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–Presidente mulato y corridistas sureños…

Hoy es el Día de la Bandera, una conmemoración nacional. Está en su apogeo la feria de Iguala, no sólo por la circunstancia histórica de que cerca de esa ciudad todo el año calurosa nació el Lábaro Patrio; también porque es la cuna del Plan de Iguala, el cual se emitió el 24 de febrero de 1821, y en él se mostró una ambiciosa amplitud de miras del legado establecido por Miguel y Hidalgo y José María Morelos.
Además de la unión entre españoles y criollos americanos, los indígenas, a pesar de haber sido buena parte de la carne de cañón de la revuelta de independencia, aún no figuraban políticamente, como sigue ocurriendo hoy día. Cuenta la leyenda que al íbero Agustín de Iturbide se le ocurrió la idea de los tres colores de la bandera cuando devoraba una jugosa sandía en el abrasador mediodía igualteco. Hay que recordar que la bandera de la nueva nación se formó con los tres colores que simbolizaban las tres garantías: el blanco, la pureza de la religión católica; el verde, la independencia, y el rojo, la fusión ya citada.
En el tomo tres de la Gran Historia de México Ilustrada se leen detalles que hoy recordamos: “La tradición ubica la conferencia (de Iturbide y Vicente Guerrero) en Acatempan, pero en realidad parece haberse llevado a cabo en Teloloapan, lugar donde estaba el cuartel general del primero. Fue el famoso abrazo de Acatempan o Teloloapan, en donde ambos caudillos mostraron las huellas de una profunda emoción que les hizo derramar lágrimas. Guerrero tomó la palabra para presentar a Iturbide a sus soldados e invitándolos a reconocerlo como su jefe superior, ya que “había jurado los intereses nacionales hasta morir, si fuera indispensable, por sostener las causas de la independencia”.
Pero esas palabras no fueron suficientes para terminar con los recelos y la antipatía entre los dos cuerpos del nuevo ejército, desunidos por tantos años de guerra. Las “grillas” y conflictos surgidos después del Plan de Iguala determinaron el destino trágico de Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero. Luego de ser emperador por poco más de dos años, Iturbide fue fusilado el 19 de julio de 1824. Al autor de la frase “La Patria es primero” también le deparó el destino un fin similar. Traicionado por un marinero de fortuna, fue apresado en alta mar. Pero dos años antes de este hecho, el 4 de abril de 1829, el general Guerrero tomó posesión como presidente de México. Fue un hecho inédito en el recién independizado país. Por primera vez llegaba al poder un mulato, alguien que no formaba parte del grupo social y racial que había acaparado los principales cargos administrativos. (Se puede decir que don Vicente Guerrero se les adelantó a los gringos casi doscientos años, con eso del presidente negro Barack Obama). Agrega el libro de referencia: “Un negro subido –como se horrorizaba el enemigo de Guerrero, Carlos María de Bustamante, otro político conservador– que había acaudillado a los indígenas y mulatos que disputaron a los realistas el control de la Costa Chica y Tierra Caliente durante la guerra de independencia, un ‘populachero’ (un ‘naco’, dirían hoy los políticos ‘pirrurris’ de la derecha azulada y la parte de la izquierda falsa amarilla), como se quejaba el conservador e historiador Lucas Alamán”. El 14 de febrero de 1831 (cuando todavía no se celebraba el día del amor y la amistad), el marinero genovés Francisco Picaluga, quien había vendido armas y pertrechos a Juan Álvarez y al mismo Guerrero, lo apresó en su buque frente a las costas de Oaxaca y lo entregó a soldados del entonces presidente José María Bustamante. Guerrero fue fusilado ese mismo día en la ciudad, en la capital oaxaqueña. (Durante el paseo que se hace en yate para conocer las bahías de Huatulco, los guías muestran a los turistas una pequeña ensenada llamada “La Entrega”, según la tradición oral del paradisiaco sitio, porque en ese lugar fue, precisamente, la entrega del benemérito de la Patria). Evoquemos, pues, el Día de la Bandera.

