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Aunque Peña no hable de muertos

En diciembre, el primer mes del gobierno de Enrique Peña Nieto, hubo más ejecuciones que el mes inmediato anterior y también más que en diciembre de 2011 cuando gobernaba Felipe Calderón.
Según la contabilidad periodística que lleva Milenio, en el diciembre de Peña fueron 982 ejecuciones, en el noviembre previo de Calderón fueron 949 y en el diciembre de 2011 calderonista fueron 905.
La realidad violenta ahí sigue: descabezados en Guadalajara, persecuciones a fuego abierto en las calles más transitadas de La Laguna, niños desalojados del kínder por una extorsión del crimen organizado en Monterrey, cadáveres regados en el Estado de México, comandos de autodefensa en Guerrero, Tamaulipas sigue siendo un narcoestado donde la autoridad política es simple espectadora.
El nuevo presidente diseñó dos cambios fundamentales en la estrategia de combate a la delincuencia, con respecto de lo que hacía su antecesor en Los Pinos. Uno de fondo y otro de forma.

1.- Si bien mantendrá el despliegue de fuerzas federales en los sitios más peligrosos (como se hacía en el calderonato) instruyó a su gabinete a empezar a apostar más por golpes de precisión que presencias territoriales, más acciones quirúrgicas contra líderes del narco y menos retenes y acciones que puedan incluso derivar en problemas de derechos humanos.

2.- Buscará cambiar la política de comunicación de la narcoguerra: el presidente no quiere engancharse en declaraciones policiacas, la mayoría de sus secretarios de Estado tampoco y el gobierno federal informará periódicamente de sus logros desde Gobernación. No se hará un “tema nacional” cada que capturen al jefe de plaza, lugarteniente, operador financiero de tal o cual capo.

Una cosa es que Peña Nieto haya dado la orden a su equipo de no hablar del narco y otra cosa es que la realidad no esté igual de violenta.
A diferencia de la administración de Felipe Calderón Hinojosa, el gobierno luce ocupado en las reformas estructurales y el Pacto por México, y marca la agenda nacional con ello. Con eso hace su parte, cumple la estrategia que le conviene para disminuir el peso mediático de los temas de violencia, pero la sangre sigue ahí, las balaceras, los cadáveres, los muertos, la zozobra en la que viven sociedades enteras en muchos lugares de nuestro país.

SACIAMORBOS

Dos integrantes del gabinete de seguridad actual, claves en el caso, conversaron ya sobre el caso del general Tomás Ángeles Dauahare, a quien ayer un juez le ratificó el auto de formal prisión por estar presuntamente vinculado al cártel de los hermanos Beltrán Leyva. Para ambos funcionarios entrantes, el caso es una revancha militar de la administración anterior. Hablaron de facilitar su liberación, pero quieren negociar con él que salga del penal de máxima seguridad del “Altiplano” sin victimizarse, sin hacer escándalo público, sin agitar las aguas, pues. Se sabe que ya hay contactos. Veremos si fructifican.

carlosloret@yahoo.com.mx