Influencia de Lemercier e Illich en Don Sergio

Don Sergio Méndez Arceo pasó de obispo conservador a obispo liberal, y después se radicalizó, criticando los excesos del liberalismo salvaje y de la globalización.

Entendió como pocos el problema de la dependencia interna y externa de América Latina. En su primera etapa episcopal (1952-1962) se notó su cambio. No es fácil hablar de “rupturas” ni en su proceso personal ni en el de la Diócesis. Tardó mucho en cambiar la formación de los seminaristas, pues al llegar, aplicó rigurosamente las normas del Concilio de Trento –Concilio de la Contrarreforma, que era el tradicional--. Aún no vestía la sotana blanca que suavizaba su señorío.
“El pueblo de Morelos, tierra de Zapata, me ha cambiado”, dirá más tarde. Pero el cambio empezó con la remodelación de la Catedral de Cuernavaca. Al aceptar el proyecto del Arq. Gabriel Chávez de la Mora, monje benedictino, en 1957 se puso en el ojo del huracán, por ser obispo y por tratarse de la Catedral. El movimiento litúrgico nació en los conventos benedictinos, pero no había trascendido a las diócesis. Con la restauración de la Catedral, don Sergio se transformó de conservador a vanguardista. El hecho de destruir todos los altares  sin valor artístico por ser de yesería produjo conmoción en los católicos de la ciudad. Por eso, como narra Lya en su obra, “Los Volcanes de Cuernavaca”, recibió de los liturgistas europeos  gran homenaje en el Congreso de Arte Sacro, en la ciudad de Versalles (1960). El aplauso se le dio al primer obispo en el mundo que había comenzado el movimiento litúrgico en su diócesis con catecismo de piedra y bronce, textos bíblicos en original caligrafía, catedral adaptada para la participación activa de un pueblo comunitariamente orante, comprendiendo textos, actitudes y significados de la celebración.
El Dr. Iván Illich llegó de  Nueva York a Puerto Rico, y de ahí,  a Cuernavaca,  para instalar, previa aprobación del obispo Méndez Arceo, el Centro de Formación Intercultural (CIF), en el año 1961. Su primera actividad fueron cursos de español y de culturas latinoamericanas para misioneros que, por disposición del Papa Juan XXIII, debían sumarse, frente al riesgo del comunismo cubano y del protestantismo, a la evangelización de América Latina. Centro que se propuso inculturar a  los misioneros extranjeros  en las nuevas realidades a las que estaban destinados. La Diócesis de Cuernavaca  se benefició con la presencia del CIF, y después, del CIDOC. Los sacerdotes fuimos retroalimentados de teólogos y académicos liberadores; entre ellos, el pedagogo brasileño Paulo Freire, que además venían a visitar la renovación litúrgica de la Catedral y los centros de Iván Illich donde se valoraban las ciencias, fruto de la ilustración y modernidad como posibles mediaciones en la percepción de la pobreza masiva. i
 
Correo del autor:  lbucio@live.com.mx


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