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–Contradicciones de un mito...

El tema viene a cuento porque el próximo miércoles 8 celebraremos el 133 aniversario del nacimiento del general Emiliano Zapata Salazar, cuando la avalancha de loas y elogios palidece la parte humana. Sin afán de sumarnos a los detractores –su obra, carisma y vida rebasan  con creces sus defectos y errores, que los tuvo, y muchos–, en este espacio atrilero de los domingos intentamos un breve repaso de ataques que en vida y después de muerto le han propinado al Caudillo del Sur. Antes de entrar en materia es pertinente incluir la conclusión a la que llega Carlos Tello Díaz, historiador y tataranieto de don Porfirio,  quien en su libro El exilio: Un relato de familia asienta que los descendientes del dictador tenían un “odio  patológico” a Zapata, no sólo por haber acabado con toda una época de esplendor porfiriano, sino por haber exterminado de Morelos a la todopoderosa oligarquía cañera, entre quienes se encontraban integrantes de la flor y nata porfirista. Claro, sus corajes estaban a resguardo en Nueva York y París, a donde fueron a dar los porfiristas, en la primera urbe los que debían trabajar para vivir, y en La Ciudad Luz, los que no tenían necesidad de hacerlo. También por haber cebado su venganza contra Ignacio de la Torre y Mier, por haber sido uno de los autores intelectuales del asesinato de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, así como por haberse hecho pasar por “general zapatista” para acaparar maíz que revendía a la gente de los alrededores de su hacienda de toros de San Nicolás Peralta. Dueño también de la hacienda de San Carlos Borromeo, De la Torre y Mier era, pues, parte de esa clase extinguida por el zapatismo, de modo que no fue para menos el odio de sus parientes políticos y amigos. Pero a todo esto, el descendiente de don Porfirio advierte en esa conclusión que, con toda y la inquina de los porfiristas, Zapata fue el revolucionario “más puro e íntegro” de todos los caudillos de la Revolución Mexicana. Viniendo de un descendiente de la clase enemiga del zapatismo, a tal afirmación de Carlos Tello Díaz poco hay que agregar...

VERSIONES
DE LOS DETRACTORES
Una revisión de textos sobre el movimiento zapatista lleva a clasificarlos en tres tipos: los que elogian y defienden al héroe de Anenecuilco, los neutros y aquellos por los que es atacado. Entre estos últimos están dos escritos por Pablo González, hijo del general del mismo nombre y autor intelectual de la emboscada de Chinameca. El primero se titula Zapata, reaccionario y traidor, y el segundo, Zapata no merece homenaje alguno, el cual fue presentado como un estudio monográfico en el Congreso Nacional de Historia de la Revolución,  en 1979. A través de sendas obras, el ingeniero González despotrica contra Zapata, en una abierta intención de reivindicar la memoria de su padre, arrumbado en el basurero de la historia y de la política nacionales, al consagrarse a Zapata como el “apóstol del agrarismo” por los gobiernos priistas postrevolucionarios. Arduo el trabajo que se echó a cuestas González Junior, si consideramos que su padre propició que los zapatistas le apodaran a él y a sus tropas –en lugar del Ejército Constitucionalista– el “ejército con-sus-uñas-listas”, por el inalterable método de saquear desde casas humildes hasta residencias, hurtos de los que no se salvaban ni las iglesias. El verbo “carrancear” se sigue usando como sinónimo de “robar”, puesto que los soldados federales eran conocidos también como carrancistas, por estar subordinados al primer jefe de la Revolución, Venustiano Carranza.
Otro par de títulos que pueden considerarse como detractores de Zapata y el zapatismo son Emiliano Zapata y las grandes mentiras de la Revolución Mexicana, de Armando Ayala Anguiano, y la novela Zapata, de Pedro Ángel Palou, publicada en 2006. Del texto de Palou se puede afirmar que, sin ser un libro “en contra”, el autor utiliza aquel rumor de la supuesta relación –más allá del trabajo de caballerango– de Zapata con el ya mencionado yerno de Porfirio Díaz, Ignacio de la Torre y Mier. Tal “anécdota” en la biografía de ambos personajes fue y ha sido  absolutamente rechazada como parte de la biografía oficial y popular del jefe de la Revolución del Sur, y se suma a la serie de hablillas sin fundamento que anotaremos más adelante. Por ser una obra de ficción, la novela Zapata no se apega estrictamente a la cronología de hechos ni se compromete como investigación histórica a comprobar la veracidad o falsedad del supuesto episodio, por lo que no se puede calificar a tal texto como “novela histórica”, sino como una “recreación ficticia” de la leyenda. Para ilustrar lo anterior, recurrimos a varios biógrafos de Zapata, quienes coinciden en ubicar el regreso de Zapata de la Ciudad de México después de haber trabajado seis meses con De la Torre, a principios de septiembre de 1910; es decir, días antes del inicio de los festejos en la gran capital por el centenario de  la Independencia.
Sobre el libro Zapata y las grandes mentiras…”, de Ayala Anguiano –por cierto, fundador de la revista Contenido–, se puede apuntar que siguen el hilo conductor de las dos obras citadas: ataques con aseveraciones infundadas y verdades a medias. Este libro se publicó en 1985 y, reimpreso en 1998, es uno más de los textos aislados antizapatistas. Se caracteriza por la falta de rigor histórico y documental de su autor, quien queda en evidencia al detectarse en la lectura su tendencia cargada más al sensacionalismo que a la indagación y exposición imparcial. Con todo, tal libro resulta interesante porque –digámoslo así– aporta la parte “negativa” o “defectuosa” de los errores de Zapata y su movimiento. Para explicar esto último, hay que remitirse a una cita textual donde advierte el autor: “Abundan los materiales para escribir un libro antizapatista más. Esta tarea resultaría muy fácil, muy tediosa y muy inútil; en cambio podría ser interesante tratar de averiguar por qué un personaje tan discutible como Zapata ha alcanzado tanta preeminencia, al grado de convertirse en uno de los héroes más venerados de México, de haber servido de tema para una película de Marlon Brando, de haber dado su nombre a un conjunto de rock’n roll, de que su figura fuese desplegada en miles de posters que tuvieron gran demanda entre la juventud mundial y hasta haber impuesto su estilo de bigote a multitudes de hombres en los años sesenta. En suma, para tratar de hallar respuesta a preguntas como la siguiente: ¿cómo surgió o fue fabricado el mito zapatista, y por qué razón ha sobrevivido hasta nuestros días?...”.
Para argumentar la “maldad” de Zapata, a todo esto hay que sumar otros asuntos no menores utilizados por los antizapatistas de ayer y hoy, como el no haber intercedido en el consejo sumario de guerra contra su compadre y autor del Plan de Ayala, Otilio Montaño
 
