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–Atila en Ayoxuxtla...

Realizado en Cuernavaca el pasado martes 20, en el desfile conmemorativo del 102 aniversario del inicio de la Revolución Mexicana no pasó desapercibido un detalle a los espectadores apostados frente a la parte posterior del Palacio de Gobierno: el narrador-comentador del paso de los contingentes anunció por los altavoces la llegada a ese punto de los integrantes del Frente de Veteranos Zapatistas de Morelos. Pero eso no sucedió; tal vez se trató de un error de logística de los organizadores haber incluido a los herederos del Frente, o de plano nadie de la agrupación avisó de la inasistencia de los zapatistas. Como quiera, los espectadores se preguntaron: ¿y los veteranos...? El detalle puede ser menor, pero ilustra la flaca memoria que no debemos permitir que se apodere de las nuevas generaciones. El hecho de la invocación de los descendientes de los zapatistas originales, mientras en la calle quedó el hueco del que era el último contingente del breve desfile, es botón de muestra de lo que no debe suceder: dejar al final de la fila de la historia y mentar a héroes reconocidos y anónimos sin tener en cuenta la contribución de los zapatistas, mediante penas y esfuerzos, para ser lo que somos como morelenses y mexicanos. También para que gobernantes y legisladores no crean que inventan el agua tibia en materia de vindicaciones y eliminación de carencias de la gente, puesto que el espíritu de la justicia y la libertad nos viene de las luchas como las emprendidas por nuestros paisanos de hace un siglo.

Estas observaciones dan pie al tema del aniversario de la proclamación del Plan de Ayala, cuya fecha oficial y asentada en el mismo documento es el 28 de noviembre, de modo que se conmemora el próximo miércoles. Lo cierto es que entre el 20 y el 21 de este mes, pero de 1911, en el primer año del levantamiento maderista, los jefes del naciente Ejército Libertador decidieron una retirada táctica a las montañas de los límites con Puebla, ante los ataques del ejército porfirista-maderista y el incumplimiento de Pancho Madero a la cuestión agraria.

El historiador Francisco Pineda Gómez detalla la reacción militar de los pueblos de Morelos en armas, en el libro La Revolución del Sur 1912-1914, los tres años de arranque, consolidación y difusión del Plan de Ayala cuya firma entonces se dio gradualmente entre el 25 y 28 de noviembre de 1911 por el paulatino arribo de generales y coroneles zapatistas para signar el Plan, cuyos descendientes, valga la paradoja, esta vez dejaron de asistir a la conmemoración del levantamiento maderista, quizá como recordatorio involuntario de que la revolución morelense –la revolución agraria, pues– comenzó hasta marzo también de 1911, con la tumbadera de tecorrales de las haciendas Coahuixtla y El Hospital que encabezó el mismísimo Zapata en las tierras de Villa de Ayala, Yautepec y Moyotepec, para devolver a las comunidades campesinas sus parcelas.
 
