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Casa prestada y arcas vaciadas

Tercer día de un mes que es el último del sexenio. Calderón ya hizo mudanza de Los Pinos a alguna residencia que “le prestaron” en las cercanías de la colonia donde él y su familia vivieron estos seis años, según leí por ahí. Me resulta difícil imaginarme que Calderón tenga que recurrir a lo que haría o hizo cualquier desempleado de los muchos que hubo en este sexenio del empleo, es decir, a que “le presten” una casa para vivir. Pero es probable que no sea una “volada” periodística, sino que efectivamente el todavía presidente de los mexicanos tenga consciencia adelantada de lo que es no tener quincena segura, y para ahorrar de entrada el desembolso del alquiler de una casa, se viera forzado a aceptar el ofrecimiento que algún amigo –a lo mejor de esos que benefició durante estos seis años—que posea casa propia y una más para podérsela facilitar… Uno puede creer cosas de los ex presidentes que son pura fantasía, como por ejemplo, que Calderón bien pudo haber ahorrado para hacerse una casa y habitarla cuando dejara Los Pinos, pero la realidad puede ser otra, o sea, que Calderón y familia vivirán en casa prestada, por lo menos hasta que él o doña Margarita consigan  empleo.
Eso que escribí puede ser también pretexto para que en vez de ocuparme de mis asuntos, cobije preocupaciones ajenas… En estos días que son como de vacaciones, porque el puente es prolongado por la celebración de los muertos –no faltó quien, en un afán publicitario con escasa creatividad, nos deseara “¡Feliz día de muertos!”—, me di a la lucubración de lo mal que la deben estar pasando no sólo Calderón y el gabinete que lo acompañó en estos seis años (bueno, los que llegarán hasta el final de sexenio, que los que dejó en el camino ya deben haber pasado por este trance; excepción hecha de los que salieron premiados con alguna diputación o senaduría), sino cualquiera de todo ese pequeño ejército de la burocracia dorada que a dos quincenas más verá bloqueado ese flujo de lana y caerá en las largas filas del desempleo, encontrándose en la condición real de cientos de miles de mexicanos y mexicanas que han permanecido en esa situación durante los últimos años…
Lo cierto es que también me preocupan los presidentes municipales que, en el caso de Morelos, tienen todavía cuatro quincenas a cuestas y ocho semanas con sus largos días hábiles en que les llegarán los proveedores, las demandas de pagos de diversa índole, y que no ven la hora de cobrar por los servicios prestados, muchos de ellos previo pago de comisiones a los infaltables señores-coyotes del porcentaje pactado.
¡Pobres alcaldes! Se han de morir de la angustia, han de estar tronándose los dedos imaginando a uno y otro y otro de los que tuvieron esclavizados como burócratas, murmurando, entre sí y para sí, si recibirán los salarios devengados durante sus muchas horas-asiento en las oficinas municipales, y quizá nadie les puede dar una respuesta concreta, porque la verdad sea dicha, las cosas están difíciles, y más se están poniendo si nos atenemos a la información de que no hay municipio morelense que no deba dinero, al grado de que el de Cuernavaca, por ejemplo, ha utilizado –o ha esfumado— hasta las cuotas que les retuvo a los empleados para el Instituto de Crédito, y eso sí que mantiene preocupados a los burócratas que fueron víctimas… Y es que, además, los padres y madres de la patria en el Congreso de Morelos le están dando largas al nuevo préstamo que pidió la comuna de Cuernavaca, y eso es como si hubieran decidido abandonar a su suerte al ayuntamiento de la capital.
Por otra parte, todo indica que los demás municipios en condiciones precarias también se van a ver en problemas, por lo que  sus alcaldes deben estar al borde de un ataque de nervios, porque de seguir así de lentas las cosas, no tendrán ni para pagar quincenas, ni mucho menos aguinaldo, por no mencionar que seguramente les prometieron bono que, de continuar así las cosas, no llegará ni a extra-mini-bono… Y ni hablar: a los que les deban por servicios prestados, es decir, a proveedores, probablemente ni aquel porcentaje recibido les llegarán a cubrir. ¿Qué podrán hacer los alcaldes al verse en situaciones tan penosas? No me los puedo imaginar vendiendo apresuradamente, es decir, al mejor postor, artículos de los muchos que se hicieron en estos tres años pasados al frente del feudo que les correspondió… O sea, tratar de malbaratar la camioneta de superlujo, o el BMW, o la casita extra --porque la casa chica ni hablar: ésa ya sabemos que es intocable—, en fin, artículos de ésos que fueron acrecentando el capital en estos años… Todo eso para salir del bache al que entraron desde que empezaron a darse cuenta que los números no cuadraban, y no hay manera de que cuadren; en tanto, pasa el tiempo y todavía faltan semanas, quincenas que pasarán en un limbo pantanoso.
Parece como si los políticos, al llegar al poder, todo lo pudieran tener presente, menos que habría de llegar el momento en que aquello terminaría… Es como si se preguntaran: ¿en qué momento ocurre eso? Es decir que el poder les llenó la cabeza a los alcaldes, al grado de creerse que sería para siempre; de la misma manera que dieron por seguro que las arcas municipales se llenarían y rellenarían como por arte de magia, no importa si ellos las vaciaban cuantas veces se les ocurriera…
Por eso ahora no se explican qué está pasando. Pero podrá ocurrir cualquier cosa, menos lo que yo lucubré de que anduvieran queriendo vender algo de lo que aumentaron de capital personal, porque eso para ellos es sagrado… Además, seguramente que el tema de saldar las cuentas ya será de quienes los sucedan: allá ellos que se las arreglen, si encuentran la forma… No quiero que me tomen como agorera mala onda, pero a los acreedores de esos municipios les pronostico que saldrán timados, y no serán los únicos, ni será ésta la primera ni la última vez. Así se las gastan nuestros políticos… Hasta el martes.
 
nadiapiemonte@gmail.com