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Atril: La Hidra de Morelos o los mariachis callaron

Las cifras sobre seguridad suelen generar polémica, si positivas resultan la autoridad las celebra, fingen demencia los críticos del autollamado Gobierno de la Nueva Visión que callaron en las anteriores administraciones y hoy gritan, patalean, se desgarran las vestiduras. Los números recientes afirman un avance en esta materia, acreditado por el Sistema Nacional de Seguridad Pública el hecho de que entre abril y mayo disminuyeron delitos de alto impacto como homicidio, secuestro y extorsión. Mientras en abril hubo 81 homicidios dolosos y culposos, en mayo se contabilizaron 69; el mismo lapso registró menos casos de extorsiones, 35 contra 48, e igualmente bajaron los secuestros, 15 en abril contra 7 en mayo. Los números pueden señalar descensos inequívocos en algunos delitos, como es ahora el caso, pero más allá de las mediciones siempre se impondrá la percepción social. Para la sociedad no existen las medias tintas: juzga la seguridad simplemente buena o mala. Sin embargo, aunque conocido el problema de fondo los críticos simulan que no ven el desempleo, la descomposición social, la pérdida de valores morales, la desintegración familiar. Decir que la inseguridad viene de al menos veinte años atrás no es mentir, tampoco repetir que resolver es obligación de los tres órdenes de gobierno o que pasarán todavía algunos años más para que Morelos y México recuperemos los niveles de seguridad de hasta los ochenta. Estando en juego el presente y el futuro de millones de mexicanos no hay opciones; sólo el desafío de recuperar la tranquilidad. Pero por ahora y quién sabe hasta cuándo en la balanza de la urdimbre poblacional pesan más los villanos que los decentes, tristemente. El comisionado de Seguridad Pública, Jesús Alberto Capella Ibarra, recién reportó el saldo de junio con veintiún secuestradores detenidos y seis víctimas rescatadas, subrayó acciones coordinadas entre autoridades estatales y federales, y aseguró que la mitad de los plagiarios fueron aprehendidos en flagrancia. Dijo sin decirlo que no hay fabricación de delincuentes. Mandó un mensaje a los secuestradores, “muy  claro y muy contundente para todas aquellas organizaciones criminales que aquí en Morelos no se va a permitir el ejercicio de este tipo de delincuencia ni de ningún otro tipo, que va a haber mucha contundencia con el gran apoyo y con la gran determinación que ha mostrado también el gobierno federal”. Reveló que una investigación de la dependencia a su cargo advirtió que alrededor del 90 por ciento de los plagiarios conocen a sus víctimas, puesto que en muchos casos de secuestros resultan involucrados personal de confianza o vecinos de los plagiados. Y nadie lo desmintió. Mientras tanto no es difícil imaginar qué está pasando en las calles, las colonias, los barrios y las ciudades. Por cada delincuente que atrapa la policía van quedando menos que hace dos, un año, digamos tres sujetos y ya no cinco que delinquían, pero al mismo tiempo otros se suman primero a la delincuencia menor y luego al crimen organizado. La gran mayoría son jóvenes e incluso menores de edad, en este orden: hombres y mujeres mayores de 18 y adolescentes de 17 e inclusive 15. Los vemos todos los días en la nota roja: robacoches, asaltantes de tiendas de conveniencia y bancos, ladrones de casa-habitación, desvalijadores de vehículos, narcomenudistas, extorsionadores, sicarios, jefes de células del narcotráfico, homicidas… y todos en el camino de que al final les espera la cárcel o la muerte, locales los más y los menos llegados de pueblos de los estados vecinos. Y aquí entran las causas de fondo ya mencionadas, quebrado el tejido social tras un proceso de abandono que podría haber comenzado a fines de los ochenta y vino creciendo hasta degenerar en el monstruo de mil cabezas a la que por cada una que le es cortada le salen tres. La Hidra de Lerna, pues, del mito griego vuelto realidad espantosa, aquel monstruo acuático de aliento venenoso y forma de serpiente policéfala cuyo número de cabezas iba desde tres, cinco o nueve hasta cien e incluso diez mil a la que Heracles mató pero la Hidra poseía la virtud de regenerar dos cabezas por cada una que perdía o le era amputada y su guarida era el lago de Lerna, en el golfo de la Argólida… Tan lejos en el tiempo y el espacio pero igual que la delincuencia del hoy, la lucha incesante contra los malos que aún tardará para que muera la Hidra de Morelos y algún día vuelva a ser mentira… ME LEEN MAÑANA.