LA REVOLUCIÓN POR LA TIERRA
Sobre los antecedentes y consecuencias de tales hechos, Pineda Gómez escribió:
“En los meses que siguieron a la caída de la dictadura porfirista, los zapatistas buscaron que se cumplieran sus justos reclamos sobre tierras, montes y aguas. Fueron tolerantes hasta lo imposible. Aguantaron que el ejército masacrara tropas surianas en la plaza de toros de Puebla, cuando esos hombres y mujeres humildes, con sus hijos, sólo habían ido ahí a dar la bienvenida al líder del movimiento triunfante, Francisco I. Madero. Aguantaron el asesinato de Gabriel ‘El Viejo’ Tepepa, uno de los jefes más queridos y respetados del Ejército Libertador quien, a sus setenta años, era tan aguerrido como cuando combatió a los invasores franceses en Puebla. Aguantaron el intento de asesinato de Zapata el 1º de septiembre de 1911 en Chinameca. Lo que no toleraron fue que cuando finalmente, el 6 de noviembre de ese mismo año, Madero llegó a la presidencia, se negara a cumplir las demandas de los campesinos y, en cambio, el nuevo gobierno volvió a ejecutar una maniobra para asesinar a Zapata en Villa de Ayala. Entonces se acabó la tolerancia. El 25 de noviembre de 1911, ocho generales y veintiséis coronales del Ejército Libertador promulgan el Plan de Ayala y declaran la guerra al gobierno de Madero. Con esa proclama y la ruptura terminó un ciclo revolucionario, acabó de nacer el zapatismo. Sus principales  rasgos estaban trazados. El Ejército Libertador ya era una fuerza popular autoorganizada, con una capacidad militar considerable, unidad y fuerza moral, independencia política, un liderazgo radical y su propia bandera de lucha, el Plan de Ayala”.
Por ello es que, agrega el autor citado, en Ayoxuchtla, en el poblado sureño donde lanzaron el Plan de Ayala, se inició una guerra que duró exactamente tres años. Desde entonces, su meta para hacer cumplir el Plan fue derrocar al gobierno. El medio que emplearon los zapatistas fue hacer la guerra hasta llegar a atacar la Ciudad de México. Ese propósito general fue señalado en aquella proclama histórica, mientras que los planes aparecen de manera explícita en comunicaciones internas que escribió Emiliano Zapata. Estos son documentos que contienen instrucciones precisas para llevar a cabo tres campañas militares para atacar la capital del país en 1912, 1913 y 1914.
La primera campaña sobre la capital, marcada para estallar el 15 de septiembre de 1912 en pleno Zócalo, involucró la infiltración de combatientes en la metrópoli y un conjunto de operaciones de guerrilla suburbana. El plan consistió en realizar un ataque simultáneo desde y por fuera de la capital.
El inicio de la segunda campaña, ya bajo la dictadura huertista, se puede ubicar a mediados de mayo de 1913. Fue el momento en que el general Emiliano Zapata designó al general Ángel Barrios, anterior jefe insurgente magonista, para llevar a cabo la preparación de la invasión de las montañas próximas a la capital. La correspondencia que sostuvieron Zapata y Barrios, entre mayo y octubre de ese año, muestra los detalles de los preparativos y la coordinación que hubo con la red urbana zapatista en la capital del país.
El plan de la tercera campaña que terminó con la caída del régimen militar de Huerta en julio de 1914, consistió en realizar las acciones desde la retaguardia, controlar por completo el estado de Guerrero, avanzar sobre Morelos y atacar la Ciudad de México. Finalmente, la noche del 24 de noviembre de 1914, el Ejército Libertador ocupó la capital del país, combatiendo al Ejército Constitucionalista. Nueve días después, cuando arribaron las tropas de Francisco Villa, los hombres del sur entregaron el Palacio Nacional al gobierno designado por la Convención de Aguascalientes.
 
EL ATILA MEXICANO
No hay que olvidar que el 25 de julio de 1911 la prensa Porfirista y después Maderista, específicamente el periódico El Imparcial, le adjudicó a Zapata el mote de “El Atila del Sur”, en alusión a aquel caudillo de los bárbaros conocido a su vez como “La Furia de Dios” que estuvo a punto de destruir el centro de Europa. El hecho es que periódicos como La Era, El Universal y el ya mencionado no bajaban de “criminal a Zapata y sus hordas de salvajes”, en una clara actitud racista y discriminatoria que se conservó y alimentó durante el Maderismo y el Huertismo, arreció con el Carrancismo y terminó no con la muerte de Zapata en 1919, sino un año después, ante su tumba en Cuautla, cuando comenzó a gestarse el calificativo justo de apóstol del agrarismo.

EN LA SIERRA POBLANA
El historiador Francisco Pineda Gómez describe así la región donde se terminó de redactar el Plan de Ayala, a cargo del pastor metodista José Trinidad Ruíz y el maestro Otilio Montaño:
 “En la región donde se encuentra Ayoxuxtla convergen los estados de Morelos, Guerrero, Puebla y Oaxaca. No es un ‘territorio vacío’ y tampoco es una zona donde ‘las preocupaciones de la raza indígena, que es la dominante, impiden su desarrollo’, como escribió Francisco Leyva, primer gobernador de Morelos. Nada de eso. En esa palestra de cerros y cañadas, la historia  niega los supuestos del racismo. El pasado de los habitantes de esta sierra, más bien, resulta crucial para comprender la historia antigua y moderna de México. El maíz cultivable, la escritura numérica y la astronomía mesoamericana, los símbolos del sol y del jaguar (tecuani), echaron sus primeras raíces en la tierra donde se proclamó el Plan de Ayala. Se juntaron como tres mil rebeldes en Ayoxuxtla, sobre las barranca de los Atopules, entre los montes Piztilihuic, Coautotola, Tlacomalco y Cihuapile. Como medida preventiva, se colocaron avanzadas en los tres puntos que permiten controlar el acceso al poblado: al sur, Cohetzala; al norte, Jolalpan y Los Linderos. Desde ahí se pueden observar los pueblos al pie de la sierra y más allá: Chiahutla, y en el gran valle de Amilpas, Axochiapan, Tepalcingo, Izúcar, Jonacatepec  y Cuautla. En el horizonte se dibuja la gran sierra del Ajusco que protege a la capital del país y el volcán Popocatépetl, más elevado y más completo cuando se mira desde el sur”.
 
