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La efigie sólo duró 27 años

El hijo del autor de la escultura, Eduardo Tamariz, concedió una entrevista exclusiva sobre el tema a Grupo Diario de Morelos.
CUERNAVACA, MORELOS.-  Lo ocurrido hace unas semanas a la escultura del Generalísimo José María Morelos y Pavón, elaborada en bronce, en 1985, por el Maestro Ernesto Tamariz, se ha tornado nota nacional por la indignación que ha generado entre propios y extraños: no sólo se trata del agravio a la figura fundante de nuestra entidad, terrible acto simbólico, se trata de una muestra fehaciente de la descomposición social que vivimos.

La enfermedad es mundial, la búsqueda en la red sobre el tema “vandalismo contra obras de arte” arroja más de 300 mil entradas, la siguiente es una de las investigaciones más sintéticas y representativas al respecto: (http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/10/121009_mark_rothko_obras_van...).
Comparto lo que en amena charla de sobremesa tratamos ayer el escultor Eduardo Tamariz, hijo de Ernesto Tamariz (1904-1988), autor de importantísimos monumentos cívicos ubicados en varias ciudades del país; Tely Duarte, curadora de la muestra que se le prepara al autor para este verano en el Museo Casa Estudio Diego Rivera (Ciudad de México); el también escultor Isaac Tamariz, nieto del autor, y Adriana Clemente, asistente curatorial, porque nos permite entender tanto el proceso creativo de la pieza que nos ocupa, como los trabajos que llevarán a su restitución en el lugar que es frontera simbólica de la entidad, tránsito mágico entre dos paisajes.   
“En 1986, al inaugurarse a pie de carretera la estatua dedicada al General Morelos, mi padre aseguraba que su obra estaba pensada para durar siglos, pero no le duró más que 27 años por lo sucedido a manos de estos bárbaros” --dice Eduardo Tamariz, quien firmó, junto con Artemio Silva y su padre, la pieza, en 1985--. La obra se restituirá, no se restaurará, porque el daño fue mayor y porque el armazón interior está oxidado. Hay aplastamientos irreparables por la caída y el arrastre de la pieza. El proceso de restauración sería complicadísimo y mucho más costoso. La obra monumental fue cortada con discos, y dado que no estaba bien anclada, el daño fue inmenso. Al final, sus 7 metros de altura sirvieron de palanca para derribarla, sin mucho esfuerzo, desde el plinto en el que reposaba. Este acto de vandalismo debió haberse hecho ocasionando mucho ruido, qué raro que nadie se dio cuenta”.
Ante el recuento de los daños, la pregunta de cuáles son los pasos a seguir llevan al maestro a declarar que el bronce que quedó, básicamente el del cuerpo del caballo, mucho más difícil de recortar, sí se va a reutilizar: “No se pueden trabajar las extremidades faltantes y pegárselas, se las arrancaron como a un pollo rostizado. Además está el hecho de que el material encoge durante las fundiciones y sería imposible empatar medidas y hacer que todo encajara sin que se notaran parches. La pieza es muy complicada, cuando la hicimos, tuvimos que hacerle una base giratoria especial para poder trabajarla, y estaba sostenida por tres piernas.
--¿Cómo era el proceso creativo de tu padre?
Al final, Tamariz trabajaba sin inspirarse en iconografía, ya había hecho varios Morelos (Ciudad Serdán, Puebla; Tenancingo y Toluca, Edo de México; Cuautla, Morelos; Unidad Eduardo Molina del Seguro Social, varios para logia masónica en la Ciudad de México, además de varios bustos).  Aunque he de decir que sí, en algún momento se basó para el rostro del general en unos retratos de Beethoven realizados por Emile Antoine Bourdelle, para un Morelos que le pidió el gobernador del Estado de México Alfredo Zárate Albarrán; por cierto, pariente del también escultor Luis Albarrán Pliego. Este Morelos lo realizó equiparando, de acuerdo a los ideales clásicos, belleza con bondad; aquí se trata claramente del ideal del héroe traducido a la forma.
MHN: ¿Qué nos puedes decir del otro Morelos que hizo para nuestro estado?
ET: El primer Morelos que hizo para el estado que lleva su nombre fue una figura sedente, la hizo en 33 o 34; luego esta pieza vine a encontrarla en otra parte de la ciudad, en casa de un doctor quien me enseñó un reportaje publicado en los días de su inauguración, documento que se verá en la muestra organizada por la maestra Monserrat Sánchez Soler, quien tuvo a bien recuperar para la historia del arte mexicano la obra de mi padre; pero este Morelos sentado ya no era la que había hecho él, ese en el que se sentaban los niños frente al Palacio de Gobierno. El que vi era ya, se trataba de una obra rehecha; lo único que quedaba del vaciado en concreto original, copiadas de las propias, como a veces hacemos los escultores. El rostro se veía duro.
Vale la pena aclarar que según el cronista Víctor Cinta, quien ha estado realizando interesantísimas y muy serias investigaciones al respecto, la pieza de la que habla Tamariz fue trasladada al Balneario Las Pilas, en Jonacatepec. El mismo Cinta llama la atención sobre el hecho de que además tenemos otra escultura perdida, se trata del Morelos que estaba en la carretera federal, antes del de Tamariz, del escultor Everardo Hernández, inaugurado en 1953 por el gobernador López de Nava.
MHN: Tely, ¿cómo va el guión curatorial de la muestra que preparas para el mes de julio?
La muestra se llamará “Épica y Gloria Monumental. Ernesto Tamariz, 1904-1988”, porque está muy claro el hecho de que fue un artista de importantes encargos. Realizó más de 40 obras monumentales, además de todas las que hizo para honrar a personajes históricos o recordar algunos hechos importantes. El guión incluye monumentos con visión de sitio, monumentos con proyección arquitectónica y urbanística, figuras ecuestres, los retratos de grandes humanistas como Platón.

"En 1986, al inaugurarse a pie de carretera la estatua dedicada al General Morelos, mi padre aseguraba que su obra estaba pensada para durar siglos.”  Eduardo Tamariz, hijo del escultor Ernesto Tamariz


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