En Cuernavaca, la diversión es variada: se puede disfrutar un café o una bebida de la mejor calidad y escuchar música: romántica, folklórica, un buen trío de jazz, para los amantes de este género, o definitivamente irse de parranda.
Alrededor de la Plaza de Armas está la terminal del tren eléctrico que hace diferentes recorridos turísticos por la ciudad.
Y no se puede pasar sin visitar la Plazuela del Zacate. Por la mañana, luce desolada, apenas unos cuantos trabajadores hacen sus trabajos de limpieza y abastecimiento; las sillas se van acomodando junto a las mesas; estudiantes pasan sin menor asomo, con indiferencia caminan desde la calle Galeana hasta el bulevar Benito Juárez, y viceversa.
Cuando el reloj marca las 14:00 horas, se pueden observar a algunas parejas y amigos sorbiendo con singular alegría una cerveza y mirando a los transeúntes, cual rey a sus súbditos.
Suenan las 19:00 horas, y el ambiente se caldea.
A la Plazuela del Zacate no se va a buscar un buen corte de carne o una pasta italiana. Lo que se busca es una bebida, de preferencia ligera; aunque sí ofrecen una hamburguesa de sirloin o rib eye steak.
Los negocios ofrecen el clásico 2X1 en cerveza, ya sea embotellada o en tarros de un litro.
Se puede ver a la señora o el señor que ofrecen botanitas, cigarros sueltos, dulces…los niños que extienden la mano en busca de una moneda, el bolero que promete dejar muy brilloso el calzado de los caballeros.
Y los alegres músicos que extienden su acordeón para invitar a escucharlos. Por ahí de las 10 de la noche, los parroquianos abarrotan la famosa Plazuela, sobre todo los días viernes y sábados, cuando podemos ver a personas de diferente nacionalidad.
Es la fama internacional que ha alcanzado la Plazuela del Zacate.
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