Tepoztlán, Mor.- En la Parroquia del Convento de la Natividad, en junio de 1966, se ofició por primera vez la llamada Misa Tepozteca, que luego del estreno de la Misa Panamericana en la Catedral de Cuernavaca –la Misa de Mariachis que se haría mundialmente famosa-, este poblado tuvo también su rito religioso de acuerdo a su cultura ancestral.
Fue el sacerdote canadiense Jean Marc Leclerc, el que a través de doctas investigaciones sobre las culturas originarias latinoamericanas hechas por él mismo y por otros investigadores del Cidoc, como el ya fallecido sacerdote Julio Torres, quien creó ambas misas: la Panamericana y la Tepozteca, entremezclando en esta última, aportes a la cultura ancestral de una moderna liturgia que se adelantó varios años, en Morelos, a la apertura litúrgica efectuada a partir del Concilio Vaticano II, promovido con gran entusiasmo por el papa Juan XXIII en 1962 con gran oposición del ala conservadora de la jerarquía romana. Desafortunadamente, a los 4 meses de iniciado el Concilio, a Juan XXIII le fue descubierto un cáncer fulminante que un par de meses después lo llevaría a la tumba. Pero el cambio ya había iniciado y nadie, ni Paulo VI elegido rápidamente, lo logró parar del todo.
“A su regreso de Roma, el entonces VII Obispo de Cuernavaca, don Sergio Méndez Arceo, lo hizo realmente motivado e inició distintos trabajos pastorales en la diócesis, uno de ellos fue la petición que le hizo al estudioso musicólogo Leclerc del Cidoc, de crear ambas misas”, refiere en un documento que me comparte, en exclusiva, don Fermín Bello, escrito y firmado hace 23 años por el entonces Pbro. del Convento, Agustín Benítez, ya fallecido. Cuando don Sergio regresa, “todos los sacerdotes tuvimos en Catedral, una reunión de estudio y don Sergio y Juan Marcos (Jean Marc), me hablaron, pues yo era el Párroco de Tepoztlán y me preguntaron que si era posible hacer otro estudio parecido al de la Misa Panamericana en Tepoztlán. Yo les dije que sí. Que aquí teníamos instrumentos autóctonos, señores y jóvenes con mucho ánimo y preparación musical y convenimos en empezar a la brevedad los trabajos. Al llegar Juan Marcos a Tepoztlán, había un grupo de jóvenes entusiastas que tenían un conjunto musical ‘Conjunto Roqueño’, dirigido por Alberto Gutiérrez y Fermín Bello. Juan Marcos acompañado por Fermín Bello comenzaron a visitar las casas de los posibles músicos.
“Fuimos al pueblo de Santa Catarina a la casa del joven Silvestre Portugal que tocaba la flauta de carrizo y así fuimos animando a los distintos músicos para integrarse y formar parte de la Misa Tepozteca. Les dijimos cómo comportarse, cómo presentarse ante el público durante la celebración y animados por los presentes, iban madurando la idea hasta que aceptaban con una sonrisa. Me acordé que en Quebrantadero, mi pueblo, tocaban muy bien el cuerno de res. Fuimos con Juan Marcos y Fermín Bello y aceptaron venir a Tepoztlán los jóvenes Miguel Sánchez, Policarpo Domínguez y Miguel Rosas que tocaban el cuerno, en grave y en agudo y se escuchaba muy sorprendente”, refiere el Pbro. Benítez en su escrito.
Y así comenzó el grupo con instrumentos como el teponaxtle, chirimía, tambor, cuernos de res –en grave y agudo-, jarro de barro sonoro, cascabeles de ayoyote tocados en las manos por cinco personas distintas, flauta de carrizo, conchas de dancero, bajo quinto, banyo, órgano de boca, acordeón, guitarras, guitarrón, quijada sonora, bote sonoro de cuerda y solistas. Que en aquel tiempo debió de haber sido impresionante con todos esos instrumentos y coros. Eran más de 50 participantes de todas edades y ambos sexos los que iniciaron. La gran mayoría ya no existe.
“Nos presentamos en distintos pueblos como Yecapixtla, Quebrantadero, en la Catedral de Cuernavaca, dos veces en la Basílica de Guadalupe. Incluso varios sacerdotes de otras parroquias estaban desorientados respecto a la Misa Tepozteca, pero poco a poco la fueron aceptando. La misa comienza con los toques solemnes prehispánicos, el cuerno, tocado dentro del recinto, resuena de manera impresionante y que es la ‘tremenda y majestuosa Marcha de Entrada’, sigue el ‘Señor Nuestro ten piedad’, ‘Por Jesucristo’ y sigue con cantos coloniales, luego con melodías actuales y termina de nuevo con música prehispánica, realmente puede llamarse Misa de las Tres Culturas”.
