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Vivir de lo amargo de la caña

Su trabajo no es nada dulce, al contrario, es amargo. Dependiendo si el jornalero es joven, puede ganar unos mil 200 pesos a la semana por seis días (72 horas) de trabajo, de lunes a sábado. Pero, si es “viejo”, la paga desciende a unos 600 o hasta 400 pesos, debido a que el productor paga cada tonelada o “puño” de caña (200 varas) a 3, 7 o 27 pesos, según familias de campesinos entrevistados.
Así es cada temporada de zafra (corte de caña) en Morelos. Al menos, así lo recuerda, Alberta Juárez, quien desde que tenía 14 años, ya sabía lo que era emigrar con su familia desde su natal Teloloapan, Guerrero, a los campos de cultivo morelenses.
Hoy, la mujer tiene 47 años de edad, pero su esposo, Ignacio, le gana con 8. Tiene 55 años y eso lo incluye en el grupo de zafradores que deben redoblar esfuerzos y pedirle a Dios que a su machete no le falte filo para cortar, de pocos tajos, las varas dulces.
“En la caña, si no cortan no sacan nada. No hay mucho dinero. A la semana vienen sacando 500, 600 o 700 pesos, según los puños que corten. Algunas veces lo pagan a 3 pesos. A veces se van desde las cinco de la mañana y a las dos o a las tres ya llegaron. Otros se van desde las ocho de la mañana y llegan a las ocho de la noche”, platica la mujer.
Ahí, dice que la mayoría de los campesinos decidieron emigrar de sus pueblos natales porque allá no hay trabajo. Sólo esperan a que termine el periodo de lluvias y concluya el desgrane de la mazorca para aguardar la llegada y aceptar la propuesta de los  “enganchadores”, quienes, con días de anticipación, arriban a los municipios marginados de entidades como Guerrero, Puebla o Oaxaca para reclutar familias.
Ya logrado el acuerdo, el convenio entre los productores y campesinos consiste en un empleo seguro durante el tiempo que dure la zafra. Y aunque no está muy bien remunerado, también tienen acceso a un espacio para su familia, servicios de salud y una escuela temporal para sus hijos.
Como si fuera una especie de sueño americano, cada año las familias de al menos 800 jornaleros, deciden abandonar sus pertenencias para aprovechar los 8 meses que dura el corte de la caña, de noviembre a mayo;  en ocasiones hasta junio.
Sin embargo, las condiciones de vida y laborales que enfrentan en Morelos no son tas distintas a las que ya conocen en sus lugares de origen.
En busca de una segunda oportunidad y como puedan, las familias de a veces hasta seis miembros, entre los niños y sus padres, buscan cómo acomodarse en los cuartos de las galeras que no superan las dimensiones de 4 x 8 metros, de la llamada “Unidad Habitacional Emiliano Zapata”, que se ubica a un costado de la carretera Tlaltizapán-Jojutla.
Todos viven en la misma condición. Durante el día, en los cuartos sólo hay mujeres y niños. Los jóvenes, adultos y ancianos no están, todos se fueron a la zafra.
Según el Plan de Producción Zafra del Ingenio de Emiliano Zapata, para la temporada 2012-2013, se tienen contemplados 191 días de trabajo en los que deben moler 1 millón 291 mil 671 toneladas de caña, con las que producirán 172 mil 438 toneladas de azúcar.
Así pasan las generaciones. En este año, se desarrolla la zafra número 76 en los ejidos de Tlaltizapán, Zacatepec y Cuautla. Pese a las condiciones precarias en las que habitan los jornaleros y sus familias, hasta el momento, las brigadas de la Secretaría de Salud descartan brotes de paludismo o dengue, debido a que el humo de los fogones en los que preparan los alimentos ahuyenta a los moscos transmisores.


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