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Tijuana, ciudad fronteriza de la República Mexicana, ha tenido una historia por demás azarosa, empezando por el nombre, ya que historiadores, antropólogos, indigenistas y el pueblo en general no logran ponerse de acuerdo en las raíces que le dieron origen. Muchas son las versiones y ninguna ha logrado el rango de “verdad histórica”.
Fray Junípero Serra dio fe de su ubicación allá por el lejano 1769, y pasaron muchos años en que su enclave fue decisivo en las guerras, invasiones y escaramuzas habidas entre mexicanos y estadounidenses, dado lo irregular de los límites entre ambos países.
El hecho es que la ciudad se fue forjando básicamente con el fenómeno de la migración. Miles de personas encontraron el cobijo de esa tierra y el común denominador fue el arduo trabajo de esos pioneros. Sin embargo, el fenómeno del crecimiento trajo aparejado el problema de que no sólo llegó gente buena, y aunado a ello, la cercanía con la bahía de San Diego multiplicó los incidentes, prohijó la prostitución y desarrolló el consumo de drogas de las llamadas “duras”.
Los famosos “picaderos”, allá por los 80´s, eran antruchos insalubres donde los gringos comunes y los marinos destacamentados en San Diego cruzaban la línea para ir a TJ a recibir inyecciones de heroína y morfina. Lógicamente, el comercio alrededor de esta denigrante práctica no podría traer nada bueno a la comuna.
Posteriormente, Tijuana fue la primera ciudad de México donde se dio la lucha por la plaza entre bandas de narcotraficantes. A finales del siglo pasado, los muertos derivados de esta pelea se contabilizaban por decenas cada día.
Afortunadamente, el espíritu indomable de sus pobladores superó esa crisis, y hoy se respira una ambiente de trabajo y tranquilidad.
Gracias a ello, se pudo lograr el sueño de llevar el futbol profesional a ese lejano punto del país, y se materializó cuando la familia Hank Rhon invirtió en el equipo de los Xolos, para intentar ascenderlo a Primera División.
Ése fue, a mi entender, el primer acierto. Nadie duda del poder económico de estos hombres, y poco les hubiera costado hacerse de una franquicia, pero le hubiera faltado un ingrediente fundamental en la idiosincrasia de ese lugar: El arraigo.
Con todo y su generosa hospitalidad, no basta con llegar para ser tijuanense. Hay que aportar, jalar, luchar, sufrirla, para que los demás te vean como uno de ellos, como un verdadero coterráneo.
En año y medio, el equipo de la ciudad ha conseguido el campeonato de Ascenso, y ahora, de la mano de Antonio Mohamed, la máxima gloria a la que puede aspirar un cuadro en el máximo circuito.
La humildad, el esfuerzo y el trabajo conjunto de estos excepcionales futbolistas los tienen en el Olimpo futbolístico.
Enhorabuena, Tijuana, tierra de titanes, y hoy, de campeones.

“En año y medio, el equipo de la ciudad ha conseguido el campeonato de Ascenso, y ahora, de la mano de Antonio Mohamed, la máxima gloria.”

apbcarter_1@hotmail.com


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