TROVADORES MORELENSES
Para no salirnos de la oportunidad de las efemérides de febrero, hay que exaltar una que es conocida sólo por algunas personas. En este segundo mes del año (no se precisa el día) es el aniversario luctuoso de Marciano Silva Peralta, famoso compositor y trovador de corridos, bolas surianas de los tiempos de cuando el general Zapata domaba caballos y acaudillaba al pueblo en armas. Don Marciano Silva nació en 1849, es decir, que en los años de “la bola” andaba en los sesenta años y fue longevo, pues murió a los 95, en 1949. El dato más aceptado es que nació en Tilzapotla (Puente de Ixtla), a los tres años se lo llevó su familia a Santa Rosa Treinta (Tlatizapán) y falleció en Cuautla. A don Marciano Silva se le reconoce como el “máximo exponente de la trova tradicional morelense”, algo así como si dijéramos hace pocos años lo eran Silvio Rodríguez y Pablo Milanés para la Revolución Cubana. A Marciano Silva se deben corridos de gesta sobre hechos de guerra y batallas memorables libradas por el Ejército Libertador del Sur, entre ellas, La bola de Tlaltizapán y El Quinto de Oro, corrido en alusión al Quinto Regimiento del ejército federal porfirista que, no obstante ser el mejor capacitado y pertrechado del viejo régimen, fue vencido en una de las primeras batallas de los rebeldes para la toma de Cuautla, en 1911. Además está su composición sobre la toma de Chilpancingo, entre muchas más.
A propósito de don Marciano Silva Peralta, los datos son parte de un trabajo titulado “Historia de Zapata y el zapatismo a través del corrido”, una compilación publicada en febrero de 2011 por la periodista Elsa Castorela Castro que consta de tres discos y un libro de pequeño formato de 72 páginas. En la presentación del mismo se explica: “desde la perspectiva musical (la compilación) rescata 43 corridos interpretados por 27 cantantes, 24 de ellos hombres y 3 mujeres. Algunos de los interpretes van acompañados del segundero, ese personaje que sin querer ser protagónico tampoco desea perderse en el anonimato (ya que) se convierte en actor dinámico al actuar a la sombra del primero…”.
Del carácter de los músicos morelenses, el autor de la presentación, el cronista Agur Arredondo Torres, señala que el corridista es una mezcla de géneros musicales y estilos literarios: a veces trovador, a veces juglar; en un momento toca chotis, en otro una bola suriana, más tarde danzón. Añade: Lo que los identifica y los une es una historia real cantada: “Poetas callejeros, literatos de esquina, intelectuales de banqueta o como señala (…) Jesús Peredo Flores, campesinos ilustrados”. Describe el texto que el corridista es a veces compositor, en ocasiones intérprete, pero ambos son herederos, depositarios, eslabones y transmisores entre dos o más generaciones inmediatas de la memoria histórica de su región.
La compilación está concebida, también, como homenaje a Marciano Silva Peralta, incluida por el presentador una carta del trovador al general Zapata que reproducimos aquí:
“Muy señor mío: Tengo el honor de remitirle adjuntamente con ésta tres composiciones de cinco que me indica usted, que son Las huachas, La fuga de un tirano y La canción de los federales; no le envío a usted La captura de Cartón en Chilpancingo ni Los versos de Maya a consecuencia de que el día seis que bajé a Jojutla, obtuve unos datos interesantes, tanto de la muerte de Maya como de Cartón en Chilpancingo y voy a reformar esas dos composiciones. En lo sucesivo, si usted las necesitare, estaré pronto a remitírselas, como también al señor Paulino Martínez, si juzgare conveniente ponerlas en su valiente periódico. Quedo como siempre esperando vuestras órdenes. Marciano Silva, 20 de octubre de 1914”.
En el libro se le da crédito del rescate de esa carta a la investigadora Catherine Heau, quien la reprodujo del original que se encuentra en el Archivo General de la Nación.

