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Aciertos del Presidente

Florilí era pudorosa, pudibunda y púdica. Cuando hacía el amor exigía siempre que fuera con la luz apagada. Una noche, acabado el trance natural, su hombre le preguntó: “¿Puedo encender una luz?”. “Está bien” –autorizó la recatada Florilí. Entonces el tipo abrió la puerta del automóvil… Babalucas trabajaba en un taller mecánico. Su patrón estaba soldando una pieza de metal cuando una chispa saltó y le encendió el cabello. De inmediato Babalucas se quitó su chaqueta de trabajo y con ella empezó a golpear la cabeza del patrón para apagarle el incipiente fuego. “¡No hagas eso!” –le gritó con desesperación el hombre. “Debo hacerlo –replicó Babalucas sin suspender los fuertes mandarriazos-. Hay que apagarle esa chispa que le quema el pelo”. “¡Sí, caborón! –repuso el jefe tratando de quitarse los golpes-. ¡Pero al menos saca de la chaqueta la llave Stilson, el mazo, las pinzas, el martillo, el desarmador y la cruceta!”… Don Algón, salaz ejecutivo, le comentó a su socio en la oficina: “Estoy sumamente preocupado. Mi secretaria Rosibel está retrasada”. “Hombre –le contestó el socio viendo el reloj-. Ése no es motivo para que te preocupes tanto”. “Sí lo es –declaró con acento sombrío don Algón-. Tiene un retraso ya de una semana”… ¿Habré de rendirme finalmente? Todos los esfuerzos que he hecho para que doña Tebaida Tridua me autorice a publicar el día último de diciembre “Los Tres Chistes Más Pelados del Año” han resultado estériles, vanos, infructuosos. Continuaré porfiando, sin embargo. Sé muy bien que la presidenta ad vitam (interina) de la Pía Sociedad de Sociedades Pías es mujer tenaz, de voluntad adamantina; pero a mí me mueve el principio de que la libertad debe ser libre, y no cejaré hasta arrancarle ese permiso… Me preocupa lo bien que le está yendo a Enrique Peña Nieto. Reviso los medios de comunicación y advierto que aun quienes fueron sus más empecinados críticos reconocen ahora los aciertos que en los primeros días de su gestión ha tenido el nuevo Presidente. Me preocupa eso porque a varios presidentes he visto hacer salida de jaca andaluza y luego tomar paso desordenado y caprichoso de mula manchega. Deseo vivamente que el brillo que está alcanzando Peña Nieto no sea el de los alcaldes de enero que dicen en España, ésos que en los primeros días de su encargo lucen mucho, y luego se apagan como estrellas que en la calígine nocturna pierden su esplendoroso brillo y desvanecen en el horizonte su fulgor, cual si una niebla súbita cubriera sus rutilantes resplandores y los hiciera desaparecer en la infinitud del cosmos a la manera de… (Nota: Nuestro estimado colaborador se extiende durante 16 párrafos más en esa analogía entre los presidentes que brillan al principio y las estrellas que se apagan pronto. Por razones de espacio nos vemos en la penosa necesidad de suprimir su interesante símil)… Doña Pasita iba manejando. Un oficial de tránsito la detuvo y le dijo: “Va usted manejando con exceso de velocidad”. Replicó la ancianita: “Si me alcanzó, eso significa que usted también venía manejando igual”. El patrullero hizo caso omiso de la argumentación y le preguntó, severo: “¿Se ha excedido usted otras veces?”. Repuso la vejuca: “Muchas, cuando era joven. Pero no en el asiento delantero”… El gerente de la Cámara de Comerciantes de aquel pueblo le comentó al señor que llegó a establecerse ahí: “En este pueblo hay demasiados bares, demasiadas casas de mala nota, demasiados moteles de pago por evento, demasiados casinos de juego… Claro, el pueblo tiene también algunas desventajas”… El misionero les dijo a los nativos: “Vengo enviado por el Señor”. Gritaron los nativos a una voz: “¡Wanabumba!”. Prosiguió el misionero: “Les hablaré en Su nombre”. Volvieron a gritar los aborígenes: “¡Wanabumba!”. Declaró el misionero: “Represento al Señor aquí en la Tierra”. Y otra vez los indígenas: “¡Wanabumba!”. En eso el predicador vio el corral donde los nativos tenían su ganado. Preguntó: “¿Puedo ir a ver las vacas?”. “Sí –lo autorizó el jefe de la tribu-. Nada más tenga cuidado de no pisar la wanabumba”… Manilino contrajo matrimonio. A su regreso de la luna de miel uno de sus amigos le preguntó, curioso y pícaro, cómo le había ido en su noche de bodas. “No muy bien –confesó Manilino-. Mi novia tardó demasiado en arreglarse en el baño, y tuve que empezar yo solo”. (No le entendí)… FIN.