EL MITO “POSITIVO”
La réplica a la cuestión de Ayala Anguiano puede encontrarse en una cantidad mayor de investigaciones, biografías y ficciones sobre Zapata que las que se han hecho en su contra. Incluimos algunas rastreadas a lo largo de no pocas lecturas. Una de las recientes interpretaciones que de hecho vienen a contestar la pregunta del antizapatista Ayala Anguiano se debe al historiador Salvador Rueda, quien adjudica la existencia del mito de Zapata a que en vida se convirtió en un símbolo, ya que “su mera presencia liquidó una época”, además de otros factores que van de la historia al mito y viceversa. Y cita este autor: “El 10 de abril de 1922, con el discurso de un orador ante el presidente Álvaro Obregón (frente a la tumba del caudillo en Cuautla), Zapata dejó de ser asesino para convertirse en héroe revolucionario”. Tal condición sería refrendada por Plutarco Elías Calles en el quinto aniversario luctuoso. El mismo autor refiere que “en vida, Zapata era centro de explicaciones populares que destacaban su personalidad poco común, que tenía pacto con el diablo o tener secretos inaccesibles al común de la gente, como la ubicación de tesoros fabulosos o que los accesorios y joyas en su atuendo eran claves de esos conocimientos por el uso de adornos de plata y anillos que tenía un doble o nahual…”. Como hombre y símbolo viviente –concluye Salvador Rueda–, la muerte del caudillo tendría que convertirse en su “no-muerte”. La versión de que en Chinameca lo sustituyó un doble, que “el “verdadero” se fue a Arabia con su compadre, el árabe Moisés Salomón, era la necesidad de la gente de los clanes de Morelos, “por no quedarse sin padre”, así que el mito se restringe –en ese y otros aspectos personales y comunitarios– a los pueblos que convivieron con su “héroe mágico” y, quizá por no aceptar esa orfandad, es que Zapata es el único héroe cuyos restos no están en el Monumento a la Revolución de la Ciudad de México, sino en la Plaza del Señor del Pueblo de Cuautla, extensión del atrio de dicha iglesia. Por nuestra parte, podemos concluir que resulta significativo ese entrecruzamiento entre historia y mito de Zapata que, además de no compartir el panteón con los héroes de la Revolución, sus restos estén en la circunscripción de un templo católico, como detalle adicional del intento de hagiografía popular, es decir, de la santificación laica  –por decirlo de alguna manera– del héroe del agrarismo.
A más de un siglo de distancia y considerando las contradicciones humanas y míticas de un personaje de tal magnitud histórica y popular, el hecho es que con Emiliano Zapata se comprueba que la ideología –que en el caso de los morelenses es pertenencia a la tierra como origen de todos los sustentos–, más los hechos y carisma del Caudillo, continuarán fusionándose para mantener su carisma en nuestra memoria. Y sí… ME LEEN MAÑANA.
 
jmperezduran@hotmail.com


Tengo entendido que el primer luchador morelense revoluciuonario fue Pablo Torres Burgos. Zapata se comprometió a apoyar el inicio de la Revolución y no quiso comprometerse. Por lo demás he leido que Zapata luchó contra Madero y después contra Victoriano Huerta quien en un principio apoyó y todo porque era dirigido por Felix Diaz quien se sintió traicionado por los autores del "plan de la embajada" porque se sentía heredero de Dopn Porfirio. Félix Diaz e Ignacio de La Torre apoyaron a Zapata para que Don Porfirio le cediera a los de Anenecuilco la hacienda " El Hospital" Inclusive el automóvil que condujo a Madero a la muerte salió de la casa de Don Ignacio.2

He tenido en mis manos libros y películas traducidos en otros idiomas que dicen que Emiliano Zapata es el héroe de la Revolución Mexicana, está claro que su papel era proteger y no atacar. Tengo la impresión de que vestido de brocado y con ese bigote tan peculiar era un hombre encantador que vale por mil, con carisma de caudillo montado en su caballo vigilando cada uno de sus movimientos hizo una selección de palabras exactas sin tener mucho tiempo para meditar en ello "Tierra y Libertad", esta es la prueba evidente de lo que había que defender y asi quedaron grabadas para siempre estas palabras en el corazón de los morelenses y mexicanos, trazó y escribió el Plan de Ayala todo seguido retratandose a si mismo en su proyecto. Hablando francamente creo que somos los auténticos de aquí los que tenemos que encargarnos de cuidar este proyecto y las clases de agricultores, artesanos, comerciantes, médicos, políticos, etc. con toda la fuerza posible, desde el país del kendo. Biologa Angelina Alvarez Moysen