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Sor Juana sigue vigente

San Miguel Nepantla, Edomex.- “Avanzada para su época, pensadora genial, prosista única, espiritual (mas no religiosa), la mejor poetisa en lengua castellana de todos los tiempos, son sólo algunos calificativos que se han dicho de esta monja de la Orden Jerónima, que desafió con su ingenio a todo un sistema regido por hombres mucho muy menores que ella en inteligencia y sapiencia, con excepción de su mejor amigo, don Carlos de Sigüenza y Góngora, tal vez el hombre más culto de Hispanoamérica en aquella época”, aseguró la escritora y poeta, María Eugenia Leefmans, notable sorjuanista y autora de ocho libros sobre Sor Juana que han sido merecedores de ocho premios nacionales e internacionales; el último, el Premio Nacional para escritoras, Nelie Campobello, en 2010.
En  San Miguel Nepantla, donde presentó su libro titulado: “Fuera del Paraíso”, aseguró la escritora que la monja y poetisa, "decidida a no dejarse avasallar por críticas y envidias, consagró su vida a la tranquilidad de un convento para dedicarse por entero a su desarrollo intelectual, dado que por ser hija natural, le sería muy difícil concertar un matrimonio conveniente. Todo ello visto desde la óptica de una sociedad cerrada y prejuiciosa de la sociedad novohispana del siglo XVII”.  
La presentación de su libro ocurrió dentro del marco del III Simposio de los sorjuanistas, que se celebra anualmente en cada aniversario de su natalicio en este lugar ocurrido el 12 de noviembre de 1651, por cierto, unos autores aseguran que nació en 1648, los integrantes del Patronato del Centro Regional de Cultura Sor Juana Inés de la Cruz de Nepantla, A.C. dirigido por su presidente Carlos Arriaga Alarid, “mi enamoramiento por Sor Juana inició desde que la descubrí en la preparatoria a través de los magníficos maestros que tuve y desde entonces no cesa este enamoramiento por ella”, prestaron todo su apoyo para que este reportaje fuera posible y se pudieran sacar las fotos necesarias dentro de la Casa-Museo de Sor Juana, integrada a la Casa de Cultura de Nepantla.
A su vez, el escritor Roberto Reyes, autor de “Los enigmas de Sor Juana”, manifestó para DDM que sor Juana, de madre nacida en Yecapixtla, hoy Morelos, pasó su infancia entre Amecameca, Yecapixtla, Nepantla y Panoaya que pertenecían a la jurisdicción eclesiástica de Chimalhuacán, y que su abuelo materno, viendo el abandono con que sus nietas crecían de niñas, en Nepantla (donde vivían), se las llevó a su hacienda de Panoaya, ya que su padre, pocos días después del nacimiento de Juana Inés, su tercera hija, abandonó para siempre a su familia.
“La niña, jugando con los esclavos que su abuelo tenía para las labores de su hacienda, pronto habló en náhuatl. De inteligencia superior, desde los tres años aprendió a leer, su abuelo guió sus primeras lecturas y ya nada ni nadie detuvo su desarrollo intelectual que inició cuando descubrió la biblioteca familiar. A los 15 años, su madre, que se hace cargo de la hacienda cuando muere el abuelo, la envía a la Nueva España, primero a vivir con unos parientes, luego ingresa a la corte virreinal donde de inmediato destaca por su muy superior inteligencia. Sin embargo, en una sociedad prejuiciosa, su condición de hija natural le trae problemas y como no tenía vocación para el matrimonio, con ayuda de los virreyes, ingresa al convento, primero de las Carmelitas, pero enferma por dura vida monacal y siempre con ayuda de sus amigos de Palacio se cambia a la Orden de San Jerónimo, allí ya tenía un cuarto en dos pisos y sirvientas a su servicio, pero lo mejor, todo el tiempo para leer y escribir.
Pero el último año de Sor Juana fue terrible: “Agobiada por el retiro de los sacerdotes que conocía, la última virreina, cuando leyó parte de sus poemas se sintió ofendida y no volvió al convento de las Jerónimas, al cambio de sus anteriores benefactores y por una epidemia de peste terrible que mató a 9 monjas de cada 10 que caían enfermas, al cuidar a enfermos, ella también fue víctima del mal. El 17 de febrero de 1695, viéndola tan mal, la superiora le ordenó fuera a sus habitaciones, tenía Sor Juana 43 años de edad. Antes de reposar en su cama en la cual moriría pocas horas después, mojó la pluma en el tintero y escribió:
“…¿De dónde a mi tanto elogio, de dónde a mí encomio tanto, tanto pudo la distancia añadir a mi retrato? Yo no soy la que pensáis, si no es que allá me habéis dado otra vida en vuestras plumas y otro aliento en vuestros labios, y diversa de mi misma, en vuestras plumas ando”.
Al terminar, soltó la pluma y queda dormida sobre su brazo en un profundo sueño del que ya no se recuperó. Fue enterrada el mismo día en que murió, el lugar exacto se desconoce, asistió el cabildo entero de la Catedral y la oración fúnebre fue pronunciada por su amigo de toda la vida, Carlos Sigüenza y Góngora. Legó a su familia 180 volúmenes de obras selectas suyas, así como diversos objetos. Al Arzobispo de México, las imágenes, algunas de ellas del pintor Miguel Cabrera que tenía en sus aposentos del convento Jerónimo”, concluyó de narrar don Roberto Reyes.
 
Correo de la autora: lyagquintanilla@hotmail.com


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