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Ator贸n presupuestario

La inoperancia en procesar los asuntos públicos y la desidia de atemperar la política estatal, tarde o temprano, desembocan en problemas de colaboración y coordinación entre poderes, terreno donde nadie gana.
Cuando la gente se entera que el gobierno de Morelos no puede encontrar soluciones a los acuerdos básicos, hace crítica; sin embargo, cuando se informa que un instrumento para el desarrollo estatal como lo es el presupuesto de egresos de Morelos se entrampa, a la ciudadanía le preocupa.
La relación entre el gobierno estatal y el Congreso local no debería estar pasando por esto; delinear los recursos estatales para que lleguen a todos los municipios y localidades debería ser el tema coincidente.
Atorones: el presupuesto siempre será insuficiente y los diputados tienen compromisos en sus distritos, siendo lógico, por no decir obligatorio, que a través del presupuesto ayuden a sus municipios: primer problema. Las discordancias en los montos del refinanciamiento de Cuernavaca y la reforma a la Ley de Servicio Civil: segundo problema. Si a estos dos le sumamos que el gabinete no trae la debida interlocución para distender inquietudes y alcanzar acuerdos con los legisladores, entonces ¿quién soluciona el atorón?
El pasado domingo, cuando las posturas se endurecieron, el Secretario de Gobierno, encargado de “la relación” con el Congreso local, comenzó a escribir en redes sociales ilustrando que “estaba con los legisladores de izquierda trabajando el presupuesto”; el tema preocupante de fondo, sin considerar que gran parte de los legisladores de izquierda no están convencidos de la propuesta presupuestaria de la “Nueva Visión”, sin incluir en el análisis el problema de sus divisiones internas, o si este hecho buscaba atribuirle el costo político del atorón presupuestario a la oposición, el fondo es preguntarnos: ¿El presupuesto tendrá congruencia con las necesidades reales de Morelos?, o será un ejercicio de repartición aislada, sin sentido y sin proyección.
Lo lógico para este ejercicio de gasto público, ante la gran expectativa generada, es que lo acompañara una ley de ingresos más comprometida con la recaudación local; si no, de dónde saldrá el dinero para cumplir con las promesas de campaña; estamos claros que gran parte de esos recursos serán federales, pero también igual de nítido es que el gobierno de la “Nueva Visión” considera endeudarnos de nuevo. Para fortuna de estos trágicos temas, ya contamos con la nueva Ley de Contabilidad Gubernamental, misma que fortalece la transparencia de los gobiernos estatales y municipales; así como criterios sólidos en lo que deberá ser un manejo responsable de deudas, finanzas y la administración, bajo el pilar de hacer público, accesible y entendible el manejo de esta información.
Horas cruciales del presupuesto; momentos en los cuales los operadores del Gobernador se deben dar topes en la cabeza de lo que les hubiera facilitado no dividirse entre las izquierdas y tener buena relación con todos los partidos políticos. Los congresistas locales opositores ven mayor disposición de diálogo con el propio Gobernador que con la Secretaría de Gobierno o el Coordinador del PRD, pudiendo ser la estrategia de policía bueno y policía malo, quién sabe. Finalmente, lo importante es invitar a que integren un presupuesto morelense realista y ejecutable; que al menos las dependencias, subsecretarios y directores informen cuánto les tocó y en qué lo van a usar.
En tierras de Emiliano Zapata, habrá que adoptar una nueva frase: “Los recursos públicos no son de quienes los gestionan con sus manos”. La planificación presupuestal debe ser una plataforma de desarrollo, y para ello necesitamos funcionarios estatales que los desatoren y sepan aplicarlos.