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Niega ‘El Moro’ ser asesino

Cuando llegó “El Moro” a población, gracias a sus relaciones y recomendaciones tanto del exterior como de las mismas autoridades carcelarias, se instaló en el auditorio y de inmediato puso una tienda donde vendía todo tipo de comestibles; pero prefirió eliminarla de sus necesidades primarias porque en esa miscelánea  le robaban más de lo que ganaba.
Juan Rafael Moro Ávila era amante de relatar sus historias; sus casi 10 películas de balazos y narcos como extra y en papeles secundarios le llenaban de orgullo; se las mostraba a cual más de sus compañeros internos, las ponía en su equipo especial para videos que tenía en su estudio para ensayar y preparar conciertos para la población.
Entre su equipo de sonido, muy potente  para tocar en conciertos al aire libre, contaba también con un estudio portátil para grabación, con el que registró algunas canciones originales creadas en prisión y que, por supuesto, hablaban de su estadía en el Reclusorio Norte; su grupo se llamaba “Asociación Delictuosa”. Con “El Moro” platicamos acerca de su familia, su tío abuelo Manuel Ávila Camacho, Presidente de la República, y su abuelo, el general Maximino, de los mismos apellidos, gobernador del estado de Puebla.
—¿Y qué tal era don Manuel?
—Los dos eran buena onda, me cae que sí veían  por el pueblo. Y lo defendían ante perros desgraciados como tú, jajaja —respondió.
—¿Por qué Juanito?
—Fíjate, una vez, en Puebla,  se hizo una manifestación bien pesada entre los trabajadores de la compañía de Luz y Fuerza del Centro; se juntaron varios centenares de trabajadores de la luz haciéndosela de jamón al Gobierno, y creo que eso puso de malas a mi abuelito Max. Entonces, que llega él personalmente hasta la manifestación y, muy calmado y tranquilo, les dice:
“‘A ver, arrímense para acá mis hijitos, díganme, ¿cuál es el problema?’ Los trabajadores de la compañía de luz le explicaron que eran tratados como peones y que el sueldo era peor. Mi abuelito les preguntó:
“‘Díganme, ¿quién es el líder y responsable de esta manifestación?’ Los trabajadores respondieron señalando a uno de todos. Entonces mi abuelito sacó su pistola y le disparó al líder  de los electricistas, y claro que cayó fulminado; ya sabes buey, muerto el perro, se acabó la rabia”.
—Oye Moro, entonces sí que tu abuelito era el hermano incómodo del presidente.
—Pero a veces hay que ser drástico, y mi abue era muy drástico.
—Juan, ¿le has pedido a Dios que te saque de prisión?
—¡No ma…! Dios no tiene tiempo de ver por desgraciados malandrines como yo y todos los perros malditos que aquí viven. Todos los idiotas llegan y le piden a Dios que los saque de la cárcel; y cuando andan allá afuera de ratas, le piden que no los atoren. ¿Tú crees que Dios los va a escuchar?, ¡por favor!
—Entonces, ¿reconoces que eres el asesino de Buendía?
—Yo no dije eso, soy malandrín, pero no asesino.
Juan Rafael Moro Ávila Camacho, salió de prisión el 19 de febrero de 2009, y para sacar todas sus pertenencias necesitó de un camión de carga.
Siempre pregonó su inocencia, pese a que nadie le creyó; para la sociedad fue culpable y, hasta nuestros días, sobre su persona recae la responsabilidad de la muerte de un periodista mexicano.


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