Juan Pablo Flores es chef ejecutivo del Restaurante Escuela Zéfiro de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Estudió en la Academia Culinaria de Francia e hizo un entrenamiento culinario con Olivier Lombard durante tres años. Actualmente tiene 33 años de edad y nació un 26 de noviembre en el Distrito Federal.
El gusto por la cocina se dio porque, durante su niñez, la muchacha que trabajaba en su casa era la que hacía de comer y “sólo sabía hacer tres platillos: atún con mayonesa, carne asada y caldo de pollo; imagínate repetir esa comida durante todos los días. Así que cuando iba a comer a casa de alguno de mis compañeros, veía que sus mamás preparaban comidas diferentes y me llamó la atención empezar a crear cosas o platillos”. Juan Pablo estudió historia durante tres años y se dio cuenta de que esa no era la carrera que quería; su padre “dio el grito en el cielo” y, cuando supo que quería estudiar gastronomía, lo envió con Lombard para ver si tenía madera de cocinero.
“A veces para los hombres es difícil elegir esta carrera, porque existe el tabú de que es una profesión para mujeres. Es una carrera donde puedes experimentar, hay retos grandes y puedes aprender muchas cosas. Puedes estar dentro de la cocina como jefe o trapeando la cocina; la gastronomía tiene mucha demanda y se necesita una vocación verdadera, es una carrera de pasión; estás en contacto con la materia prima y todo lo haces con tus manos, trasformas con tus manos, así que debes hacer algo rico con la materia prima que tienes, debes tener entrega y optimismo”. Juan Pablo asegura que esta carrera le ha dado muchas satisfacciones, pero la mejor es que lo ha moldeado para ser un mejor ser humano, ha crecido profesionalmente, pero ser una mejor persona cada día es lo que lo hace mejor chef.
Estar a cargo de un restaurante importante y exitoso es una parte que le gusta mucho; sin embargo, dice que la responsabilidad también es mayor: “el cliente, cuando te visita por primera vez y se comió un filete de res con adobo de guajillo, si regresa, se debe comer el mismo filete y el sabor debe ser el mismo, por eso regresó. El restaurante es como una escuela, hay una mesa de las pruebas donde la directora, el chef pastelero y un servidor dan el visto bueno al platillo; y la jefa, cuando prueba, a veces me dice: ‘Hoy no vienes muy bien, está triste, algo te pasa’. Así que en este trabajo, a veces las emociones o nuestro estado de ánimo se ve reflejado en los platillos que preparamos. Así que debemos estar concentrados en lo que hacemos y no dejarnos llevar, para así darle la satisfacción que el cliente merece”
Más datos
Detalles:
Estudió en Francia.
¿Sabías que...?
Su sueño es ser feliz.
Predilectas
La trufa blanca es su ingrediente favorito.
La comida libanesa, por familia, es de susfavoritas
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