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¡Ah, qué señoras!

En la conquista, la Malinche;  en la Nueva España, brilló la figura de Sor Juana Ines de la Cruz; en la Independencia,   doña Josefa Ortiz de Dominguez y Leona Vicario; en la Reforma, Margarita Maza de Juárez; en la Revolución 1910/1920 surgieron los nombres de  bravías  mujeres: la Adelita, Valentina, la Rielera. En 1953, el Presidente  de la República Adolfo Ruiz Cortines  propuso el cambio constitucional a efecto de otorgar el derecho  a las mujeres mayores de 18 años para votar y ser votadas a puestos de elección popular. En los sesenta años transcurridos, han  sido electas presidentas municipales, diputadas locales, federales, senadoras,  gobernadoras  estatales, e incluso, candidata a la presidencia para el periodo 2012/2018, mostrando un magnífico desempeño en los cargos asignados. Sin duda que el talento y la sangre fría del  género femenino superan al masculino. Lo comprueba  el siguiente relato de un incidente vial: Enfilaban rumbo al norte dos encopetadas señoras por arriba del sesentón. Coche de lujo último modelo. Salían del conjunto de elegantes mansiones a orillas de la  pista. La operadora pisó el acelerador y en 10 segundos alcanzó 120  km/hora. De repente se le empareja una patrulla de la Federal de Caminos y la orilla. La señora que maneja pide a su compañera de asiento no hablar, no decir nada. Viene el siguiente diálogo: Señora (S).-  ¿Algún problema, oficial?  Patrullero ( P ).- Mi estimada señora,  manejaba  con exceso de velocidad,  ¿podría mostrarme su licencia, por favor? (S).- Con mucho gusto lo haría; resulta que no la tengo. (P).- ¿No tiene usted licencia? (S).- No; la perdí hace cuatro años, por manejar en estado de ebriedad. (P).- ¿Podría mostrarme entonces la tarjeta de circulación del coche? (S).-  No puedo hacer lo que me pide. Acabamos de robarnos este coche.  (P).-  ¿Se acaban de robar el coche? (S).- Lamentablemente tuvimos que matar al dueño para quitárselo. (P).- ¿Ustedes qué...? (S).- Hicimos varias partes de su cuerpo, colocándolas  en bolsas  de plástico en la cajuela... El patrullero  se aleja del coche; llama por  radio a compañeros pidiendo auxilio; en cosa de minutos, llegan tres patrullas más. El capitán (C) se acerca y les dice a ambas señoras: Por favor, bájense del coche con  manos en alto.  (S).- ¿Cuál es el problema, capitán? (C).- Mi patrullero me informa que ustedes robaron este coche y mataron al dueño. (S).- ¿Que matamos a su dueño? (C).- ¡Nos abre su cajuela! (S) abre la cajuela y la muestra vacía.  (C).- ¿Este coche es suyo? (S).- Aquí tiene la tarjeta de circulación. El patrullero se queda asombrado. (C).- Mi  patrullero dice que no tiene usted licencia de manejo. (S)  Busca en su bolsa de mano, la saca y  la  muestra. (C).- Gracias, señora; mi patrullero me dijo que no tenía licencia, había robado el coche, asesinado al dueño y despedazado su cuerpo en bolsas colocadas en la cajuela. (S).- Apuesto a que este patrullero mentiroso le dijo que también manejaba a exceso de velocidad... ¡Carambas!...  RECOMENDACIONES. Realmente es difícil sugerir algunas medidas prácticas para utilizarlas en un conficto femenino/ masculino, pero a riesgo de ser idealista, se sugieren las siguientes,     acudiendo al viejo paradigma bíblico referido a Dalila y a Sansón, procediendo a 1ª.- No alegar con señoras de cualquier edad, pues el diálogo se pierde definitivamente. 2ª.- Tenga  calma, guarde compostura, sonría volteando la mirada hacia el cielo. 3ª.- Si le llegara(n) a gritar, váyase  rapidito,  pues corre el serio peligro de que lo agarren  a bolsazos, patadas, mordidas y demás instrumentos ofensivos  de elevada destreza femenina. Huyo, si no, aquí quedo. De nada. Es cuanto.  

baldovinos@uaem.mx