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Peralta nos hace soñar

Natal.- México logró sobreponerse a fallas arbitrales imperdonables y con garra, pero sobre todo buen futbol, debutó con el pie derecho en Brasil 2014 al derrotar 1-0 a Camerún, en juego disputado en el Estadio das Dunas.
No importaron las adversidades y prácticamente tener que jugar contra 13, ese deseo por trascender hizo al Tri sobreponerse a un pésimo arbitraje del colombiano Wilmar Roldán y de sus asistente Humberto Clavijo.
El técnico croata Niko Kovac afirmó, tras perder ante Brasil por fallas del silbante, que los problemas de arbitraje debían ser resueltos porque si no la competencia iba a ser un circo.
Ese “circo” abrió una nueva pista en Natal, donde la principal protagonista fue la tripleta colombiana, que en los primeros 45 minutos le “robó” 2 goles a México.
El mejor funcionamiento del Tri se vio reflejado en la cancha al 11’, en un balón por derecha al área, donde Giovani dos Santos, de volea, no perdonó; sin embargo, el asistente Clavijo “se sacó de la manga” un fuera de lugar inexistente.
Lo poco que ofreció Camerún se dio por la banda de la izquierda, en un gran desborde de Assou Ekotto, quien se llevó la marca de Paul Aguilar y “Maza”Rodríguez, para enviar un centro que Samuel Eto’o remató al poste.
Previo a un nuevo error arbitral, el juez central le perdonó un penal a Héctor Moreno, quien empujó a Eric Choupo. Sin embargo, Clavijo se la cobró a México al señalar otro fuera de lugar inexistente en un tiro de esquina, cuando Gio ya había rematado al fondo de las redes.
En arranque del complemento, “Gio” habilitó perfecto a Oribe Peralta, quien se paró frente al portero, sin embargo, no supo definir y estrelló su remate en el guardameta.
Al 61’, México registró en la pizarra su mejor futbol sin que el arbitraje interviniera, en una gran jugada de Héctor Herrera, quien filtró para Giovani, éste sacó un disparo raso, el portero tapó, pero el rebote le quedó a Oribe y éste la empujó para hacer estallar el estadio.
La recta final fue de un acoso de Camerún y cerca estuvieron del empate en un cabezazo franco de Benjamin Moukandjo que hizo a Ochoa volar cuan largo es para tomar con las dos manos el esférico y ahí firmar un triunfo merecido, que debió haber sido por una mayor diferencia.


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