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Atril dominical: –Como gatos panza arriba...

De consumir alimentos preparados con frutos y legumbres recién cosechados a comida procesada e industrializada, de juegos infantiles como “bote botado”, “los encantados”, “avión”, futbolito, canicas y yo-yos; jugar a las “maquinitas”, nintendo, m-box; de las artesanías de barro, zacate, cerámica y otros materiales autóctonos a las artesanías chinas plagiadas, “piratas”. Bueno, hasta los famosos cohetes y “palomas” son también de manufactura asiática. ¿Qué tienen en común estos factores que abarcan hábitos alimenticios, entretenimiento, identidad de tradiciones ancestrales y elementos de ferias y fiestas locales?
El común denominador se llamó, no hace mucho “capitalismo”, después sus críticos y detractores le llamaron “capitalismo salvaje” y hoy se le conoce con el eufemismo de “globalización”.
Junto con el de la metropolización de las ciudades, es decir, la expansión de varias de ellas hasta que sus “manchas urbanas”  se unen, el de la globalización es una circunstancia determinante en todos los aspectos de la vida. Se trata de fenómenos que determinan drásticos cambios de forma de vida, de pensar y hasta sentir. La metropolización de las ciudades  ha convertido a los barrios y pueblos en colonias y a éstas en conurbaciones o megaciudades. El segundo va muy de la mano al anteriormente citado, por su influencia en conductas y costumbres de la gente; la ya mencionada globalización es un concepto lejano en nuestro entendimiento, pero de amplias repercusiones en la vida cotidiana
De manera que uno y otro son parte de la cotidianeidad y del paisaje urbano o rural (en sentido sociodemográfico eso no importa mucho). Por eso mismo no somos conscientes –como deberíamos–  de la forma en que nos afectan y hasta nos perjudican o nos benefician, según se quiera o se pueda ver.
 De la conversión de las ciudades en zonas metropolitanas podemos mencionar desventajas como la deficiencia en los servicios públicos, separación y reutilización de los desperdicios, falta de alumbrado, agua y transporte. Nulos o deficientes y siempre en las zonas periféricas de las áreas metropolitanas, la gente los padecen en una carrera que casi siempre es ganada por la marginación y la delincuencia. De la inseguridad, ni hablamos. Bastante daño nos ha hecho la corrupción de autoridades y complicidad con “la maña”.
La globalización y su expresión cotidiana la podemos encontrar, por citar sólo algunos ejemplos, en la proliferación de las grandes cadenas de tiendas que se han llevado entre los carritos del “súper” a las pequeñas farmacias, a la tortillería de la esquina, a las panaderías de colonia y barrio. Otro efecto de la globalización lo tenemos en la sustitución de tradiciones autóctonas por extranjeras o una mezcla de ambas. Miquixtli o Día de Muertos por el Jalowin, Santa Claus por Reyes Magos, reventón por posadas y un extenso etcétera. Para reflexionar sobre el doble fenómeno ya explicado, en este dominical espacio analicemos uno por uno algunos datos sobre zonas metropolitanas en un contexto de globalización.

