perros!, me digo, cuando me entero del caso de la jauría asesina del Cerro de la Estrella. Esta especie también ya se pudrió.