No sabían que estaban muertos. Eran ya las seis de la tarde y las familias de los hermanos Ceferino y Rodrigo Luna Martínez y del menor Víctor Alexis pensaban que sus seres queridos pedaleaban sus tres bicicletas de regreso a casa después de un día de trabajo pero nunca volvieron;
en su carrera sin sentido, un ex servidor público del Gobierno del Estado que conducía su automóvil en estado de ebriedad los atropelló y los privó de la vida.
En medio del duelo, sus familiares recuerdan a sus deudos y platican su historia en exclusiva a DDM: “La primera que se enteró fue mi nuera. Cuando le dieron la noticia se fue para atrás y casi se desmaya. Le llamaron de la procuraduría y le preguntaron que si era mamá de un niño con la descripción de Alexis. Ella contestó que sí, y le dijeron: ´tiene que venir porque su hijo está muerto´”
La noticia fue un balde de agua fría. Pero las malas noticias irían en aumento. En las mesas del Servicio Médico Forense, a un costado del pequeño, yacían los cuerpos de sus tíos Rodrigo y Ceferino. Fue hasta ese momento que sus familiares supieron de su deceso. No sabían nada de ellos desde que salieron de sus hogares, a las ocho de la mañana.
Al momento de su muerte, ninguno de los fallecidos portaba identificación. El teléfono de sus familiares se supo gracias a que estaba escrito detrás de una estampilla de la Virgen de Guadalupe que uno de ellos traía en el bolsillo del pantalón.
Ceferino y Rodrigo eran inseparables, desde hace 22 años se dedicaban a la jardinería. Su medio de transporte siempre fue su bicicleta. Según sus parientes, siempre se trasladan en sus caballos de acero a cualquier lugar donde necesitaran de sus servicios; nunca habían sufrido un accidente.
“Ellos siempre andaban en bicicleta. No tenían un patrón fijo. Les ofrecían trabajo en Emiliano Zapata, en Xochitepec, Tezoyuca o Chiconcuac y siempre se iban en su bicicleta; ya estaban acostumbrados, pero esta vez les tocó la de malas. Nunca habían tenido un accidente, fue el primero, pero ya no lo contaron”.
Los dolientes ven difícil superar la tragedia. Alexis estudiaba el sexto año de primaria y en unos días se iba a graduar. Sus padres tenían todo listo. Ese fin de semana el pequeño acompañó a sus tíos para ayudarles y ganarse unos pesos. Sin embargo, el luto cortó su vida y sus aspiraciones. Como última despedida, lo vistieron con el traje que portaría el día de su graduación.
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