Siguenos en
    

Atril dominical –Municipios indígenas de Morelos…

A reserva de que la memoria nos juegue una mala pasada o los datos disponibles no sean del todo fidedignos, el Estado de Morelos tuvo originalmente 29 municipios. Esto cuando fue creado por decreto del presidente Benito Juárez, el 17 de abril de 1869, poco después de concluidas la Guerra de Reforma y la aventura imperial de Maximiliano y Carlota. Pero fue hasta 1930 que el presidente Pascual Ortiz Rubio emitió un decreto por medio del cual se eliminaron los municipios con nombres de santos –dedicada la medida a los últimos cristeros que aún pretendían continuar la lucha contra los “ateos de la revolución”– que en Morelos, además, se aprovechó para crear dos municipios, el de Emiliano Zapata, que antiguamente se llamaba San Vicente o San Francisco Zacualpan, y el de Atlatlahucan, que era una ayudantía de Tlayacapan. Quedaron, pues, legalmente constituidos como jurisdicciones municipales. Casi cuatro décadas más tarde, el 17 de marzo de 1977, durante el gobierno de Armando León Bejarano y tras un movimiento separatista respecto a Zacualpan, Temoac se erigió como municipio, coronado así el empuje de los pueblos de Temoac, Amilcingo, Huazulco y Tepoztlán, cuyo liderazgo venía del profesor Vinh Flores Laureano, quien había sido asesinado un año antes.  
El tema viene a cuento por la demanda que hace al Gobierno del Estado el Consejo Nacional Campesino (CNC), que nada tiene que ver con el corporativo priista de iniciales idénticas. La agrupación es dirigida por Eduardo Mondragón, Otilio Montaño y Amadeo Guevara, los tres morelenses y descendientes de oficiales del Ejército Libertador del Sur, cuyos trabajos de organización indígena y campesina se hallan también en Chiapas, Veracruz, Oaxaca y el Estado de México. El CNC respalda a las comunidades indígenas de Hueyapan, Tetlama, Tejalpa, Santa Catarina, Tetelcingo, Xoxocotla y Coatetelco para que sean elevadas a la categoría de municipios, reiterado su argumento de que tienen las condiciones necesarias para ser autónomas y formar sus propios gobiernos municipales.
Pero vayamos por partes. De alguna manera las condiciones y antecedentes históricos de los tres municipios arriba citados nos darán una idea de las posibilidades que tiene el CNC para empujar la autonomía de las siete comunidades, pero sobre todo, dadas las condiciones políticas de la actualidad y algunas circunstancias que podrían favorecer su propósito.

EMILIANO ZAPATA
En la época prehispánica, el sitio tenía por nombre barrio de Tzacualtipan, que es una palabra compuesta de dos dicciones: Tzacual (Cerrillo)-Tipan  que juntas significan “sobre este cerrillo otro” o  “lugar de varios cerrillos”, aunque también hay quien dice que la palabra “Zacualpan” debe escribirse Tzakualpan, cuya etimología viene de tzakual-li (cosa tapada) y pan (sobre), lo cual da como significado “sobre cosa tapada” y la definición más aceptada. En 1840, el poblado toma el nombre de San Vicente Zacualpan, por quienes en ese entonces detentaban la misma hacienda, los Vicente de Eguía.
En un hecho de sangre que palidece ante los ocurridos en nuestras días y vale la pena recordar, en 1856 el dueño de la hacienda de San Vicente era Don Pío Bermejillo y tenía a su servicio como administrador a su hermano, Don Nicolás Bermejillo. Cercana al cerro de Sayula estaba la hacienda de Dolores, la cual era dependiente de la de San Vicente, vigente en aquellos días el arrendamiento de tierras de la primera. Arrendatario de unas tierras de Dolores, un campesino llamado Trinidad Carrillo se dedicaba a la cría de ganado vacuno, pero sus animales causaron daños en los campos de caña aledaños, por lo que Don Nicolás Bermejillo, representante de la negociación, quita a Trinidad Carrillo las tierras arrendadas, exigiéndole que sacara de ahí a su ganado. Tanto afectó la determinación a Carrillo, que se propuso tomar venganza y se alió con dos grupos de malhechores, cuyos cabecillas eran Nicolás Leite y Matías Navarrete. El 18 de diciembre de 1856 matan en San Vicente a Nicolás Bermejillo, junto con León Aguirre, Juan Bermejillo e Ignacio Tejera. Ese día, Pío Bermejillo no estaba en su propiedad, por lo que se salvó de ser asesinado. Juzgados en septiembre de 1858 por su participación en el asalto, robo y muertes en las haciendas de Chiconcuac y San Vicente, fueron ejecutados a garrote vil en la Alameda de la Ciudad de México. El monumento funerario coronado por una pirámide truncada en el atrio de la Catedral de Cuernavaca recuerda aquella matanza: ahí están sepultadas las víctimas de San Vicente y Chiconcuac, del hoy municipio de Emiliano Zapata.  El 15 de diciembre de 1932, el gobernador Vicente Estrada Cajigal, al promulgar la Ley de División Territorial del Estado de Morelos, dejó constituidos dos nuevos municipios: Atlatlahucan y Emiliano Zapata, este último con la población de Emiliano Zapata como cabecera municipal y la incorporación de Tezoyuca, Tepetzingo y Tetecalita. Por cierto, ubicada frente a las oficinas ejidales la estatua del general Emiliano Zapata, antes se encontraba en la avenida Domingo Diez de Cuernavaca, hasta que durante la gestión 1955-57 del alcalde de Zapata, Antonio Aguilar Carnalla, fue aprobado su desplazamiento a la cabecera del propio municipio colindante a Jiutepec, Temixco y la capital.

