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¿Y dónde está el policía?

El entorno de los últimos y muy lamentables sucesos de nota roja nacional nos obliga a reflexionar qué se podría mejorar y las incógnitas pueden ser varias ¿Dónde están las políticas de seguridad?, ¿dónde están los protocolos? y ¿dónde está el policía?

Al policía lo marca su diversidad, es notable entre los cuerpos policiacos la manera en la que cada corporación lleva su servicio a la comunidad; se anota lo anterior en virtud que un faltante en la relación ciudadanía-cuerpos policiacos, se llama “confianza” y el problema generalizado radica en un cimiento prejuicioso entre las partes. Esto no se logra de la noche a la mañana, pero urgen programas de reconciliación.

Hace una semana aquí se enunciaban aspectos concretos de política de seguridad como sugerencia para revertir el retroceso palpable en seguridad; abordar sucintamente el aspecto policial suma tan sólo un tópico de la hasta ahora ausente estrategia, hoy es obligado ubicar los faltantes en el desarrollo de nuestros policías debido a que el Mando Único no puede darse el lujo de repetir patrones con vicios añejos.

Vayamos al tema: no es nueva la insuficiente profesionalización, es un problema de primer orden que agrava la convivencia social, al ser los agentes policiacos la autoridad pública más cercana de la población, es innegable el sentir generalizado de la gente que reclama a los policías su nulo sentido de la ubicuidad en los momentos que se les necesita.

Los policías de Morelos (preventivo o de investigación) no tienen una carrera policial estructurada, es notoria la poca vinculación con la realidad en sus planes de formación, que añadido a la premura con la que sus superiores buscan ponerlos en ejercicio de su deber, es muy probable que estemos llevando a las calles a cuerpos de seguridad poco sólidos en su instrucción, poco comprometidos y con bajos salarios; sumamente vulnerables a torcer el buen camino.

Para el gobierno estatal será determinante ahora con el Mando Único romper inercias en los citados y subsecuentes componentes; el reto de fondo para la Nueva Visión es lograr que alcaldes, procurador, Secretaría de Seguridad y policías hagan un mayor esfuerzo de coordinación y comunicación, probado que hoy su acción desarticulada genera injusticias y sin justicia, no hay estrategia de seguridad pública que sirva.

Tracemos otra cuestión; la forma en la que el gobierno estatal le está haciendo frente a los fenómenos delictivos ¿Por qué el Gobernador asume el papel de policía? Esto complica por lo menos, dos aspectos: el primero es que no conoce los términos jurídico-procesales que obligadamente una investigación debe llevar y, lo segundo, es que el mensaje enviado a “la tropa” no fortalece la jerarquía y liderazgo que tanto el procurador o la Secretaría de Seguridad Pública deben demostrar en sus respectivas instituciones. La recomendación es que no por ser la inseguridad y violencia nuestro “Talón de Aquiles”, necesariamente deba salir el Gobernador a informar los móviles de un hecho delictivo; la premura, falta de elementos probatorios o una simple falla lingüística cambia la objetividad en una investigación y para evitarlo, se les paga a funcionarios de primer nivel que suponemos, tienen mayor experiencia en el campo jurídico-procesal y criminalístico.

Se reconoce la valentía del mandatario, pero hasta el más valiente necesita seguir protocolos, caso contrario, propicia otros daños colectivos: especulación y psicosis. La Nueva Visión debe huir de personalizar los fenómenos delictivos, les debe importar más la violencia dañina en el conglomerado social y tener claro que Morelos se ha dado instituciones las cuales hoy les corresponde dirigir, modernizar, conducir con legalidad y bajo las mejores políticas públicas, si les interesa una estrategia de seguridad sólida y con resultados.

guillermoamerena@hotmail.com
Twitter: @GAmerena