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Un domingo lleno de vida en la Plaza de Armas

Jard铆n Ju谩rez. Jueves y domingo, la gente se re煤ne para contagiar su alegr铆a y amor por el baile.

Por el lado en que se ingrese a la Plaza de Armas “General Emiliano Zapata Salazar”, en Cuernavaca, hay una fiesta; sobre todo si es domingo. Ambas manecillas del reloj coinciden en el número 12 cuando iniciamos el recorrido.
En el costado norte, los mariachis ofrecen sus servicios, no con la suerte que ellos quisieran, pero sí atrayendo  miradas de aprecio; a pesar de que uno que otro luce un tanto desgarbado, quizá por la hora.
El centro de la plaza poco a poco va luciendo pleno: familias lideradas por un señor o señora caminan atentas a lo que les rodea.
La estatua viviente de un supuesto minero, saturada de pintura gris metálica, no mueve un dedo hasta que una persona le tiende una moneda en la mano. El sol está llegando al cénit, y frente al reloj se preparan unos jóvenes que danzarán "break dance" a ritmo del género “break beat”. Sorprenden por su agilidad y fuerza: antes que bailarines, buenos atletas.
El tiempo pasa. Los comerciantes del puesto de taquitos acorazados se disponen a levantar sus arreos, mientras nuestras miradas y oídos son atraídos por la orquesta que, en lo alto del quiosco, interpreta melodías a ritmo de swing para que personas, la mayoría de edad adulta, bailen y esperen las 7 de la tarde.
“A las 7 empieza el danzón”, dice un señor de cabello cano, cubierto con un sombrero color hueso, cogiendo de la mano a su pareja.
En efecto, a las 7 se escuchan los acordes de una vieja canción del maestro Luis Arcaraz, “Viajera”, y los señores de la tercera edad se apresuran a mover los pies como unos avispados jóvenes.
La oscuridad nos empieza a envolver, y en la retirada nos encontramos en el lado oriente al payaso “Puchungazo del taco aguado”, ante una gran concurrencia que, al ver la cámara, posa junto con unos chiquillos voluntarios a su show, para más tarde tomar una bacinica de entre su bagaje y, con ella como charola, iniciar la recolección de dádivas; al notar que un señor se retira sin cooperar para la causa, le dice: ¿Por qué se lleva mi dinero? Cansados, pero contentos, así pasamos un domingo en Cuerna.


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