Siguenos en
    

Preso con Caro Quintero

Al llegar al Reclusorio Norte del DF, al “Moro”  lo pasaron de inmediato al dormitorio de máxima seguridad, como las autoridades del penal hacen con todos los “personajes” del hampa. Ahí le tocó convivir con su tocayo Rafael Caro Quintero, quien en más de una ocasión aseguró que él pagaría la deuda externa de México si lo dejaban “trabajar” en el tráfico de drogas.
“No, mi hermano —relató ‘El Moro’— con Caro Quintero había fiesta todos los días en ‘máxima seguridad’, había coca a puños y mi tocayo movía todo el penal, él era la verdadera autoridad, y yo esperaba recobrar mi libertad con su poderío y apoyo”.
Pero, repuse, si eras inocente, por qué anduviste a salto de mata, huyendo de un lado a otro, gastando mucho dinero que... ¿de dónde salió? ¿Acaso del pago por el asesinato de Buendía?
Respondió: “Yo era agente de la DFS (Dirección Federal de Seguridad), y sé como trabaja la policía; si me entregaba me iban a cargar algún crimen más, yo fui un chivo expiatorio. Y del dinero, nunca necesité ganar por algo así, toda mi familia ha sido de gran solvencia económica. ¿Sabes quién era Rómulo O’ Farril?, pues también era de mi familia, él era mi tío, casado con mi tía Hilda, hija de mi abuelo Maximino Ávila Camacho. Hubiera bastado con que yo extendiera la mano para que mi tío, hijo del fundador de Televisa y del periódico Novedades, me diera lo que yo quisiera”.
¿Y por qué, con todo su poder, don Rómulo no intercedió para que se te hiciera un juicio justo?, volví a preguntar; se murió dejándote en la cárcel. “La cosa venía de muy arriba, de parte de Miguel de la Madrid, quien era el presidente de la República”.
¿Crees que él haya sido el asesino intelectual? “Pues quien más, pero mejor no hablo más, de cualquier manera ya me agarraron de su chivo, condenado a 25 años; si hay justicia, que me den mi libertad cuanto antes”.
En el Reclusorio sus coacusados, Carmona y Prado, como eran conocidos en el penal los señores, y él  instalaron su pequeño imperio. Cada uno compró una tienda de las que existen en la parte alta o baja de cada dormitorio, que equivalió a una inversión de aproximadamente 30 mil pesos, pero que mensualmente redituaría una cantidad de unos 5 mil pesos. Los tres tipos eran respetados; en la cárcel todos saben quién es quién y por qué llegan como llegan; lo que no saben, lo preguntan a los custodios que son las fuentes más fidedignas y, por supuesto, los más comunicadores. Bastará con extenderles unas monedas en su mano para que te digan hasta de qué se van a morir los susodichos.
“El Moro” tenía empacadas sus pertenencias para moverse a población.
“Tengo el mejor equipo para tocar, y formé un grupo de rock con material original, compré puro ‘Marshall’”.
¿Y el dinero de dónde salió?, ese equipo es carísimo, le inquirí sarcásticamente. “¡Soy estúpidamente millonario!, y no te voy a dar explicaciones, ¿ok?”. Mandó a su esposa Armida, una modelo del estado de Tamaulipas, a que le comprara ese equipo de sonido para formar su grupo de rock. Cuando llegó a población, sólo él sabe cómo se las ingenió para instalarse en un salón del auditorio y dar clases de música; 10 años después de iniciar su condena, nació su hija Janis, concebida en prisión.


De quien carajos habla este "reportaje"... solo se que alguien estaba con Rafa... no se m谩s.

COMENTARIOS