EL MUSEO DEL ZAPATISMO
A cien años de distancia, en el paisaje morelense aún se ven los esqueletos de las haciendas y el chacuaco a veces humeante del ingenio de Zacatepec; se perfila sobre Yecapixtla, casi a las faldas del volcán, una termoeléctrica, y bajo esas tierras, el gasoducto. La plancha multicolor de viviendas e industrias se come a la mancha verde de los cultivos. Un desarrollo material y técnico cuyos dividendos siguen sin ser equitativos para la gran mayoría de la población. A ciento dos años, el Plan de Ayala es letra pendiente de pagar, y aunque las ceremonias y desfiles conmemorativos tiendan a desdibujar de la memoria colectiva las obras de caudillos y pueblos en armas, el espíritu crítico y combatiente del zapatismo se mantiene vivo. Soslayadas por gobernantes del pasado viejo y reciente, hay  facturas pendientes, por ejemplo, el Museo del Zapatismo en el casco de lo que fue el antiguo Hotel Moctezuma. ¿El gobernador Graco Ramírez y el futuro alcalde Jorge Morales Barud podrán acordar tal obra? Los lectores que tengan dudas o certezas, comuníquenlas al correo atrilero… ME LEEN MAÑANA.
 


C. EDITORIALISTA DE ""EL IMPARCIAL""
Soy estudiante de término en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad De Guanajuato, y para mi tesis me es elemental la siempre apreciable ayuda de las organizaciones periodísticas mexicanas siempre atentas a sus lectores. La redacción e investigación de ustedes publicada la tengo por demás completa, sin embargo dicho por mis sinodales, revisores y juzgadores académicos me dicen que todos mis contenidos son muy buenos pero les falta algo que se salga de lo común siendo mi tema de tesis- ""Reacciones inéditas de la independencia de México""
Mi abuelo me asegura que en el Diario El Imparcial, entonces de circulación nacional,- hace muchos años en su juventud que no precisa por tener Alzheimer, dice se publicó en completas planas central desplegado de nombres y firmas de todos los Insurgentes.
Si fuese necesario el desembolso económico de sus servicios así lo habré de agradecer, me es necesario un diario original que contenga exactamente ese desplegado de tales firmantes en su publicación. De cualquier manera que se sirvan ayudarme su apoyo será mencionado y exaltado en mi tesis. Ya sea de forma de apoyo gratuito ó remunerado. lo cual como ustedes comprenderán y teniendo un tiempo limitado, me es urgente, pues, necesito de ese apoyo para el éxito de mi tesis, mi fecha de presentación de tesis, es julio del 2013, por lo que para su preparación de su incluido, mientras más pronto mejor, debido a que es indispensable su revisión previa por los sinodales a entregarse en fines de marzo del 2013.
POR LAS FINAS ATENCIONES QUE SE SIRVA USTED PARA LA PRESENTE DE ANTEMANO ENVÍO INFINITAS GRACIAS
Atte.- Alfredo Sandoval Reyes. Ave. Calzada Insurgentes 474-16, Barrio Calzada de Guadalupe. Entre Calle Ébano y Laurel. C.P. 36580 Irapuato, Gto. Celular (462) 115 2259. CORREO E- halcones20@hotmail.com

¿Qué pasó con la viuda de Zapata?. Por ahí leí,que se las vio muy duras economicamente. ¿Qué generales o de rango similar se enriquecieron en la posrevolución?. Es necesario ocupar esta ausencia de la historia. Quitárselas a los que mandan. La figura de E. Zapata. la han pervertido para cubrir sus ineptitud y traición a los objetivos del zaptismo. Hubo avances; pero bastantes alejados de lo que se buscaba. Los costos fueron muy, pero muy altos y el beneficio fue muy poco. Por ello, es necesario conocer esa parte de la historia, que nos ilustraría que E. Zapata fue traicionado en vida e inmediatamente despues de su muerte. Quienes oficialmente lo honrran han despojado su figuara y sus ideales. Tal vez por eso, los veteranos decidieron no marchar