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Viven ahora sus años dorados en el asilo ‘Las Palomas’

CUERNAVACA, MORELOS.- El asilo “Las Palomas” es un sitio que ayuda a personas de la tercera edad, fundado por la señora Soledad Ferreiro, mejor conocida  como “Cholita”.
La fundadora, hace más de 40 años, conoció a tres cargadores del mercado Adolfo López Mateos que eran ancianos y estaban desprotegidos; al darse cuenta de la situación, les dio asilo, comida y hospedaje en su domicilio.
Posteriormente, corrió el rumor de la obra benéfica y al transcurrir los días, 10 personas acudieron a la  casa de doña “Chole” para ser atendidos.
El domicilio donde se encuentra actualmente el asilo fue comprado al señor Jorge Salinas; primero lo rentaron a un bajo precio y  posteriormente fue comprado.
La ayuda para comida se conseguía mediante el apoyo de comerciantes del mercado, quienes en 1970 formaron el patronato de benefactores, los cuales contribuyeron para la compra y acondicionamiento del lugar.
Mediante el patronato, el asilo  sigue funcionando y recibiendo donaciones, atiende actualmente a 30 adultos mayores, proporciona atención médica, apoyo, limpieza, y hoy en día está a cargo de María de los Ángeles López.

Anécdota

Se van olvidados
Personal asegura que algunos ancianos son olvidados, incluso después de que mueren; para costear el sepelio, reciben un apoyo de 50 por ciento en el costo del funeral; irónicamente, algunos familiares se presentan después a recoger las cenizas.

‘Nadie tiene tiempo para mí’

Julio César Beltrán,  94 años

Cada 15 días, Julio César es visitado por su hijo; en su juventud se dedicó a trabajar como contador; con las frases “Todo por servir se acaba”, “hay que vivir cada momento” y “La razón es el sentido más útil”.
       César siempre ha vivido conforme a las etapas de la vida, consciente de cada una de ellas, sabe el motivo por los cual se encuentra en ese lugar, sus familiares tienen muchas cosas qué hacer y por eso que está allí; siempre hizo lo posible por ser y hacer feliz a los suyos, aunque sabe que las sorpresas del destino son grandes.

‘Sólo una hija es la que me visita’

Teresa Pantoja, 81 años

Teresa desde joven ayudó a su madre a las labores domésticas, tuvo 6 hijos, pero sólo una es la que aún la frecuenta y la cual se enteró de la existencia del asilo y la llevó allí.
Sin saber leer, Tere viajó por muchos lugares del país y del extranjero, los recuerdos más presentes que tiene es la estancia con sus padres y la vida con sus hijos.
En la actualidad se siente tranquila, y recuerda a sus hijos: “Los varones son más olvidados, las mujeres no, sólo una es la que me sigue frecuentando cada que puede”.

‘Los compañeros son mi familia’

Rosa García, 80 años

Rosita llegó al asilo mediante una amiga; al verla sola y desprotegida, decidió llevarla al lugar.
       La señora está muy agradecida con las personas que atienden el asilo, pues son generosas.
        Todos los días, Rosita sigue trabajando en una cocina económica en el centro de la Cuernavaca; tras preguntar por su familia, menciona que no tiene hijos o hermanos, está sola en esta vida y tiene solamente como compañeros a los integrantes del lugar, quienes ahora son una familia para ella.

‘Recuerdo mi época de actor’

Fernando Silva, 79 años

Fernando recuerda sus trabajos de juventud, la imprenta y su carrera de actor teatral son las memorias que tiene presente.
      Formó parte del grupo “Mascarones” y tuvo presentaciones en carpas y escenarios de la Ciudad de México.
     La obra de teatro que más recuerda es “Máquinas y burgueses”. Acostumbrado a realizar deporte, fue a correr al parque Melchor Ocampo y ahí se enteró de la existencia del asilo “Las Palomas”; tiene una hija que sabe donde se encuentra y la visita casa vez que es posible. 

‘Llegué aquí por un derrame’

María de Jesús Ibaja Santos, 67 años

María es originaria de Oaxaca. Desde muy pequeña llegó a Cuernavaca y trabajó en restaurante.
     Tras sufrir un derrame cerebral, por casualidad se entera de la existencia del asilo, que hoy es su hogar; “La mamá de quien era de mi patrona tiene Alzheimer y llegó aquí, cuando sufrí el derrame y quedé imposibilitada me dijeron que si quería venir a vivir a este lugar”.
       “Tengo dos hijas, una de ellas no sé dónde está y la otra tiene su vida hecha, decidí estar en este lugar , ahora este es mi hogar”, concluye.


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