DE LOS PLATEADOS A
LA CANCIÓN DE AMOR
Como narrativa, “La historia de Zapata y el zapatismo a través de los corridos” representa –escribió su autora– 150 años de testimonios y significan las impresiones y narraciones de los poetas que acompañaron a Zapata en la lucha. En ellos se puede escuchar la belleza literaria de sus crónicas en las que se relatan las victorias de las tropas zapatistas, el exterminio de los pueblos que exigían la restitución de sus tierras arrebatadas por los hacendados en los estados de Morelos, Puebla, Tlaxcala y Guerrero, principalmente.
El tránsito musical inicia con El corrido a Lorenzo Caspeta, del mismo Mariano Silva, llamado “duelo”, y narra la muerte del personaje ocurrida en 1877. A Caspeta lo acusaron de ser parte de la gavilla de Nicolás Páez, integrante a la vez de Los Plateados. El segundo es el Corrido suriano a Maximiliano, que se atribuye a Juan Montes o al mismo Silva Peralta. Entre otros, está el Corrido a Emiliano Zapata, del trovador de Jiutepec Isaías Alanís Tapia, como también el titulado Despedida a Victoriano Huerta, que narra la salida del asesino de Madero y quien se fue “dejando a la patria de negro duelo… Allá en la vieja Europa, asilo de mendigos, se ocultan los bandidos, no sé por qué razón”. Entre las canciones de duelo por la muerte de Zapata está otra composición de Marciano Silva: “Murió el caudillo, enemigo del español. Con el acero en las manos y con su propio valor, gritaba muera el tirano, el déspota y el traidor…”.
Como se puede leer, la compilación abunda en datos, anécdotas, y sobre todo, la riqueza de recursos poéticos de los trovadores de Morelos, lo cual se puede constatar en la carta de Marciano Silva a Zapata. El corridista era un juglar, un creador de versos y rimas para narrar hechos reales. En otras palabras, los cronistas sureños tuvieron por mérito presenciar los acontecimientos y documentarse para reseñarlos en sus bolas y corridos. El libro se lee escuchando los corridos de los tres cidis. Es una lección de historia viva en la voz de autores e intérpretes. Uno se imagina que pareciera que el tiempo se detuvo en tiempos de la Revolución. Nada más falta que en uno de los discos salga la voz de Emiliano Zapata, felicitando a los corridistas sureños. ¿Puede ser?... ME LEEN MAÑANA.

jmperezduran@hotmail.com


Aquella sandía carnosa de tres colores salió del montón como ya estaba escrito, la misma tarde caería en las manos y boca de un hombre trabajador con muchas ideas conforme a nuestro destino, engalanar hoy la plaza con la bandera nacional que ondee en el mástil. Les ganamos 200 años a los vecinos del norte, a ver si también les ganamos en elegir primero una Gobernadora Universal por el internet, que dice; adornar la historia con corridos para cantar los méritos de los héroes, se necesita mucho amor a la patria para inspirarse en que la patria es primero, aquí tienen un poema que escribí en el 2000 hace trece años, y si juzgare conveniente ponerlo en su valiente periódico porque a pesar del camino áspero donde ha dejado una profunda huella Emiliano Zapata debemos seguir por el mismo llueva o truene.
Cuando en las tardes de dulce melancolía, viene a mi mente el recuerdo de tu amor frustrado, cierro mis ojos e imaginando tu rostro casi olvidado, en la última vez que me dibujaste una sonrisa. He perdido lo que más me hacía desear la vida, ya no debo porque temer a la muerte, otros brazos te apartaron de mi lado, solo espero convertirme en una pálida sombra. Pasa el tiempo son largos los días y las horas, no aparto mi pluma de mi libro y paso escribiendo lo que no quiero. Sabes? imagino que no tienes idea del sufrimiento que recorre mis venas, por un momento de descuido el destino te arrebato de mi lado. Me duermo acordándome de los días brillantes de sol, de los lluviosos cobijada en tus brazos de los de viento fresco y olor a tu piel pero, cuando abro mis ojos la pesadilla de todo el tiempo de no tenerte me persigue siempre. Desde el país de UTA es canción. Biologa Angelina Alvarez Moysen