Luto en la ciudad

Santos ha realizado una de las hazañas más importantes y espectaculares en la historia del futbol mexicano. La forma de remontar el marcador ante Tigres, cuando casi no quedaba nada en el reloj, quedará indeleble en la memoria de los aficionados e inscrita con letras doradas en los registros de nuestro balompié.


Lo malo es que ese agónico empate, gracias al talento y personalidad de Oribe Peralta, ha enlutado a toda una ciudad. En Monterrey y sus alrededores ya se frotaban las manos para albergar, por primera vez en su historia, una Final 100 por ciento regia y, pues, nada: metió la cola el diablo, le hizo un favor a su contraparte, el Santo, y, de esa manera, el club más exitoso en los últimos años, tomando en cuenta su frecuente invitación a disputar el título, se encuentra instalado en la antesala de la gloria.
En Monterrey, desde hace muchos años, maneja la escena periodística un personaje singular: don Roberto Hernández Jr., mejor conocido en el ámbito futbolero como don Robert.
Don Robert es polémico y, desde el micrófono en su emisión radiofónica, azuza la rivalidad entre los cuadros de la Sultana, y así como tiene adoradores, sus detractores se cuentan por legión, pero, eso sí, todos lo escuchan.
En días pasados, algunos amigos que viven en esa industriosa y maravillosa ciudad me contaban que este señor había manifestado su deseo de ver una Final regia para así poder morir tranquilo.
Además, parte importante de su arsenal lo dirige frecuentemente a La Laguna, exacerbando una rivalidad regional que a veces trasciende lo deportivo, por lo que digamos que amado, lo que se dice amado en Torreón, pues, la mera verdad, no es.
Ello motivó que las redes sociales se vieran inundadas de mensajes alusivos al supuesto deseo del periodista en cuestión, manifestando que por ellos se puede morir cuando quiera, ya que la gran Final tendrá actores diversos a los que externó en ésa, su última voluntad.
Ya hablando en serio, vaya clase de partido el que nos regalaron Santos y Tigres. El campeón demostró su clase y poderío y, por esas cosas raras de la vida y el futbol, no pudo redondear un marcador de escándalo. Las fallas de Damián Álvarez, Alan Pulido y la increíble de Lucas Lobos fueron tiñendo de drama la noche lagunera.
Los pupilos de Benjamín Galindo tuvieron la virtud de no dejar de luchar, de jamás dar un balón por perdido y de saber que el juego estaba a un gol de distancia. Nunca buscaron el segundo antes del primero y eso les dio la frialdad para intentar la hazaña.
Del lado de Tigres, increíble la desconcentración defensiva que les costó la eliminación. Tras el primer gol, “Tuca” Ferretti ordena el ingreso de otro defensa, la “Palmera” Rivas, para asegurar el triunfo y en el reacomodo le filtran el balón a Peralta, quién la empeinó con rabia para sentenciar el empate y el pase al partido grande.
Luto en Monterrey, y que don Robert nos viva muchos años.

pasion@diariodemorelos.com


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