A casi 50 años de la puesta en marcha de esta misa, en Tepoztlán ya se ha integrado como parte de la identidad de sus habitantes. Con instrumentos prehispánicos, revela en entrevista don Fermín Bello Villamil, que a sus 74 años sigue formando parte importante del grupo, este ex presidente municipal (1997-2000) y ex presidente de Bienes Comunales (2007-2010), jamás ha dejado la música, sobre todo la religiosa y ancestral.
Explica don Fermín, a quien tengo el gusto de conocer desde que fue presidente municipal, que los cinco músicos que lo acompañan actualmente con guitarras y un bajo, entre otros instrumentos, son, además de don Fermín, quien toca el requinto en guitarra y la chirimía, hecha con madera de árbol de aguacate. “Sebastián Navarrete, que en cada marcha emite el majestuoso sonido del cuerno de res y toca el teponaxtle, Emilio Villamil Sedano, que hace sonar con las manos los cascabeles de ayoyotes; Humberto Ayala Cortés y Julio García Bizarro, ambos con la guitarra”.
Don Fermín suplió en la chirimía al músico Ángel Sandoval cuando éste a resultas de su edad avanzada, se quedó sordo. Se dieron cuenta sus compañeros y la feligresía de manera dramática, un día de misa, pues comenzó a tocar la chirimía a destiempo, sin escuchar, ni seguir a los demás músicos.
Cuando se les cuestiona si es difícil seguir el ritmo con el teponaxtle, don Fermín asegura: “¡Uy, es re fácil! El toque de este instrumento es universal. Mire usted –me dice-, se marcan las marchas con un solo redoble de dos sonidos: Hay que repetir bajito: tamáli, tamáli, tamáli y el otro compás es totónqui, totónqui, totónqui, que en náhuatl quiere decir tamal calientito. ¿Ve lo fácil que es, doña Lya?”, me pregunta. Yo sólo asiento encantada de escuchar tanto sonido maravilloso al afinar sus instrumentos en el atrio del Convento de la Natividad donde en su interior se efectúan las misas autóctonas tepoztecas el 8 de septiembre, día de la Virgen de la Natividad, el 1er. día de año, el 1er. domingo de cada año y cada primer domingo de mes.
De esta manera, con pleno respeto a sus costumbres, se les ofreció a los tepoztecos una misa que siguiera con sus tradiciones orales, históricas y mágicas que hablan de un dios, mágicamente sincretizado con las costumbres cristianas “y que a los tepoztecos que acuden a esas misas, les dice más que si escucharan cantos gregorianos que no entenderíamos en lo absoluto”, añade Bello Villamil. Hipertenso desde siempre, “un día sentí que me emborrachaba del juicio y cuando fui al médico, me dijo, su supuesta borrachera no es otra cosa que presión alta, y desde entonces me la trato con medicamentos”, asegura, “y ya me siento mejor”.
ALGO SOBRE TEPOZTLÁN
Pero para entender la importancia para Tepoztlán de tener su propia misa, se debe mirar al pasado. Es conocido por muchos que en Tepoztlán, convertido en destino del turismo nacional y extranjero, los tepoztecos y los llamados “tepostizos” han efectuado cambios notables en este Valle Sagrado, denominado así por el exégeta de Nostradamus, el peruano don Daniel Ruzo que dedicó parte importante de su vida adulta, a recorrer el mundo junto con su esposa Carola Cisneros, para identificar y estudiar distintos paisajes que catalogó como sagrados, por presumir que estuvieron labrados por humanidades anteriores a la nuestra, entre ellos está el Valle y Cordillera de Tepoztlán.
Centro del “new age mexicano”, centro de energía cristalina y hasta de lugar propicio para el avistamiento de ovnis, refugio de gurús, de acupunturistas, lugar propicio para retiros budistas o de limpias chamánicas y yoga de fin de semana, pero contrario a otros poblados indígenas del país que con tanto turismo han ido perdiendo su identidad, Tepoztlán en cambio ha conservado la suya propia. No sólo eso, sino los tepoztecos auténticos han sabido elegir entre las influencias foráneas, solamente las que no los haga perder su historia y tradiciones.
Es la vida ritual intensa que se manifiesta sobre todo en la estructura religiosa de sus barrios y colonias, lo que les ha permitido a sus habitantes mantener un sentido de tepozticidad y enfrentar con éxito las amenazas “fuereñas”.
Los tepoztecos se miran a sí mismos como oriundos de un pueblo originario, hoy mágico, y valoran en extremo su cultura, sus tradiciones orales que han pasado de generación en generación alimentadas por cronistas locales que se han apegado a lo largo de los siglos a sus muy particulares usos y costumbres lo que les ha permitido conservar su identidad netamente tepozteca, sin influencia externa alguna.
Correo: lyagquintanilla@hotmail.com
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