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–¿Cuándo la historia del periodismo de Morelos...?

De ahí la importancia de meterse un poco en la memoria de una región y conocer algunos hombres que cubrieron las características mencionadas, para tener “un norte” de valía.
En este dominguero espacio hemos abordado ya a los políticos liberales de épocas pasadas, específicamente del siglo XIX, porque en él se acabó de forjar la nación mexicana. Interesa ahora anotar algunos rasgos de escritores y periodistas que intervinieron, militar, política y periodísticamente, en esa conformación. El listado es largo, pero lo acotaremos a unos que consideramos “adelantados” a la época que les tocó vivir y que por ello se convirtieron, ellos mismos por su vida y obra, en novedosos y vanguardistas, alguno a costa de su vida misma. En este punto hay que decir que sigue pendiente una historia de la actividad periodística, antecedentes, orígenes, pioneros, fundadores de periódicos. Sin esa historia del periodismo y de los periodistas, la historia de Morelos como entidad seguirá incompleta. Hay algunos apuntes por aquí y por allá, pero no un trabajo sistemático y de recopilación que aporte lo necesario para esa necesaria monografía. Quizá a algún avezado catedrático de comunicación o estudiante de lo mismo “se les prenda el foco” y se animen a llevar a cabo tal proyecto. La tarea es grande y compleja, quizá requiera de un equipo, de una institución, de un organismo –o de todas esas instancias juntas– para acometer el reto. La historia del periodismo en Morelos, desde su creación como Estado Libre y Soberano, es, pues, una obra pendiente y urgente. Como simple y sencillo apunte, aquí van unas breves reseñas de periodistas del siglo XIX y descripciones de los medios en los que publicaron sus ideas, proyectos, opiniones y críticas, que van desde los papeles sueltos a los periódicos considerados ya “modernos” o industrializados. Insistimos: los personajes reseñados no agotan la lista, pero son buenos ejemplos a seguir… hasta donde las posibilidades de cada quien nos lo permitan.
EL PAYO DEL ROSARIO
Es el apodo o seudónimo de Pablo de Villavicencio, sinaloense nacido  en 1796 y asesinado en Toluca en 1832. El apelativo proviene del personaje popular (El Payo), que es valentón, pendenciero, audaz. El Rosario es su pueblo. La singularidad de este precursor del periodismo de denuncia radica en que fue el escritor de hojas sueltas impresas que más ocasiones se intentó acallar durante la primera década de la Independencia de México, lapso cuando tuvo una activa participación. Imprimió 624 papeles sueltos y un periódico, nutrida la discusión pública por la efervescencia de la participación política callejera y de plazas, de modo que los papeles sueltos y escasos periódicos se leían en voz alta a la gente –una gran mayoría– que no sabía leer ni escribir. Con la aplicación del reglamento de la libertad de imprenta o utilizando las facultades extraordinarias del Ejecutivo, El Payo del Rosario fue el autor más perseguido por sus impresos, desde sus primeras publicaciones en 1822 hasta 1832, cuando fue asesinado por las fuerzas del presidente Anastasio Bustamante, cansado de las sátiras y burlas de que era objeto por la pluma de Villavicencio.
En los diez años que El Payo publicó sus invectivas hojas sueltas, fueron jefes políticos y militares del naciente país, Agustín de Iturbide, Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero y Anastasio Bustamante. Con todo y lo liberales, insurgentes y adalides de la libertad como eran los primeros presidentes (salvo Iturbide, que se hizo proclamar emperador), no dejaban de ser “hombres fuertes”, caudillos casi omnipotentes que debían imponer presencia y poder a sus muchos enemigos y a la crítica mordaz de la voz popular a través de la pluma de El Payo del Rosario que les era simplemente inaceptable. Quizá lo bravucón y busca pleitos lo adquirió El Payo porque a los quince años, siendo aprendiz de sastre, se unió a las filas insurgentes, en una de las primeras batallas fue herido de bala en una pierna y la cojera le impidió participar de la campaña rebelde. Al parecer, la impotencia de no poder disparar balas la desahogó El Payo del Rosario echando tiros con sus escritos. Ahí va un ejemplo del efecto de sus burlas, puesto que el escritor-periodista sinaloense agarraba parejo: a los españoles le decía “pollos”, a los mexicanos “gallinas” (incluyendo al Presidente en turno), a los ingleses “perros” y a los norteamericanos “coyotes”. A unos meses de ser promulgada la Constitución de 1824, Pablo Villavicencio enfrentó su primer juicio de imprenta por la denuncia de sus papeles que, vale agregar, eran las delicias de la gente que se desternillaba de risa, identificando a quienes se refería El Payo en sus fábulas periodísticas. Un botón de muestra: “O se destierra el coyote o mata a nuestras gallinas”, publicado el 11 de febrero de 1824, y después: “El hijito del coyote que cuidaba a las gallinas o sea, suplemento al número primero de su señor padre”, libelos en los que el coyote era el embajador estadounidense, el hijito el Presidente y las gallinas los mexicanos. Así continuó su carrera El Payo, huyendo de las órdenes de aprehensión, de las cárceles y de los matones de los jefes vilipendiados, hasta que los matones de Bustamante lo encontraron en una calle de Toluca y lo cosieron a balazos.
 
