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Son héroes anónimos

Son una especie de héroes anónimos. A diario, trabajan jornadas de 12 horas y hasta más, en distintos horarios: de 5 de la mañana a 3 de la tarde, o desde las 8:00 horas, con los rayos del sol a cuestas, hasta que el cuerpo aguante. “Hay días que el camión se los lleva antes de las ocho de la mañana y los regresa a las ocho de la noche”, platica una dedicada esposa.
Las vestimentas son similares: algunos visten camisa, pantalón y zapatos. Otros calzan huaraches, un sombrero de paja y dos pañuelos (uno amarrado al cuello y otro sobre la cabeza). Sin embargo, nada importa, al fin, tras la jornada, todos son iguales: las cenizas y el tizne cubren de un oscuro intenso todo su cuerpo.
Caída la noche, el retorno a las galeras en las que viven hacinados, se asemeja al arribo de un buque al puerto donde las familias reciben a sus marineros, a aquellos soldados que regresan de un campo de batalla.
En distintas unidades habitacionales, los zafradores descienden de los camiones que durante el día transportaron hasta 30 toneladas de caña al Ingenio Emiliano Zapata, de Zacatepec. Parece el final de una historia, pero es sólo un día más de trabajo.
Al siguiente día, el fenómeno indica que la zafra comenzó: a lo lejos, sobre el cielo se aprecian líneas de humo blancas, grises y negras que se elevan sobre los cañaverales, donde desde las seis o siete de la mañana los campesinos iniciaron el incendio a fin de eliminar las hojas que le quedan a los tallos.
También, para alejar a toda aquella fauna nociva (serpientes, alacranes, arañas) que representa un peligro para ellos. La capa de cera que tienen los tallos de la caña, protege a la planta del fuego y facilita a los zafradores el corte de las varas dulces.
El machete, que se vuelve extensión del brazo de los campesinos, es una hoja de acero de aproximadamente medio metro de longitud por unos 13 centímetros de ancho. “Es un infierno” el calor que deben soportar al perderse entre los surcos y las cenizas de las cañas que los aguardan.
El olor que flota en el aire sobre el perímetro de la quema es dulce. Es un aroma que se confunde entre la miel y azúcar quemada. Desde hace 76 años, así son todos los días  que dura el corte de caña en Zacatepec, Tlaltizapán y Cuautla, por mencionar algunos.
Aunque las condiciones de vida y la paga no es lo que los campesinos desearían, es casi un hecho que sin el trabajo y la fuerza de los zafradores que provienen de pueblos marginados, que están acostumbrados a curtirse bajo el sol, no sería posible el corte de la caña.


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