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Los nombres de las calles de Cuernavaca

Durante la época colonial, las calles de nuestra ciudad conservaron algunos de los  nombres tlahuicas con los que se ubicaban parajes, avenidas y veredas de la antigua Cuauhnáhuac. Es el caso de la calle de Humboldt, que se llamó Tepantzingo (de Tepantli = muro, separación, límite, barrera; y Tzinco = expresión de diminutivo). La calle de Carlos Quaglia, en el Centro de la ciudad, se llamó Oacalco (en la casa de la culebra). La calle de Cuauhtemotzín, entre Leyva y Humboldt, se llamó Ahuehuetitla (Lugar de sabinos o ahuehuetes, pues seguramente ahí existieron algunos árboles de esta especie). La calle de Galeana, en la parte posterior del Palacio de Gobierno, se llamó Tlapala; Hidalgo, Oxtotonco; Callejón de la Borda, Chautengo; Arista, Atliyac, y así muchas otras.
Paulatinamente y con la evangelización, algunos nombres prehispánicos cambiaron a nombres de santos, como la calle de Morrow que se llamó San José; Leyva (de Motolinia a Bocanegra) se llamó Santo Cristo;  Galeana (de Motolinia a Cuauhtemotzín) se llamó San Francisco; San Miguel, la calle de Matamoros (entre Degollado y Guerrero) y otras calles llevaron nombres de otros santos como Santa Ana, San Juan y San Antonio.
Otras calles llevaron el nombre de la principal actividad que se realizaba en ese lugar, como es el caso de la calle de Los Carniceros, lugar en donde operaban este tipo de negocios, en la hoy calle de Las Casas (de la Plazuela del Zacate a Humboldt). También existió la calle de Curtidores que era Leyva (de Las Casas a Abasolo); así también contábamos con la calle de Las Lavanderas, del Mesón, del Molino, del Depósito, etc.; caso especial es la calle de la Plazuela del Zacate, llamada así debido a que en ese lugar se vendía el alimento para caballos y mulas, principal medio de transporte de esa época.
Otras calles adquirieron su nombre porque en ellas vivía determinado personaje, como es el caso de la calle de Las Chatas en Lerdo de Tejada; Los Ayalas que era la de Rayón (entre Comonfort y Galeana); así también teníamos la calle de Carmelo, la de los Mendoza, la del Amole, la de Carrillo y el callejón de Sedano.
Pocas calles llevaban el nombre de personajes famosos de nuestra historia, como fue el caso del callejón de Gómara, llamado así en honor a Francisco López de Gómara (1511-1566), uno de los cronistas de la Conquista de México, que nunca estuvo en América, pero que escribió en 1552 su “Historia General de las Indias y Conquista de México”, creada mediante las narraciones que le hizo el mismo Cortés y  otros conquistadores. Este angosto  callejón se encontraba entre el Palacio de Cortés y la calle de Las Casas, en lo que hoy es el boulevard Benito Juárez y aún se puede ver la placa de este lugar.
Otras calles llevaban el nombre de animales, como el callejón del Cordero (en Galeana, atrás de Palacio de Gobierno, antes se llamó Tlapala, como se comentó  anteriormente); la calle del Buey en Abasolo (entre Morelos y Álvaro Obregón); la del Cochino en Gutenberg  (entre Clavijero y Zarco) en donde hubo un incipiente matadero de cerdos.
Existieron también en nuestro Centro Histórico calles con nombres de plantas, como la calle del Limón que era Álvaro Obregón; la de los Rosales en Arista (entre Morelos y Guerrero) y de la Palma en un tramo de Galeana.
También se le dio nombre a las calles por los accidentes geográficos que existían en esas zonas como: calle de la Cañada o de la Barranca; o por la construcción que había en el lugar, como la calle del Puente de Amanalco, o como la calle del Arco, que fue la calle de Hidalgo por existir precisamente un arco frente al Palacio de Cortés o la calle del Cubo,  por la forma que tiene el muro que se encuentra en el costado norte del mismo Palacio.
  El destacado abogado, historiador y periodista Cecilio A. Robelo (1839-1916) propuso en 1881 el cambio de la nomenclatura a las calles de Cuernavaca, con la finalidad de enseñar a la población los nombres de los  héroes de nuestra historia, de científicos y de poetas, ya que la antigua nomenclatura había quedado obsoleta o había perdido su sentido original. Así pues, el decreto propuesto por Robelo fue publicado en el Correo de Morelos, el 13 de mayo de 1881.
Cabe señalar que nuestra ciudad no le ha hecho un digno homenaje a Cecilio A. Robelo, poniéndole su nombre a una calle, pues este célebre personaje tuvo una gran trascendencia en Morelos.
 


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