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Peligran y no hay opciones

En el precipicio. Las intensas lluvias y el paso del tiempo han ido erosionando las paredes de la mina, acercando las viviendas al borde de las mismas.

CUERNAVACA, MORELOS.- El pasado 6 de julio, 400 metros cúbicos de arena y piedras se desgajaron de una mina, en la calle Apantzingán, de la colonia Lázaro Cárdenas. Ese día, la suerte le sonrió a dos familias: se salvaron de morir aplastadas por el alud, puesto que el material rocoso cayó a escasos metros de sus viviendas.
Poco más de un mes después, las intensas y atípicas lluvias provocaron un nuevo reblandecimiento de la tierra: esta vez, elementos de Protección Civil reportaron que fueron unos 100 metros cúbicos de tierra los retirados; además, una barda construida en la cima del paredón colapsó; la suerte volvió a sonreírle a los vecinos de la Lázaro Cárdenas.
Los enormes bloques de piedra destruyeron gran parte de dos casas, además de un automóvil, pero en ninguno de los deslaves hubo víctimas mortales.
Hoy, el peligro persiste para varias familias, ya que, acusaron los residentes de la parte baja, con sus construcciones, los vecinos de la parte alta han taponado el cauce del agua que escurre, lo que, aunado a las intensas lluvias que han azotado al territorio morelense, han acelerado el reblandecimiento de la tierra; de tal modo, es muy probable que la mina siga desgajándose.
Los trabajos realizados por los elementos de Protección Civil consistieron en tirar árboles que pudiesen echar raíces y provocar que las piedras siguieran desgajándose; las familias pusieron su granito de arena y apoyaron con comida y agua.
Una vez terminados los trabajos, el personal de PC acudió con cada una de las familias para advirtirles del riesgo que aún corren; sin embargo, sólo una familia (una madre con sus dos hijos) abandonó el lugar por el miedo a que su casa se cayera.

‘NO ES TAN FÁCIL IRSE’
¿Por qué las familias, cuyas casas son las más vulnerables, no siguen el ejemplo de la mujer?
La señora Carmen Sánchez Mendoza, quien ha habitado en el lugar por más de una década, dice que, efectivamente, ella, su esposo y sus dos hijos viven con la preocupación y el miedo de que en cualquier momento la propiedad se venga abajo y con ella, sus vidas
Sin embargo, afirma que no cuentan con los recursos para ir a otro lado, ellos pagaron por los terrenos y ahora no saben a dónde ir; muchos partidos políticos o autoridades han dicho que les ayudarán, pero, hasta el momento, nadie ha hecho nada para brindarles, cuando menos, un albergue.
“A nosotros nadie nos advirtió antes del peligro, es difícil saber que vas a perder todo y no tienes ni a donde ir, nos sentimos olvidados”, lamenta doña Carmen.
“He escuchado a mis vecinitas decirle a su papá ‘Ya nos vamos a morir, ¿verdad?’, a lo que les responde que aún no, que algo harán”, relata la señora Mendoza, mientras su rostro adopta un aire de tristeza y resignación.
Ellos no son los únicos, el peligro mayor es para una casa en la que viven dos adultos mayores, cuyo único patrimonio es el techo que los cobija. Preocupada, doña Carmen pidió apoyo para la construcción de un muro y protección de las viviendas o que se les reubique, por lo menos a los señores mayores.
Si hubiera otro derrumbe, más cercano a su vivienda, ¿se irían? La respuesta, entrecortada, es una negativa; permanecerían en el lugar por falta de un sitio a donde ir.
La mujer sabe que está en juego su vida y la de su familia; no obstante, no contar con los recursos para dejar su casa la hace responder con un lacónico: “¿Y a dónde nos vamos?”.


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