Sin duda alguna, Carlos Fuentes representó lo mejor de nuestro país en momentos donde precisamente lo que su pensamiento y legado enarbolan es lo que México clama y necesita para dejar atrás jornadas sombrías. En lo personal, tuve junto con mi esposa el placer de conocerlo y conversar, gracias a la mutua y entrañable amistad con otro de los grandes de nuestras letras, José María Pérez Gay. Particularmente recuerdo los días en Portugal cuando los Fuentes y los Abe éramos huéspedes de Chema y Lilia Pérez Gay en la Embajada mexicana en Lisboa, charlábamos de todo, pero siempre cualquier sobremesa terminaba en el deseo mutuo y compartido de alcanzar un mejor porvenir para México.
La semana pasado comenzó con la triste noticia del fallecimiento de Carlos Fuentes y culminó con las movilizaciones y manifestaciones de miles de estudiantes mexicanos en distintos puntos del país. Cuando a Fuentes se le recriminó haber dejado la Embajada en Francia, en protesta por la designación de Díaz Ordaz como embajador en España, él manifestó que era un Derecho elemental de cualquier ser humano, decidir a quién saludar, por ende a quién aceptar y a quién no. Esto es lo que los jóvenes hicieron en días pasados. No pretendo en estas líneas atacar o defender ninguna postura, incluso la de los jóvenes, pues estos tienen la inteligencia y la solidez para hacerlo por sí mismos, lo que pretendo es hacer hincapié en que un lujo que nadie puede darse en este país es el de no escucharlos. Me refiero por igual a aquellos que exhibieron a Quadri, el mercenario disfrazado de ciudadano, al servicio de una lideresa cuestionada, o a los que mostraron sus diferencias con el candidato del Partido Revolucionario Institucional.
Yo creo que en México hay que escuchar y dar espacio a todos los jóvenes, en mi pasada participación como precandidato al gobierno del estado por el PRI, planteé la imperiosa necesidad de que la mitad de las posiciones en la Administración Pública Estatal fueran cubiertos equitativamente por hombres y mujeres jóvenes, son ellos al final el motor no sólo de Morelos, sino de cualquier sociedad. En las manifestaciones de estos días observé a muchos de ellos marchando con imágenes de Carlos Fuentes, sin duda alguna qué importante sería su opinión y su ejemplo en estos días. Hoy en otras latitudes vemos que los “indignados” son jóvenes, que aquellos que detonaron la “primavera árabe” también lo son, México tiene muchos problemas, no necesitamos una versión local de la primavera árabe o de los indignados, lo que necesitamos es imperiosamente atender estas inquietudes y que los jóvenes canalicen su natural y necesaria rebeldía a favor de un México mejor.
Si los jóvenes hubieran sido escuchados en sus demandas iniciales en 1968, otra cosa hubiera sido, pero en la historia, el “hubiera” no cuenta. Lo que cuenta son los actos que trascienden, sus efectos y sus consecuencias. A México no le hace falta encono, divisiones o enfrentamientos, le hacen falta propuestas y acciones propositivas.
No juzguemos a los jóvenes, tampoco su origen ni su ideología, celebremos que pueden salir a la calle y que sean gritos y no fusiles los que los acompañan, seamos congruentes y démosles un digno ejemplo de democracia, para que este ejemplo también los norme para bregar por un Morelos y un México mejor.
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