ZARCO, LIBERAL Y CRÍTICO
DE LOS MODERADOS
La grilla política en que se dio la etapa más activa del duranguense Francisco Zarco estaba conformada por conservadores y liberales, los primeros calificados de ortodoxos y reaccionarios por los segundos, mientras éstos, a su vez, eran señalados por sus enemigos ideológicos como radicales y jacobinos. Entre ellos, los liberales se catalogaban como “puros”, “progresistas” ,“moderados”. Como político, Zarco fue representante de su natal Durango en el constituyente de 1856 e impulsó la libertad religiosa, a la cual, financiados por una poderosa jerarquía católica, muy poderosa, se opusieron los conservadores. Ahí empezó el pleito casado de Zarco contra éstos, y de paso atacó a los liberales moderados por su tibieza para no aprobar en aquel año la libertad de cultos que les quitaba exclusividad a los católicos. Propugnaba el Estado laico. Zarco fue duro en sus escritos publicados en El Demócrata, diario fundado por él mismo, que durante diecinueve años (de 1850 a 1869, año de su muerte, a los cuarenta) abordó preocupaciones legislativas y políticas, dureza que endilgó a los llamados “moderados” liberales, como el mismo presidente Ignacio Comonfort, quienes con su tibieza impidieron el avance de la recién elaborada Constitución de 1857, actitud que desembocó en la Guerra de los Tres Años o de Reforma. La facción moderada le tenía miedo a la aplicación del voto universal, la libertad de cultos –como ya apuntamos– y a la libertad de imprenta, pues consideraban que México no estaba preparado para asimilar y poner en operación esos principios. A esos moderados culpó siempre Francisco Zarco por la terrible guerra civil que se desató, además del grave retroceso político, social y económico, cuya “cereza del pastel” fue la “invitación” de los conservadores a Maximiliano para formar el Segundo Imperio.
Adelantado o vanguardista –cualidad de los prohombres a la que nos referimos al principio–, Zarco planteó como constituyente dos libertades: la manifestación de las ideas a través de escribir y publicar –esencia de los periódicos– que se consignaron en los artículos 13 y 14 de la Constitución de 1857 y que setenta años después quedarían como los artículos 6 y 7 de la Constitución de 1917, como la libertad de expresión y el derecho a la información. Político y periodista liberal; a Zarco le debemos tamaña contribución, pues él mismo padeció persecuciones, multas y suspensiones del diario del que era editor como experiencia personal y profesional, y a consecuencia de su radicalismo liberal.
 
SÁTIRA CORROSIVA
DE HILARIÓN
Aunque parece seudónimo o apodo, en realidad es el nombre de pila de Hilarión Frías y Soto, periodista que en el periódico El Diario del Hogar (en éste, años después, Madero ordenó que se publicara el Plan de Ayala, “para que la gente sepa lo que pide el loco de Zapata”, dicen que dijo el Presidente espiritista) desarrolló una sus cualidades más notables como escritor: la sátira corrosiva y el compromiso social con sus lectores, esos que nos faltan muchas veces. Hilarión –otro domingo anotaremos la etimología del nombre– nació en Querétaro, el 20 de octubre de 1831, y murió en Tacubaya el 2 de julio de 1905. Médico titulado, Hilarión se formó en el bando liberal y participó en la lucha armada de la Reforma contra la Intervención francesa y después de la derrota de Maximiliano y los conservadores fue diputado al Congreso de la Unión durante varios periodos constitucionales. Hilarión se dio tiempo para escribir en los periódicos de mayor circulación de la Ciudad de México, como El Siglo Diez y Nueve, donde fue redactor en jefe; La Orquesta, El Monitor Republicano, El Federalista y El Boletín Republicano. Inquieto y de pluma ágil para la crítica irónica, como político y periodista, Hilarión fue de inquebrantables ideas liberales y se convirtió en un gran polemista, muy leído por su lenguaje popular y burlón, pero también escribió artículos literarios, críticas de teatro, históricos, políticos y biográficos.
Las cuestiones son: ¿había periodistas cuando se creó el Estado de  Morelos, en 1869? ¿Los hubo antes de esos años? ¿Eran liberales o conservadores? Dejamos de tarea estas preguntas. A ver quiénes las responden, curiosos, avezados… ME LEEN MAÑANA.
 
jmperezduran@hotmail.com