ATLATLAHUCAN
Hasta 1932 Atlatlahucan era una ayudantía que pertenecía al municipio de Tlayacapan. En ese año se organizaron Ignacio y Efrén Bello, Praxedis Linares, Marcos Villalba, Aurelio Aranda, Rosendo Martínez y Crescencio González, quienes motivaron a la gente para que Atlatlahucan fuera reconocido como cabecera municipal. Al lograr este objetivo, Ignacio Bello fue nombrado primer alcalde y ocupó el cargo durante un año. Otro dato: pocos saben que Atlatlahucan fue y es –de esta manera lo defienden los nativos y lugareños– la original cuna del Chinelo, así como la música de banda de la popular danza.  Esto sucedió alrededor de finales del siglo XIX o principios del XX, y al ser Atlatlahucan ayudantía de Tlayacapan, es por esa razón que la danza quedó registrada en este municipio. Para los carnavales de Atlatlahucan, las danzas más comunes son las Marotas o Negras y la cuadrilla de los Tatais, pero además existen la de los Vaqueros, Moros y Pastoras que se incluyen en las fiestas religiosas.
“Todavía estamos en la evaluación para ver si se denominan Pueblos Mágicos a Atlatlahucan y Zacualpan de Amilpas”, señala Gabriela Gaudet Ortega, secretaria estatal de Turismo. Un factor que podría contribuir a que Atlatlahucan incremente su importancia turística consiste en que, como cuna del Chinelo, sea considerado Pueblo Mágico por parte de la Secretaría de Turismo. Lo último es que las nuevas autoridades municipales, que tomaron posesión en diciembre pasado, retomarían la solicitud que asimismo ha hecho el municipio de Zacualpan. La denominación de Pueblo Mágico no es fácil; se debe cumplir una serie de requisitos, pero representa recursos financieros para el pueblo que es designado.


TEMOAC
Encuentra sus antecedentes prehispánicos como una comunidad olmeca de actividad agrícola. Temoac es constituida como cabecera del municipio y, según historiadores, su nombre se deriva de la lengua olmeca y significa “Tierra del Amaranto”. Tristemente famosa a mediados de los setenta, cuando en el centro de la población fueron quemados vivos cuatro policías judiciales, la cabecera municipal tiene  tres iglesias: El señor de la Columna, San José y San Martín, las cuales contienen desarrollo espiritual y recreativo para sus creyentes. Construido años atrás  el arco que divide el municipio de Temoac con Amayuca, muestra en su escudo la frase “Tierra del amaranto” y el diseño de la germinación de esta semilla en el suelo temoaquense. Todavía hoy día, Temoac manifiesta trastornos de la precariedad como desnutrición, disenterías y diarreas; parasitosis, alcoholismo, gripes y más enfermedades respiratorias. Los servicios de salud son deficientes, pues los recursos humanos, el equipo y los medicamentos resultan igualmente insuficientes para la atención médica de la población en los sólo tres centros de salud de Huazulco, Popotlán y la cabecera municipal.  Amilcingo, donde está asentada la Escuela Normal Rural de chicas combativas, es la otra comunidad del municipio más joven de Morelos. El 17 de marzo es el desfile tradicional de todas las escuelas del municipio para festejar el aniversario de la creación del mismo, y además en este mes se acostumbra una feria tradicional. Las principales actividades económicas son las agropecuarias y el comercio, ambas de bajo nivel, pues el municipio 33 es afectado por la emigración de hombres y mujeres hacia los Estados Unidos, aunque las remesas aminoran las carencias de su gente.

MUNICIPIOS INDÍGENAS
Visto así y bajo la perspectiva de Amadeo Guevara, Eduardo Mondragón y Otilio Montaño –sobrino nieto de su homónimo, el  redactor del Plan de Ayala–, el  cometido de crear nuevos municipios no es descabellado. Abogado de profesión, Mondragón indica que la autonomía municipal detonaría el potencial tradicional, natural y turístico de los ayuntamientos indígenas. Y en otro postrero asunto de este nuevecito 2103, el CNC también impulsa la demanda de que, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia, el gobierno federal indemnice a los comuneros de Temixco y Miacatlán por las 707 hectáreas que comprende la zona arqueológica de Xochicalco.  Advierte: “Los comuneros jamás han recibido un quinto, ni un beneficio de los recursos que genera la zona; es una deuda histórica y el despojo de una herencia que les pertenece a las comunidades indígenas de Tetlama y Cuentepec y de todo Morelos que nunca han visto retribuida”… Ahora sí, ME LEEN MAÑANA.

jmperezduran@hotmail.com


No hace falta añadir más superfluidades, si las mujeres como los indígenas renunciaramos a tener grandes aspiraciones, el mundo se acabaría. Ya sabemos que los pueblos indígenas siempre han mostrado su grandeza de ánimo y generosidad, es tiempo de negociar directamente con su ingenio el deseo de llevar una vida más cómoda, el derecho de sus tierras, a su seguridad, que hagan por si mismos sus proyectos y darles facilidades y apoyos económicos hasta que puedan levantarse por sí solos, para que desarrollen sus trabajos y capacidades, en ferias, desfiles, carnaval anual, mercados, artesania, vestidos, comidas, cultivos de maíz, comunicación, etc. entendiendo también que la unión es la fuerza y la palabra adecuada es COOPERACIÓN MUNICIPAL. Yo Gobernadora Universal presenta un manifiesto de respeto a la naturaleza, con ciudadanos auténticos, lideres de las comunidades para estar todos juntos en contacto con la misma lengua natal y al mismo tiempo que la mayoria de los morelenses sean capaces de usar tecnología segura "0" accidentes. Desde el país de KYOURYOKU es cooperación. Biologa Angelina Alvarez Moysen