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Pone cruz a la falta de castigo

CUERNAVACA, MORELOS.- “El Señor no nos pide que dejemos impunes los delitos, mucho menos que convirtamos la ley en una mera protección de los asesinos, como ya está ocurriendo; lo que nos pide es que no añadamos leña al fuego”, declaró el Obispo de Cuernavaca Ramón Castro Castro durante su homilía.
Ayer, en la misa dominical, monseñor Castro Castro lanzó un llamado a dejar a un lado el odio, el reconcor y malos sentimientos pues estos solo dañan nuestro camino hacia una vida plena que debe guiarse a través del amor.
El Obispo aseguró que en la actualidad el odio va creciendo; “echándole leña al fuego y la hoguera nos consume a todos y todos nos quemamos, esto es una espiral de odio, en lugar de ser una espiral de amor y de perdón”.
Agregó: “Esto es lo que tanto vemos en nuestra sociedad, de ahí la importancia de la invitación a ser santos, ser perfectos. Dios, a través del Bautizo, la Confirmación y la Eucaristía, nos ha dado los medios que necesitamos para recorrer el camino mediante el amor. Quien lo haga vivirá una vida plena, feliz y en paz”.
El prelado lamentó que existan muchas familias divididas, a pesar de llevar la misma sangre, hijos que dejan de hablar con sus padres y hermanos porque no son capaces de sacar de su corazón el sentimiento de odio, también con los vecinos o con quienes piensan diferente a nosotros, se llega a tener un sentimiento de odio.
Por ello, el Obispo exhortó a los cristianos a seguir el ejemplo de Dios; “aunque nosotros estamos sometidos a una condición débil de seres humanos imperfectos, pero hay que considerar que Dios nos conoce y sabe cuál es nuestra fragilidad humana porque vivió con nosotros 33 años, él sabe lo que significa y aún así nos sigue convocando a vivir el amor como él lo vivió, por lo tanto, es posible para llegar al camino de la plenitud”.
Monseñor Castro Castro pidió actuar como hijos de Dios y no del hombre; “ni siquiera hay que tener el deseo de la venganza, debemos tener consciencia de que nos hace mal. Jesucristo desea que nos parezcamos a nuestro padre Dios quien no distingue malos ni buenos”.
 


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