El titular de la Secretaría de Protección y Auxilio Ciudadano (SPyAC), Guillermo Barclay Arce, dijo que ante la falta de recursos que vive la comuna capitalina, las tarjetas descompuestas que hacen operar los semáforos de la ciudad no se han adquirido por su alto costo, por lo que continuará el riesgo para automovilistas y peatones en distintos cruceros de la ciudad.
Pese a la promesa que había realizado el propio Barclay Arce, de que todos los semáforos iban a estar funcionando a más tardar el 15 de diciembre, ahora dependerá de que se encuentre una opción más económica, que sería mandarlas a reparar con un ingeniero local, pero esto no es un hecho hasta el momento.
Aunque en un informe preliminar, el titular de la SPyAC señaló que son cuatro aparatos los que no funcionan, se tiene conocimiento de que en realidad se trata de por lo menos 10 semáforos que han dejado de operar en distintos puntos de la ciudad, como Teopanzolco, Lomas de Cortés, Cantarranas y en el Centro de Cuernavaca.
“Son cuatro, ahora cinco, los que no están funcionando; pero estamos identificando algunas zonas de menor afluencia vehicular, para cambiar las tarjetas a otros cruceros con mayor carga y en donde es más necesario su funcionamiento”, dijo; aunque no especificó en qué lugares estaban considerando hacer los cambios.
Por otro lado, sobre la implementación del “programa del alcoholímetro”, el funcionario de seguridad señaló que se trata de un tema delicado, que merece una revisión a fondo para ponerlo en operación; por lo que su implementación, al menos en lo que resta del año, podría no ver la luz. Además, aún no se cuenta con la reglamentación respectiva.
Sin embargo, sí apuntó que ya se tiene establecida la multa correspondiente, que es de 4 mil 930 pesos; pero cuya aplicación dependerá de que se aplique el programa que ya se había anunciado para iniciar en el mes de diciembre, y que, al igual que la reparación de los semáforos, tendrán que esperar hasta el inicio de la administración municipal que encabezará el alcalde electo Jorge Morales Barud.
“Estamos viendo la posibilidad de mandar a reparar las tarjetas y no comprarlas nuevas, pues su precio está entre los 40 y 50 mil pesos”, indicó.
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