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Como antes, más que antes

Si alguien tenía la esperanza de que efectivamente, con el cambio del gobierno, cambiara la actitud de las nuevas autoridades, ese alguien seguramente se sentirá frustrado, porque en menos de tres meses tres, se les descubrió la madera de que están hechas… Lo bueno es que la mayoría de los ciudadanos sabíamos que para nuestros políticos podrá cambiar todo, menos su afán de dinero. Es decir, todos los discursos que hacen en campaña, todas las promesas y juramentos a la hora de tomar posesión del cargo, se les esfuman con mayor rapidez de lo que tardan en hacer esos juramentos.
Ayer nos dimos cuenta de lo que les pagará  a los nuevos regidores que se pongan a mano la empresa que recolecta la basura en Cuernavaca, misma que fue escogida por el ex alcalde Manuel Martínez Garrigós, después del numerito que hizo para apartar a PASA de ese servicio que, desde luego, prestaba mucho mejor que lo que ha estado haciendo SIREC, la actual empresa que, ante la posibilidad de que se le rescinda el contrato, decidió hacer lo de siempre: corromper a quienes podrían ser causantes de la terminación del negocio de Martínez Garrigós casi a su llegada al poder, y que muy probablemente continúe con él… Y así, tal como ocurrió antes, habrá de pasar ahora, con nuevas autoridades, con nuevos regidores a modo para continuar con un negocio tan redituable que propone la jugosa cantidad de 50 mil pesos mensuales para cada regidor a cambio simplemente “de no opinar, ni para bien ni para mal, del tema de la basura”.
50 mil pesos por regidor, significan 750 mil pesos al mes, porque hay que multiplicar por 15, con lo que un regidor vendrá totalizando un ingreso mensual de 140 mil pesos, ya que 60 mil pesos los perciben por concepto de dieta, 30 mil pesos por algo tan extraño como lo que llaman “ayuda a la comunidad” –que por supuesto, no sólo no ayudan, sino suelen afectar a esa comunidad—. Todo esa nada despreciable cantidad de dinero que se embolsarán durante los tres años que permanecerán en el ayuntamiento es dinero que, de una y otra manera, proporcionamos los ciudadanos; es decir, tanto los sueldos como ese piquito que les daría la empresa de la basura salen de nuestros bolsillos, ya que SIREC no saca de su bolsa ese dinero, sino que simplemente la aumenta a la cuota mensual que le paga el Municipio. Así ha sido antes, así será en adelante.
O sea que no resulta tan difícil imaginarse el motivo de la jugada de Manuel Martínez Garrigós, al pasarse por el arco de triunfo el contrato con PASA y dárselos a SIREC. Se explica también su insistencia en mantener ese contrato contra viento y marea, y pasarse de nuevo por ese mismo arco la orden del juez federal que concedió el amparo a la empresa PASA. Había muchos millones en esa danza, y de seguro los sigue habiendo. Dinero que es simple y llana corrupción. Ayer y hoy, y por supuesto, anteayer y siempre.
Hoy, el servicio de recolección de la basura cuesta un promedio de 9 millones de pesos mensuales. Con PASA, el costo era de 7 millones; es decir, había un ahorro para los cuernavacenses de 2 millones de pesos mensuales. Pero aquí hay algo que no cuadra, y si Pitágoras no falló en las sumas y restas, esa diferencia de 2 millones, aun entregándoles 50 mil pesos mensuales a los regidores –a los de antes— ofrecerían un sobrante de 1,250.000.00 pesos mensuales. Y con ese dinero, ¿qué habrá pasado? Porque si lo multiplicamos por tres años que son ni más ni menos que 36 meses, dan un total de 45 millones de pesos. Una buena cifra, ¿no? Misma que ha ido pagando el Ayuntamiento de Cuernavaca a una empresa que no tiene satisfecha a la ciudadanía, ya que es muchísima la basura que se queda en las calles, y el aspecto de la ciudad dista de ser el de una zona limpia.
Pero bueno, esto es una pequeña muestra de que autoridades van y autoridades vienen, y lo único cierto es que los políticos en realidad vienen a hacer negocios, vienen a ver de qué manera les cuadran mejor las cuentas de lo que se llevarán a sus bolsillos, totalmente alejados de sus promesas de campaña, de esa intención que manifiestan de que quieren beneficiar a esa ciudadanía que sólo pretenden “servir”.
Lejos, muy lejos están también de pretender ser diferentes a los que les antecedieron. En cuanto tienen la oportunidad, muestran que son iguales. De ahí que entendamos muy bien su resistencia a que los aparten del fuero que puede cobijarlos en tanto hacen sus transas, en tanto le entran de lleno a la corrupción, en tanto se enriquecen descaradamente a costillas de ese pueblo que paga sobreprecios de una y otra cosa pública… Aquí en Cuernavaca, como en el Distrito Federal, donde nos descubrieron que el Metro costó 7 mil millones más de lo que se presupuestó, y ¿qué pasa con el que firmó las contrataciones? Ah, pues que está en plena campaña para dentro de cinco años llegar a ser presidente y seguramente continuar por ese camino andado que ya se conoce a la perfección… ¿Qué pasa con el sobreprecio de la Estela de luz bicentenaria? Pues que se pagaron cientos de millones más de lo que realmente pudo haber costado, y aunque ya la Auditoría Superior de la Federación lo demostró, pues no pasa nada. Además, el dinero ya se lo llevaron, y de seguro, a muy buen resguardo, quizá utilizando esa maravillosa ingeniería de los que lavan la lana, como nos demostraron con la maestra Elba Esther Gordillo, a quien, por cierto, ésa sí tienen en la cárcel porque esquilmó a los maestros, aunque al final de cuentas no hay por qué hacerse tontos: ese dinero también había salido de las arcas públicas, o sea que también era nuestro dinero.
Mientras todo eso pasa y lo vemos pasar, no hay ni siquiera el menor pudor entre esos políticos que pasean de un cabildo al Congreso, y de ahí, a ver qué otro peldaño les depara el destino. Todo es decir que “ahora sí” habrá castigo y de vez en cuando vemos que algún pececillo cae en la cárcel, como acaba de ocurrir con el ex alcalde de Tapachula, Chiapas, quien no dejó en las arcas del erario 5 pesos con 22 centavos. Pero fue a dar a la cárcel por un borrachazo y por haber amenazado a las autoridades actuales que investigaban la venta de 70 automóviles a un precio que hasta yo hubiese podido pagar: 2 mil pesos cada vehículo… Pero de ahí a que a Emmanuel Nivón González lo mantengan en la cárcel, y sobre todo, devuelva lo que se llevó, va a pasar todo el tiempo del mundo. Mientras tanto, es muy probable que pasen cosas similares y que dentro de seis años nos demos cuenta de ellas y repitamos la historia, porque no hay probabilidad alguna de que los políticos cambien… Hasta el jueves.

nadiapiemonte@gmail.com