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Malabares en la calle

Todo comienza con una luz en rojo y una reverencia que abre el espectáculo más breve de todos: el del crucero. Bajo el cielo azul y un cálido sol, aspirantes a clows, magos y malabaristas nos muestran su suerte a cambio de unas monedas.
“Millo” es equilibrista, va por las calles con su monociclo al hombro buscando la esquina perfecta, aquella despejada de otros como él, generosa en automovilistas y en el tiempo que esperan los automovilistas hasta que les dé el siga. “A veces no dan nada, no entienden el trabajo que cuesta lo que hago”, comenta Millo. Para muchos artistas callejeros, la esencia de su oficio es lo que los mantiene entusiasmados con una vida errante y con múltiples posibilidades para expresar su noble arte.


Desgraciadamente los vaguillos que no quieren trabajar y menos apreder un oficio, que se dedican a limpiar parabrisas y sirven de halcones a grupos delictivos, generan tanta basura y suciedad en los cruceros que dan pena estos cruceros, llenos de envolturas de comida chatarra, papeles, agua sucia, ¡hasta cuando hara algo al respecto el municipio?

Sigan fomentando la mendicidad

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