MEGACIUDADES
Las zonas metropolitanas de México han sido tradicionalmente descritas como el grupo de municipios que interactúan entre sí, usualmente alrededor de una ciudad principal. En 2004, el Consejo Nacional de Población (CONAPO) definió el concepto de  “área metropolitana” como “el grupo de dos o más municipios en los cuales se ubica una ciudad de al menos 50,000 habitantes cuya área se extiende sobre los límites del municipio al cual pertenece originalmente incorporando influencia directa sobre otra u otras poblaciones aledañas regularmente con un alto nivel de integración socio-económica”.  El anterior sería el caso de la zona metropolitana de Cuernavaca con los municipios conurbados de Huitzilac, Jiutepec, Temixco, Emiliano Zapata, Xochitpec y Tepoztlán. O bien “un solo municipio dentro del cual se ubica totalmente una ciudad con una población de al menos un millón de habitantes”. O también “una ciudad mexicana con una población de al menos 250,000 habitantes que forma una conurbación con una ciudad de los Estados Unidos”.
Para darnos una idea, ahí van los datos duros: La población conjunta de las 59 zonas metropolitanas de México es de 63 millones 836 mil 779 habitantes, lo que equivale al 57% del total de la población del país. Y a manera de muestra estos botones: pocas áreas metropolitanas trascienden los límites de un estado o entidad federativa: la Zona Metropolitana del Valle de México (Distrito Federal, México e Hidalgo); la Zona Metropolitana de Puebla (Puebla y Tlaxcala, pero no incluye la ciudad de Tlaxcala); la Zona metropolitana de La Laguna (Coahuila y Durango), la Zona Metropolitana de Tampico (Tamaulipas y Veracruz) y la Zona Metropolitana de Puerto Vallarta (Jalisco y Nayarit, Nuevo Vallarta).
Asimismo las zonas metropolitanas que se localizan en la frontera con los Estados Unidos forman conurbaciones transnacionales con una interacción económica y demográfica profunda. La CONAPO reconoce la existencia de dichas zonas metropolitanas y las define como los municipios que contienen al menos 200,000 habitantes y participan del proceso de conurbación con otras ciudades de los Estados Unidos de América.
Con estas cifras y categorías pasamos al concepto de “megalópolis”. Una megalópolis se define como una cadena continua de áreas metropolitanas o territorios que están relativamente integrados entre sí, como lo es el corredor de Boston-Washington, D.C. (Bos Wash) en los Estados Unidos. En 1996, el Programa General de Desarrollo Urbano del Distrito Federal propuso, por primera vez, utilizar este término para referirse a la cadena urbana del centro de México. Esta megalópolis, a la que en México se le llamó también “corona regional de ciudades”, está integrada por las zonas metropolitanas de la Ciudad de México, Puebla, Cuernavaca, Toluca, Cuautla, Pachuca, Tula de Allende y Tulancingo, las cuales también pueden formar sub-megalópolis o coronas sub regionales de ciudades, por ejemplo, la Zona Metropolitana de Puebla que forma una corona regional con Atlixco, San Martín Texmelucan, Apizaco y Tlaxcala. La megalópolis o corona regional del Centro de México está integrada por 173 municipios: 91 del estado de México, 29 del estado de Puebla, 37 de Tlaxcala, 16 de Morelos y 16 de Hidalgo así como las 16 delegaciones del Distrito Federal con una población total aproximada de 25 millones de habitantes.
En medio de tal mega ciudad y ante tales cifras demográficas sólo nos resta exclamar, al unísono con el literato filósofo en su angustia existencial y también globalizada: “no somos nada”.

TRADICIONES
Los principales efectos de la globalización sobre los países en vías de desarrollo son la marginación, pocas oportunidades de estudio y trabajo e inestabilidad económica. En  estos países se corren riesgos al salir y encontrarse con un mundo lleno de competencia, injusticia y decadencia del nivel de vida. No es posible culpar al proceso de la globalización por todos los problemas, pero es cierto que es causante de muchos de ellos. En México la fuerte influencia extranjera que gracias a la globalización hemos padecido ha ocasionado que los mexicanos adopten nuevas costumbres y tradiciones dejando a un lado las suyas.
Claro ejemplo de esto es el “Jalogüin”, impulsado por la globalización que está apoyada por los medios de comunicación, bombardeados los telespectadores con anuncios. Esta celebración ha sido integrada a la cultura mexicana, casi desplazando los ancestrales ritos del día de muertos. El “casi” es donde todavía nos salvamos con nuestras festividades de Días de Muerto en gran parte de México.
Otros ejemplos como Santa Claus y el árbol de navidad son, por decirlo así, “la bandera  de la globalización” que busca la fusión de las tradiciones de víspera de  navidad. Sin echarle piedras a la actividad comercial, pues cada quien busca “la chuleta” a su modo y además honrado, para los comerciantes no es importante el significado de la tradición, lo vital es vender los productos que representan la imagen y la modernidad de la festividad en cuestión.
Hay muchos factores en contra de las tradiciones ancestrales mexicanas, pero estamos lejos de decir que van a desaparecer. Por el contrario, con tanto paisano Estados Unidos se está mexicanizando, sin duda.  Las amenazas no son recientes, aunque en los tiempos actuales se agudizan inexorablemente, producto de las enormes influencias externas provocadas por la globalización y por los repetidos esfuerzos de las clases dirigentes por borrar cualquier rasgo que interfiera en la inserción de nuestra economía en el escenario mundial.  Eso sí, lo que está en juego es la pérdida de valores  sociales que propician el desarraigo de tradiciones, costumbres y actitudes culturales. Como ya anotamos arriba, en la actualidad el término globalización es usado para referirse al capitalismo, específicamente a la expansión de éste en el mundo, lo cual se asocia automáticamente con el vecino país del norte debido a que es la potencia en proceso de expansión. La globalización es omnipresente por ser la base de la creciente actividad financiera y ampliación de mercados a nivel mundial; es favorable para el sistema económico, pero altamente dañina para la equidad social.
La globalización  beneficia a muy pocos, margina al sesenta por ciento de la gente que se encuentra en situaciones de miseria, gran pobreza y descontento social. Mientras que los países avanzados se enriquecen, en los pobres devienen miserables y su situación decae al ser discriminados, al no poder competir con países industrializados. El abismo entre los dos extremos de las clases sociales se agranda, así que estos países, y entre ellos por supuesto México, viven en peligro de hundirse. La globalización acumula riqueza  y destruye la verdadera riqueza cultural y social. Por eso hay que defendernos como gatos boca arriba… ME LEEN MAÑANA.