Diario de Morelos
Copa Morelos 2016

Atril: Sergio el travieso

Estrada se está dando la gran divertida. Algún panista, alguien de sus amigos o él mismo echó a rodar la versión de que el PRI lo estaba considerando entre sus prospectos para la alcaldía de Cuernavaca. De eso hace ya semanas, y verdad, mentira o simple rumor, “pegó”. La especie fue “sustentada” en que Sergio fue un buen alcalde, en 1997-2000; que repavimentó buena parte de la ciudad y sacó de las calles del centro a los comerciantes ambulantes, para lo cual construyó el Pasaje Lido. Pero nadie o pocos recordaron que quien fue el primer mandatario panista de la capital tuvo a su disposición un presupuesto abismalmente mayor que su antecesor, el priista Alfonso Sandoval Camuñas, debido a que, además del impuesto predial que entonces les fue transferido a los ayuntamientos, a las administraciones de las llamadas cien ciudades grandes del país llegaron recursos federales extraordinarios gracias a una negociación entre el PAN y el PRI en la Cámara de Diputados. Empresario modesto del ramo de talleres mecánicos y hasta hoy político en ciernes con claros y oscuros, tras haber sido el primer gobernador de Morelos emanado del partido blanquiazul pudo haber sido senador, pero en 2004 lo bloqueó el escándalo por la detención de su coordinador de la Policía Ministerial, José Agustín Montiel López, acusado de proteger trasiegos de droga. De hecho, el también nieto del gobernador priista de los treinta, don Vicente Estrada Cajigal, había llegado tanto a la alcaldía como a la gubernatura a contrapelo del neopanismo morelense y particularmente del grupo “La Sagrada Familia”, así que cuando fue relevado por Marco Adame puso con éste distancia de por medio y ya en el fragor de las campañas de los candidatos a gobernador se ubicó al lado del priista Amado Orihuela, rompiendo tácitamente con el PAN. De cualquier manera, “el rollo” de que Sergio Estrada “podría” igualmente contender bajo las siglas del PAN ha causado nerviosismo en los panistas y un tanto menos en el PRI. Por eso protestó el diputado plurinominal azul, Luis Miguel Ramírez. Y cómo no, si éste mismo codicia la candidatura a alcalde, de nuevo impulsado por “La Sagrada Familia” que estaría jugando dos cartas, guardado el asimismo diputado federal de representación proporcional Juan Pablo Adame Alemán, aquél a sabiendas de que su “carisma” sólo le da para perder la elección municipal y éste por el “mérito” de ser hijo de quien es, porque su progenitor está muy cerca del dirigente nacional del PAN y en la mesa de la repartición de candidaturas su opinión podrá ser determinante. Pero aunque vueltos bola arriba, no es mentira decir que abajo dos de cada tres panistas están en la lógica de que el postulado de Acción Nacional debe ser Javier Bolaños Aguilar por la simple razón de ser el único que lleva meses construyendo la candidatura, no sólo significándose como un panista de oposición desde la tribuna del Congreso del Estado, también porque hace política pie a tierra con colonos, transportistas, comerciantes y otros gremios. Atrapados en la coyuntura de la contienda por la presidencia estatal del PRI, la lucha de este partido por la alcaldía  de Cuernavaca se da entre azul y buenas noches. En la superficie Matías Nazario Morales y Jorge Meade Ocaranza se simulan indiferentes ante la precandidatura anticipada de Marisela Velázquez Sánchez, pero en las formas lo que están haciendo es esperar los tiempos. Acicateado por la proximidad del inicio del proceso electoral y estando contra reloj, el cambio de la dirigencia priista no puede esperar más. En el PRD, o mejor dicho en el grupo de la Nueva Visión, no hay otro prospecto a la alcaldía citadina que Jorge Messeguer Guillén, al menos hasta ahora. Mientras tanto, en el Partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena) subsisten la terquedad del eterno aspirante Raúl Iragorri Montoya y la probabilidad del rector de la UAEM, Alejandro Vera Jiménez, de modo que, si de definiciones se trata, en la organización electoral de Andrés Manuel López Obrador la decisión se reducirá a uno de los dos o a cualquier otro u otra que surja en los meses por venir.  Y si para Sergio Estrada el problema es que no es del PAN ni del PRI, le queda la opción de la candidatura independiente. Antes deberá confesar lo evidente, que ansía repetir como alcalde de Cuernavaca, dejar de divertirse a costillas de otros. Los panistas siguen nerviosos y se lo agradecerían. Y los aspirantes priistas exclamarían: “uno menos”… ME LEEN MAÑANA.