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Algún día se sabrá

Pese a las múltiples versiones que día a día van sumándose sobre el caso Tres Marías, el meollo del asunto sigue estando en el más completo de los misterios, lo que provoca que la curiosidad de todos, pero especialmente de los periodistas, se estimule queriendo llegar a saber lo recóndito de ese espinoso caso de la camioneta con placas diplomáticas que andaba circulando por esos rumbos morelenses con tres personajes a bordo, de quienes a duras penas creemos saber los nombres.
O sea: ¿quiénes eran? Dos agentes de la CIA y un marino mexicano regresaban de un supuesto “campo de entrenamiento” de la Marina Armada de México por una brecha que los llevaría a la carretera federal México-Cuernavaca. En el entronque, la camioneta con placas diplomáticas en la que viajaban los agentes y el marino –primeramente sólo traductor y luego chofer— fue interceptada por tres vehículos tripulados por agentes de la policía federal disfrazados de civiles. La pericia de quien iba manejando la camioneta de la CIA, fuera un James Bond gringo o un Checo Pérez de la Marina, evitó la emboscada en el entronque y logró emprender la huida hacia Tres Marías… La orden de los agentes policiacos disfrazados de civiles era matarlos. A plomazos, desde atrás, por los costados, junto al vehículo, los eficientes agentes de García Luna fallaron cinco veces, en cinco intentos de homicidio, porque sus balas no penetraron el blindaje de la camioneta gringa.
Luego de ser atacada en sus flancos por tiradores emboscados, los tripulantes de la camioneta no tuvieron más remedio que parar. Sus llantas no existían y los costados y la parte trasera de su vehículo estaban destrozados por decenas y decenas de balazos. Disfrazados, los policías de García Luna y de Maribel Cervantes Guerrero descendieron de sus vehículos y se apostaron atrás, adelante y por los costados de la camioneta blindada. Volvieron a liberar sus armas mortales contra el vehículo, con la intención manifiesta de asesinar a sus tripulantes. Pero las balas no estaban marcadas con los nombres de los agentes de la CIA o del marino.
Con el vehículo inmóvil, muy maltrecho, heridos los tres tripulantes de la camioneta japonesa, pero gringa, decidieron, tal vez, darse por vencidos y se bajaron del vehículo…
… Pero no era su tiempo. En ese momento llegó la primera patrulla de la policía federal a enfrentar los hechos. Los policías disfrazados de delincuentes emprendieron la huida, para no comprometer a su mando morelense, quien había ordenado un maquillaje tipo García Luna. Una escenificación que ni los productores de las películas de James Bond se hubieran imaginado.
Todo esto lo sabemos. Es un resumen de las versiones, que una tras otra nos han alimentado las autoridades y los medios de difusión… Hoy por hoy, de lo que estamos seguros es que los policías de don Genaro García Luna tenían órdenes de matar a los tripulantes del vehículo diplomático. No sabemos qué mando policíaco ordenó las ejecuciones. No sabemos quién, encima del mando policíaco, determinó que los tripulantes de la camioneta blindada fuesen aniquilados. No sabemos por qué razón, ni sabemos por qué fin.
El culpable es el mayordomo, aunque no había mayordomo. O a lo mejor sí había mayordomo, o un personaje intermedio entre el capo y los ejecutores de los frustrados crímenes de la policía federal. Alguien que ordenó los asesinatos. Alguien que falló. Los sicarios disfrazados de civiles no cumplieron.
Por otra parte, los agentes de la CIA y el marino mexicano fueron a verificar algo que motivó la orden de asesinarlos. ¿Qué vieron? ¿Qué encontraron? ¿Qué sabían como para que los mandaran asesinar?
¿Qué es eso que llaman “campo de entrenamiento” por los rumbos del municipio de Huitzilac, por el que anduvieron husmeando los agentes de la CIA acompañados del marino mexicano? ¿Acaso una especie de búnker donde los marinos a cientos de kilómetros del mar hacen entrenamientos? ¿Será un sitio para torturas diversas? ¿Será una especie de Guantánamo en tierras morelenses?
Eso es de lo que no se ha hablado. Nadie sabe qué es en realidad ese “campo de entrenamiento”. Tampoco se ha dicho si lo que iban a verificar los agentes de la CIA y el marino mexicano lo hallaron tan ordenado como esperaban, o si las cosas ahí no estaban tan al tiro como debieran estar. Es decir, si venía contentos de cómo encontraron el tal campo de entrenamiento, o si no les satisfizo el estado del campo y venían dispuestos a interponer una queja, y eso realmente le hubiera molestado al mando que ordenó ir al encuentro de los agentes de la CIA y del marino mexicano, lo que dio motivo para mandar ultimarlos antes de que todos ellos dieran el reporte de que las cosas en el campo de entrenamiento no estaban como debían estar.
Ésas son, entre otras, las preguntas que nos seguimos haciendo: material para una novela de misterio y asesinatos frustrados. Lo que no puede negarse es que el estilo de García Luna está empezando a gastarse. Lo digo por la implicación del caso de secuestro que inmiscuyó con el tema de Tres Marías. Porque, como podremos recordar, los policías declararon que iban tras unos secuestradores, y hasta llevaban al plagiado, según testimonio del personaje que de repente entró a escena en una de las muchas versiones que se nos daban por capítulos.
Lo que no puede negarse, en cambio, es que al igual que agentes de película, nada se supo ya de los agentes de la CIA, ni siquiera qué vuelo abordaron para irse hacia ¿dónde? Pues dicen que hacia el norte. Ni tampoco hay noticias del marino mexicano que, al estilo de algún súper agente mexicano, vivió una aventura con la que seguramente podrá entretener a sus nietos que dirán: ¡A qué mi abuelo el marino, con sus cuentos de que lo andaban cazando los policías!
Sea como sea, hasta para las autoridades federales es un hecho que los policías son culpables; tanto es así que los tienen encarcelados… Hasta el martes.
 
nadiapiemonte@gmail.com